sábado, 30 de noviembre de 2019

TOA - 1er Domingo de Adviento - Preparando la Venida - Mt 24, 37-44

Adviento en latín: adventus Redemptoris, significa 'venida del Redentor' El Adviento es un tiempo de profundo misterio, de expectativa, de espera. Todo comienza con un viaje que aunque obligado lo hacen José y María con esperanza y alegría. Aunque esperaban muchas dificultades se aferran con cariño a la promesa que el Arcángel Gabriel hizo a María. 

Is 2, 1-5 nos recuerda que la promesa de paz y prosperidad es una promesa del Dios de la Vida a todas las naciones, a todas las personas, a todas la raza. Esta promesa requiere de nuestra participación para lograrla, en vez de retraernos y refugiarnos en nuestras comodidades y seguridades. Para los que queremos escuchar al profeta, hay tanto que hacer y tan poco tiempo para hacerlo.

El Salmo 121 es un canto a las ansias de liberación y de paz de Israel. Es una injusticia que los perseguidos de ayer sean los perseguidores de ahora. La tierra del señor se ha vuelto en un lugar donde se planean masacres, asesisinatos, bombardeos y limpieza étnica.
No habrá paz en Israel hasta que ellos mismos dejen de ejercer violencia sobre su propia raza.

En Rom 13, 11-14, Pablo advertía a los Cristianos de Roma sobre la necesidad de estar preparado. Les decía que la venida del Mesías era y es siempre inminente, que está a la vuelta de cualquiera de nuestras esquinas, al alcance de nuestras vidas. Por eso, debemos revestir nuestras vidas con lo mejor que tenemos y somos.

En el Evangelio de Mateo 24, El Señor Jesús nos llama a estar preparados, vigilantes y listos. Todo esto sin dejar de ser amables, acogedores, solidarios y comprensivos con los otros. La espera no debe llevarnos al desinterés para con la vida de los otros sino debe sumergirnos en sus vidas, en sus penas alegrías, temores y gozos.  

Este primer domingo de Adviento hagamos una pausa y reflexionemos. Sabemos poco del evento real esa noche en Belén, pero lo suficiente como para saber que fue una ocasión de gran importancia. El Niño del establo crecería hasta la madurez, ese niño, es quien murió y resucitó, una señal para su pueblo, uno que ha sido reverenciado en la fe de los cristianos en los siglos posteriores.

Al decorar nuestros árboles, escribir nuestras tarjetas y envolver nuestros regalos, recordemos el duro viaje emprendido por una mujer joven y embarazada y de su esposo a través de las colinas abiertas de Palestina. El Viaje de José y María es como el de muchos Emigrantes de nuestros días. Son como las historias de familias de refugiados en tránsito que luchan por cuidar a niños pequeños o recién nacidos. Son historias de gente que vive  en las calles de nuestros países. Ellos son un recordatorio constante de la pobreza de nuestra propia sociedad acomodada y la indiferencia de la que el consumismo nos envuelve. 

Ese es el mismo viaje que hacen los Palestinos en su propio suelo, bombardeados y exterminados, sin lugar a donde escapar, o de los Imigrantes que escapan de la pobreza y mueren ahogados en un mar de indiferencias.

Que el Adviento nos toque el corazón y espíritu, que nos anime en el viaje que tenemos que hacer en solidaridad con los otros.

___________________________________________________________________________________________


Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano - 1er Domingo de Adviento TOA


Primera lectura: Is 2, 1-5
Visión de Isaías, hijo de Amós, acerca de Judá y Jerusalén:
En días futuros, el monte de la casa del Señor será elevado en la cima de los montes,
encumbrado sobre las montañas, y hacia él confluirán todas las naciones.

Acudirán pueblos numerosos, que dirán: “Vengan, subamos al monte del Señor,
a la casa del Dios de Jacob, para que él nos instruya en sus caminos
y podamos marchar por sus sendas.
Porque de Sión saldrá la ley, de Jerusalén, la palabra del Señor”.

Él será el árbitro de las naciones y el juez de pueblos numerosos.
De las espadas forjarán arados y de las lanzas, podaderas;
ya no alzará la espada pueblo contra pueblo, ya no se adiestrarán para la guerra.

¡Casa de Jacob, en marcha! Caminemos a la luz del Señor.
_______________________________________________

Salmo Responsorial: Salmo 121, 1-2. 4-5. 6-7. 8-9 (1)

¡Qué alegría sentí, cuando me dijeron: “Vayamos a la casa del Señor”!
Y hoy estamos aquí, Jerusalén, jubilosos, delante de tus puertas.
R. Vayamos con alegría al encuentro del Señor.

A ti, Jerusalén, suben las tribus, las tribus del Señor,
según lo que a Israel se le ha ordenado, para alabar el nombre del Señor.
R. Vayamos con alegría al encuentro del Señor.

Digan de todo corazón: “Jerusalén, que haya paz entre aquellos que te aman,
que haya paz dentro de tus murallas y que reine la paz en cada casa.”
R. Vayamos con alegría al encuentro del Señor.
Por el amor que tengo a mis hermanos, voy a decir: “La paz esté contigo”.
Y por la casa del Señor, mi Dios, pediré para ti todos los bienes.
R. Vayamos con alegría al encuentro del Señor.

_________________________________________________

Segunda lectura: Rom 13, 11-14a
Hermanos: Tomen en cuenta el momento en que vivimos. Ya es hora de que se despierten del sueño, porque ahora nuestra salvación está más cerca que cuando empezamos a creer. La noche está avanzada y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas y revistámonos con las armas de la luz.

Comportémonos honestamente, como se hace en pleno día. Nada de comilonas ni borracheras, nada de lujurias ni desenfrenos, nada de pleitos ni envidias. Revístanse más bien, de nuestro Señor Jesucristo y que el cuidado de su cuerpo no dé ocasión a los malos deseos.

___________________________________________________

Aclamación antes del Evangelio: Sal 84, 8
R. Aleluya, aleluya.
Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.
R. Aleluya.

____________________________________________________

Evangelio: Mt 24, 37-44
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: 
“Así como sucedió en tiempos de Noé, así también sucederá cuando venga el Hijo del hombre. Antes del diluvio, la gente comía, bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca. 
Y cuando menos lo esperaban, sobrevino el diluvio y se llevó a todos. 

Lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre. 
Entonces, de dos hombres que estén en el campo, uno será llevado y el otro será dejado; 
de dos mujeres que estén juntas moliendo trigo, una será tomada y la otra dejada.

Velen, pues, y estén preparados, porque no saben qué día va a venir su Señor. 

Tengan por cierto que si un padre de familia supiera a qué hora va a venir el ladrón, 
estaría vigilando y no dejaría que se le metiera por un boquete en su casa. 

También ustedes estén preparados, 
porque a la hora que menos lo piensen, vendrá el Hijo del hombre”.