lunes, 25 de mayo de 2020

TOA - Fiesta de Pentecostes - El espíritu da fruto - Jn 20, 19-23

Fiesta solemne de Pentecostés cincuenta días después de la Pascua. Fiesta del Espíritu Santo y comienzo de la misión de la Iglesia.

La imagen tradicional de la paloma con que se representa al Espíritu Santo se extrae de la escena del bautismo de Jesús.
En Latinoamérica, bien puede ser representado con el Colibrí, Picaflor o Chuparosas.  En Pentecostés celebramos la fiesta del Espíritu Santo.

Hay otras dos imágenes del Espíritu Santo en la lectura de hoy de los Hechos de los Apóstoles. Lucas dice que todos los que se reunieron en una habitación escucharon lo que sonó como un poderoso viento del cielo; continúa diciendo que les apareció algo que parecía lenguas de fuego. El Espíritu Santo es imposible de visualizar, porque el Espíritu no puede ser visto como tal. Sin embargo, el Espíritu Santo es profundamente real.

Muchas cosas del universo son reales aunque invisibles a simple vista. Lo que vemos con nuestros ojos es solo una fracción de nuestro mundo físico. El Espíritu Santo pertenece al mundo espiritual, y naturalmente no puede ver al Espíritu con nuestros ojos. San Pablo usa una imagen dibujada de la naturaleza cuando dice que el Espíritu da fruto. Se refiere al efecto visible del Espíritu en la vida de uno. Es posible que no podamos ver al Espíritu Santo, pero podemos ver el efecto del Espíritu en nuestra vida, así como no podemos ver el viento pero podemos ver el efecto del viento en las personas y los objetos de diversos tipos.

Pablo dice que dondequiera que encontremos amor, alegría, paz, paciencia, bondad, bondad, confianza, gentileza y dominio propio, el Espíritu está trabajando allí. El Espíritu se hace visible en y a través de estas cualidades y virtudes. Jesús tenía todas esas cualidades porque estaba lleno del Espíritu Santo, lleno de la vida de Dios.

En su carta a los romanos Pablo declara maravillosamente: "El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones a través del Espíritu Santo que nos ha sido dado". También indica en la segunda lectura de hoy (1 Cor) que el Espíritu está actuando en nuestras vidas, para hacernos más como Jesús. Las cosas buenas que hace la gente son todas manifestaciones del Espíritu de Dios. Lo espiritual no es algo de otro mundo; es la humanidad en su mejor momento.

En la historia de Pentecostés, la humanidad aparece en su mejor momento, unida y compartiendo sabiduría. Pentecostés trajo una maravillosa unión de personas de todo el Imperio Romano. Se unieron para admirar y alabar las maravillas de Dios. A pesar de las diferencias de idioma y cultura, hubo una verdadera comunión entre ellos.

Dondequiera que exista comunión de corazón y mente entre personas de diferentes orígenes, el Espíritu Santo está trabajando. La unidad en la diversidad es la marca del Espíritu.

Jesús señala otra manifestación del Espíritu: la búsqueda de la verdad.
Solo el Espíritu puede guiarnos a la verdad completa.
Si alguien busca realmente la verdad y participa en buenas obras con otros, allí está el Espíritu actuando.
La plenitud de la verdad y el amor siempre está más allá de nosotros;
pero el Espíritu es dado para guiarnos hacia la verdad y el amor completos, en toda su altura y profundidad.

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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano, Domingo de Pentecostés
Misa del día - Ciclo A

Primera lectura: Hch 2, 1-11
El día de Pentecostés, todos los discípulos estaban reunidos en un mismo lugar. 
De repente se oyó un gran ruido que venía del cielo, como cuando sopla un viento fuerte, 
que resonó por toda la casa donde se encontraban. 
Entonces aparecieron lenguas de fuego, que se distribuyeron y se posaron sobre ellos; 
se llenaron todos del Espíritu Santo y empezaron a hablar en otros idiomas, 
según el Espíritu los inducía a expresarse.

En esos días había en Jerusalén judíos devotos, venidos de todas partes del mundo. 
Al oír el ruido, acudieron en masa y quedaron desconcertados, 
porque cada uno los oía hablar en su propio idioma.

Atónitos y llenos de admiración, preguntaban: 
"¿No son galileos, todos estos que están hablando? ¿Cómo, pues, los oímos hablar en nuestra lengua nativa? 
Entre nosotros hay medos, partos y elamitas; otros vivimos en Mesopotamia, Judea, Capadocia, 
en el Ponto y en Asia, en Frigia y en Panfilia, en Egipto o en la zona de Libia que limita con Cirene. 
Algunos somos visitantes, venidos de Roma, judíos y prosélitos; también hay cretenses y árabes. 
Y sin embargo, cada quien los oye hablar de las maravillas de Dios en su propia lengua".

Salmo Responsorial: Salmo 103, 1ab y 24ac. 29bc-30. 31 y 34 (30)
Bendice, al Señor, alma mía; Señor y Dios mío, inmensa es su grandeza.
¡Qué numerosas son tus obras, Señor! La tierra está llena de tus creaturas.
R. Envía, Señor, tu Espíritu, a renovar la tierra. Aleluya.
Si retiras tu aliento, toda creatura muere y vuelve al polvo.
pero envías tu espíritu, que da vida, y renuevas el aspecto de la tierra.
R. Envía, Señor, tu Espíritu, a renovar la tierra. Aleluya.
Que Dios sea glorificado para siempre y se goce en sus creaturas.
Ojalá que le agraden mis palabras y yo me alegraré en el Señor.
R. Envía, Señor, tu Espíritu, a renovar la tierra. Aleluya.

Segunda Lectura: 1 Cor 12, 3b-7. 12-13
Hermanos: Nadie puede llamar a Jesús "Señor", si no es bajo la acción del Espíritu Santo.
Hay diferentes dones, pero el Espíritu es el mismo. 
Hay diferentes servicios, pero el Señor es el mismo. 
Hay diferentes actividades, pero Dios, que hace todo en todos, es el mismo. 
En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común.

Porque así como el cuerpo es uno y tiene muchos miembros y todos ellos, a pesar de ser muchos, forman un solo cuerpo, 
así también es Cristo. Porque todos nosotros, seamos judíos o no judíos, esclavos o libres, 
hemos sido bautizados en un mismo Espíritu para formar un solo cuerpo, y a todos se nos ha dado a beber del mismo Espíritu.

Secuencia

Ven, Dios Espíritu Santo,
y envíanos desde el cielo
tu luz, para iluminarnos.

Ven ya, padre de los pobres,
luz que penetra en las almas,
dador de todos los dones.

Fuente de todo consuelo,
amable huésped de alma,
paz en las horas de duelo.

Eres pausa en al trabajo;
brisa, en un clima de fuego;
consuelo, en medio del llanto.

Ven, luz santificadora,
y entra hasta el fondo del alma
de todos los que te adoran.

Sin tu inspiración
divina los hombres nada
podemos y el pecado nos domina.

Lava nuestras inmundicias,
fecunda nuestras desiertos
y cura nuestras heridas.

Doblega nuestra soberbia,
calienta nuestras frialdad,
endereza nuestras sendas.

Concede a aquellos que ponen
en ti su fe y su confianza
tus siete sagrados dones.

Danos virtudes y méritos,
danos una buena muerte
y contigo el gozo eterno.

Aclamación antes del Evangelio
R.
Aleluya, aleluya.
Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor.
R. Aleluya.

Evangelio: Jn 20, 19-23
Al anochecer del día de la resurrección, estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos, 
se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: "La paz esté con ustedes". 
Dicho esto, les mostró las manos y el costado.

Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría. De nuevo les dijo Jesús: 
"La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo".

Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: "Reciban el Espíritu Santo. 
A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; 
y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar".

sábado, 16 de mayo de 2020

TOA - 6to. Domingo de Pascua - Vivir El Sentido de lo Sagrado y el Cariño - Jn 14, 15-21

Algunas prácticas sociales de respeto y aprecio del pasado son ya  un recuerdo oscuro. Antes saludábamos a nuestros maestros y sacerdotes cuando los cruzábamos en la calle. A otros adultos los llamamos "Señor" o "Señora" y les mostrábamos respeto y cariño. Eran vigentes y normales la cortesías y los buenos modales. Todavía sobrevive la muestra de respeto por los muertos, cuando se para o inclina la cabeza al paso de un funeral. Ahora, la mayoría de estas hermosas costumbres se han ido, incluso el mundo de mi infancia que los valoraba tanto.

Muchas cortesías de antaño las eliminaron la influencia negativa de algunas películas de cine y la televisión, que vinculan la libertad a la informalidad. Muchos se deshacen de sus modales como de un abrigo. Esa informalidad frívola se da en todos los niveles e incluso en la iglesia. Parece que hemos perdido algunos de nuestros hábitos de reverencia. Lo que nos pide el Evangelio de Hoy, es regresar al respeto por el otro, al cariño y desarrollo de lo bueno para hacernos más buenos.

Jesús nos promete el Espíritu que nos llevará siempre de regreso a Él, que nos va a enseñar a ejercitar el amor y el respeto por el otro y a promover valores de vida y solidaridad comunitaria. Pareciera que hemos necesitado sufrie este terrible virus que nos aqueja hoy para redescubrir lo bueno que somos cuando nos ponemos a trabajar por y para los otros.

"Reverencia al Señor en tus corazones", dice San Pedro. Esta reverencia también debería llegar a todas nuestras otras relaciones. Si, por el contrario, se pierde la reverencia por Dios, ya nada es verdaderamente sagrado. Y, como una advertencia silenciosa a las personas involucradas en debates religiosos, Pedro nos insta a presentar nuestros argumentos "con cortesía y respeto", cualidades que faltan notablemente en la discusión de temas políticos y sociales en nuestros tiempo. La reverencia a Dios, el respeto y la cortesía hacia los demás son partes de la misma virtud. No todas las personas corteses son seguidores explícitos de Jesucristo, pero tampoco una persona descortés es un verdadero seguidor de su camino.
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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano - TOA - 6to. Domingo de Pascua

Primera lectura: Hch 8, 5-8. 14-17
En aquellos días, Felipe bajó a la ciudad de Samaria y predicaba allí a Cristo. 
La multitud escuchaba con atención lo que decía Felipe, 
porque habían oído hablar de los milagros que hacía y los estaban viendo: 
de muchos poseídos salían los espíritus inmundos, lanzando gritos,
y muchos paralíticos y lisiados quedaban curados. Esto despertó gran alegría en aquella ciudad.

Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén se enteraron de que Samaria
había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan.
Éstos, al llegar, oraron por los que se habían convertido, para que recibieran el Espíritu Santo, 
porque aún no lo habían recibido y solamente habían sido bautizados en el nombre del Señor Jesús. 
Entonces Pedro y Juan impusieron las manos sobre ellos, y ellos recibieron el Espíritu Santo.

Salmo Responsorial: Salmo 65, 1-3a. 4-5. 6-7a. 16 y 20 (1)
Que aclame al Señor toda la tierra. Celebremos su gloria y su poder,
cantemos un himno de alabanza, digamos al Señor: “Tu obra es admirable”.
R. Los obras del Señor son admirables.Aleluya.

Que se postre ante ti la tierra entera y celebre con cánticos tu nombre.
Admiremos las obras del Señor, los prodigios que ha hecho por los hombres.
R. Los obras del Señor son admirables.Aleluya.

El transformó el mar Rojo en tierra firme y los hizo cruzar el Jordán a pie enjuto.
Llenémonos por eso de gozo y gratitud: El Señor es eterno y poderoso.
R. Los obras del Señor son admirables.Aleluya.

Cuantos temen a Dios, vengan y escuchen, y les diré lo que ha hecho por mí.
Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica, ni me retiró su gracia.
R. Los obras del Señor son admirables.Aleluya.

Segunda lectura: 1 Ped 3, 15-18
Hermanos: Veneren en sus corazones a Cristo, el Señor, 
dispuestos siempre a dar, al que las pidiere, las razones de la esperanza de ustedes. 
Pero háganlo con sencillez y respeto y estando en paz con su conciencia. 
Así quedarán avergonzados los que denigran la conducta cristiana de ustedes, 
pues mejor es padecer haciendo el bien, si tal es la voluntad de Dios, que padecer haciendo el mal. 
Porque también Cristo murió, una sola vez y para siempre, por los pecados de los hombres; 
Él, el justo, por nosotros, los injustos, para llevarnos a Dios; murió en su cuerpo y resucitó glorificado.

Aclamación antes del Evangelio: Jn 14, 23
R.
Aleluya, aleluya.
El que me ama, cumplirá mi palabra, dice el Señor; y mi Padre lo amará y vendremos a él.
R. Aleluya.


Evangelio: Jn 14, 15-21
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: 
“Si me aman, cumplirán mis mandamientos; 
yo le rogaré al Padre y él les dará otro Paráclito 
para que esté siempre con ustedes, el Espíritu de la verdad. 
El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; 
ustedes, en cambio, sí lo conocen, porque habita entre ustedes 
y estará en ustedes.

No los dejaré desamparados, sino que volveré a ustedes.
Dentro de poco, el mundo no me verá más, pero ustedes sí me verán, porque yo permanezco vivo y ustedes también vivirán. 
En aquel día entenderán que yo estoy en mi Padre, 
ustedes en mí y yo en ustedes.

El que acepta mis mandamientos y los cumple, ése me ama. 
Al que me ama a mí, lo amará mi Padre, 
yo también lo amaré y me manifestaré a él”.


Oremos
Lleguen hasta ti, Señor,
nuestras oraciones junto con estas ofrendas,
para que, purificados por tu gracia,
recibamos el sacramento de tu inmensa bondad.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

TOA - 3er Domingo de Pascua, Un evangelio dentro del evangelio - Lucas 24,13-35


La historia de Emaús es como un evangelio dentro del evangelio.
Tiene mucho de lo que es fundamental para todo el mensaje cristiano que se utiliza a menudo como un resumen de lo que la vida cristiana se trata. Para estos dos discípulos en el camino de regreso a casa, todo había terminado. Durante los recientes años que les tocó vivir siguiendo a Jesús, sus vidas habían sido emocionantes, y ahora se sentían solo a la mitad de todo.

No sería justo culparlos de su desánimo y abatimiento porque en realidad no habían podido captar mucho de lo que Jesús había dicho cuando estuvo físicamente con ellos. Deberíamos simpatizar con ellos, porque también nosotros en gran parte olvidamos lo aprendido de Jesús o podemos haber dejado de tomar en serio las promesas del Señor. Él prometió que iba a estar allí a la vera del camino para nosotros, que nunca nos abandonaría en la tormenta, que iba a caminar cada paso del camino con nosotros, y que nos llevaría con seguridad a través del desierto y el Mar Rojo de la muerte hacia la Tierra Prometida del Padre.

En este encuentro con los dos discípulos de Emaús es que Jesús usó las Escrituras como su herramienta para iluminarlos. La Escritura es la palabra de Dios. Contiene las promesas del Señor, nos revela el corazón de Dios y nos pone en contacto con lo mucho que nos ama. Las palabras de la Escritura no son en absoluto como las palabras en nuestra vida diaria. La palabra de Dios tiene el poder como el de una corriente eléctrica inspirada y dirigida por Espíritu de Dios. 

A través de la palabra de Dios nos viene el poder para responder a ella y de ponerla en práctica. En el pasado, por varias razones, el estudio de las Escrituras no se acentuó ni apreció en los círculos católicos; se la veía más como una cosa de protestantes y su interpretación adecuada no era algo que se podia confiar a los laicos ordinarios. Gracias al Espíritu de Dios, esa tendencia se está revertiendo y es a la inversa. Esto es necesario como parte importante de todo el proceso de renovación de la iglesia.

En la narración de Emaús, es significativo que los discípulos reconocieron a Jesús al partir el pan. La fracción del pan entre amigos era un símbolo viviente de amistad y de pertenencia. ¿Qué había de especial en la forma en que Jesús partió el pan? Solo podemos aventurar una respuesta. Pudo haber sido el ambiente que flotaba del recuerdo de la donación de sí mismo el que les reveló quién era en realidad. Hubo un nivel de sinceridad, de entrega, de compartir, de lo sagrado que debe de haber sido único en Jesús. Esa forma de hacerlo debe haber sido algo que ellos ya habían experimentado en ocasiones anteriores. Este algo único tocó sus hambres más profundos, y el alimento ofrecido ya no era sólo una cosa física. Fue una comida que les obligaba a abrir sus bocas pero más que nada sus corazones para recibirlo.

La vida pues, es un viaje compuesto por muchos viajes. Es un maravilloso don del Espíritu de Dios el tener la sensación de estar acompañado en el viaje, de estar guiado por el Espíritu, de tener un sentido de dirección en la vida, de saber que lo vamos a encontrar a la vera del camino. La historia de Emaús nos ofrece un modelo a buscar y seguir para inspirer nuestra vida, nos ofrece un modelo de vida para el discípulo cristiano: si hacemos el viaje con los demás, compartiendo sus vidas, sus dificultades y gozos y nuestra fe en Cristo, él estará con nosotros y abrirá nuestras mentes a la verdad, del mismo modo que lo hizo con sus discípulos de Emaús. Si nos detenemos, guardamos silencio y lo escuchamos nos llevará a una comprensión más profunda. Hoy más que nunca es actual su promesa sigue: "Yo estoy con ustedes, siempre!" Todo esto sólo sera posible cuando personalmente diga ¡Si! Cuando abra mi mi corazón a los demás y a través de ellos quiera sentir la presencia y compañía del Señor. El dicho "Nunca caminarás solo cuando caminas con Dios" es una verdad importante. 

El verdadero pecado del cristiano no es tener esperanza. Hay que estar seguros que gracias a Jesús ya tenemos la victoria. Somos un pueblo levantado, un pueblo de poder, y un pueblo al que Jesús ha confiado toda la autoridad sobre todo el poder del maligno. Yo personalmente debo tomar posesión de lo que Jesús me ofrece y hace posible para mí. Una vez y otra vez y otra vez estoy invitado a repetir mi propio sí. El único sí que le interesa a Dios es mi sí personal. 


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Lecturas en lenguaje Latinoamericano - Tercer Domingo de Pascua, Ciclo A

Hechos de los apóstoles 2, 14. 22-33:No era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio 
El día de Pentecostés, Pedro, de pie con los Once, pidió atención y les dirigió la palabra: "Judíos y vecinos todos de Jerusalén, escuchen mis palabras y entérense bien de lo que pasa. Escúchenme, israelitas: Les hablo de Jesús Nazareno, el hombre que Dios acreditó ante ustedes realizando por su medio los milagros, signos y prodigios que conocen. Conforme al designio previsto y sancionado por Dios, se lo entregaron, y ustedes, por mano de paganos, lo mataron en una cruz. Pero Dios lo resucitó, rompiendo las ataduras de la muerte; no era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio, pues David dice, refiriéndose a él: "Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré. Por eso se me alegra el corazón, exulta mi lengua, y mi carne descansa esperanzada. Porque no me entregarás a la muerte ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción. Me has enseñado el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia." 

Hermanos, permítanme hablarles con franqueza: El patriarca David murió y lo enterraron, y conservamos su sepulcro hasta el día de hoy. Pero era profeta y sabía que Dios le había prometido con juramento sentar en su trono a un descendiente suyo; cuando dijo que "no lo entregaría a la muerte y que su carne no conocería la corrupción", hablaba previendo la resurrección del Mesías. Pues bien, Dios resucitó a este Jesús, y todos nosotros somos testigos. Ahora, exaltado por la diestra de Dios, ha recibido del Padre el Espíritu Santo que estaba prometido, y lo ha derramado. Esto es lo que están viendo y oyendo." 


Salmo responsorial: 15:
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti; 
yo digo al Señor: "Tú eres mi bien."
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa; mi suerte esta en tu mano.
R./ Señor, me enseñarás el sendero de la vida. 
Bendeciré al Señor, que me aconseja, 
hasta de noche me instruye internamente. 
Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré.
R./ Señor, me enseñarás el sendero de la vida. 
Por eso se me alegra el corazón, 
se gozan mis entrañas, y mi carne descansa serena. 
Porque no me entregarás a la muerte, 
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.
R./ Señor, me enseñarás el sendero de la vida. 
Me enseñarás el sendero de la vida, 
me saciarás de gozo en tu presencia, 
de alegría perpetua a tu derecha. 
R./ Señor, me enseñarás el sendero de la vida. 

1Pedro 1, 17-21: Los rescataron a precio de la sangre de Cristo, el Cordero sin defecto 
Queridos hermanos: Si llaman Padre al que juzga a cada uno, según sus obras, sin parcialidad, tomen en serio su proceder en esta vida. Ya saben con qué los rescataron de ese proceder inútil recibido de sus padres: no con bienes efímeros, con oro o plata, sino a precio de la sangre de Cristo, el Cordero sin defecto ni mancha, previsto antes de la creación del mundo y manifestado al final de los tiempos por nuestro bien. Por Cristo ustedes creen en Dios, que lo resucitó de entre los muertos y le dio gloria, y así han puesto en Dios su fe y su esperanza. 

Lucas 24,13-35: Lo reconocieron al partir el pan 
Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo. 

Él les dijo: "¿Qué conversación es esa que traen mientras van de camino?" Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replico: "¿Eres tú el único forastero en Jerusalén, que no sabes lo que ha pasado allí estos días?" Él les pregunto: "¿Qué?" 

Ellos le contestaron: "Lo de Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel. 

Y ya ves: hace dos días que sucedió esto. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado: pues fueron muy de mañana al sepulcro, no encontraron su cuerpo, e incluso vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que les habían dicho que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron." 

Entonces Jesús les dijo: "¡Qué necios y torpes son para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?" Y, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura. 

Ya cerca de la aldea donde iban, él hizo ademán de seguir adelante; pero ellos le apremiaron, diciendo: "Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída." Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció. Ellos comentaron: "¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?" Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: "Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón." Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

TOA - 2do. Domingo de Pascua - A los ocho días, llegó Jesús - Jn 20, 19-31

Hch 2, 42-47: Los creyentes vivían todos unidos y lo tenían todo en común
Salmo responsorial 117: Den gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia
1Pe 1, 3-9: Nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva
Jn 20, 19-31: A los ocho días, llegó Jesús

Si la resurrección de Jesús no tuviera como sentido final la re-creación del ser humano y de un nuevo orden, entonces la Resurrección de Jesús se quedaría como un asunto particular entre el Padre y su Hijo. Estamos convencidos que la resurrección de Jesús es la base y fundamento de la comunidad y el horizonte hacia el cual apunta toda la creación.

El evangelio de hoy y la primera lectura de Hechos, nos iluminan y guían para ver cuál es la dirección a seguir para alcanzar la meta y nos muestran los efectos inmediatos, reales y concretos de la Resurrección, entonces y ahora.

En el proceso de construcción de una comunidad más fraterna y justa, no debemos ver nuestras fallas, tropiezos y caídas como la demostración de que es imposible lograr esa meta. Esos aspectos negativos deben ayudarnos a percibir el signo de que aunque no es fácil, no es imposible. Si tenemos plena conciencia de que ése es el proyecto de Dios y que por ese proyecto Jesús hasta derramó su sangre y entregó su vida alcanzaremos esa meta. Porque fue fiel a ese proyecto, el Padre lo resucitó, para que quienes confesamos ser seguidores suyos nos comprometemos con ese “su” proyecto que él quiere compartir con nosotros y al que ciertamente él respalda y acompaña en todo momento. Ese es el principal sentido de la Resurrección y eso es lo que los discípulos no han podido entender de manera inmediata.

Incredulidad de Tomás: La fuente es el Evangelio de San Juan, Tomás no cree los testimonios de los otros apóstoles; literalmente, quiere tocar con la mano las llagas de Jesús,  el Señor se le aparece una semana después de la resurrección e invitó a Tomás a tocar las llagas de las manos y del costado para que “no seas incrédulo, sino fiel”.
La historia de Tomás nos enseña que para la gente de su tiempo no era fácil creer en Jesús, y era más difícil creer en él sin haber visto. El evangelio de hoy nos ayuda a entender que los efectos y alcances de la resurrección de Jesús no se comprenden de un momento a otro.  Aunque los dos discípulos han comprobado que Jesús “no está” en la tumba y una vez que María Magdalena les anuncia que Jesús está vivo y que ha hablado con él (Jn 20, 1-18), los discípulos siguen encerrados. Escuchamos estas dos expresiones dos veces, “los discípulos estaban con las puertas bien cerradas” (v.19) y “ocho días después los discípulos continuaban reunidos en su casa” (v. 26), sin salir.  Eso nos muestra de que creer de nuevo es un proceso de maduración de la fe. 

Los que vieron a Jesús creyeron en el Resucitado; excepto Tomás que no lo vio. Una cosa es creer y otra abrirse a las consecuencias de asumir su nueva fe. Ese proceso le toma a la comunidad de discípulos un buen tiempo para acepta, asimilar y practicar. 

En ese tiempo, Jesús con toda paciencia y comprensión, está ahí acompañando, animando, cercano y ayudando a madurar la fe de cada discípulo, hasta de Tomás. Hay que ver el caso de Tomás desde la óptica más positiva, sin juzgarlo de entrada como “el incrédulo”, sino como el que quiere creer y poner en práctica su fe. Debemos verlo desde su vacío interior que necesita ser llenado por la presencia de su Señor. Éste es el camino que hoy debemos recorrer: creer “en” Dios, para creer “a” Dios. En eso nos ayuda escuchar la Palabra, participar en la “fracción del pan”=Eucaristía, oración y vida en común. 

Quizá necesitemo madurar aún más el aspecto de la fe del nuevo Tomás para ver con claridad cuál es el horizonte hacia el que nos lleva esa fe cristiana que confesamos y que es lo que hay que hacer para atraer a los alejados. Necesitamos desaprendernos de nuestras seguridades terrenas y confiar en la promesa de vida eterna de Jesús. Ser más la Comunidad que vive y anuncia el Evangelio, que un grupo con fuerza social. Necesitamos vaciar completamente nuestro ser, nuestro corazón, hacer lo de Tomás y decir: "¡Señor mío y Dios mío!", creo pero aumenta mi fe, conscientes de que el Amor de Dios es más fuerte que la misma muerte.


Oración
Dios, Padre nuestro, 
que llenas cada año nuestro corazón 
de gozo y alegría 
con las fiestas pascuales;
haz que nuestra fe no vacile, 
que nuestra vida sea siempre 
coherente con esa fe,
y que trabajemos siempre por tu Reino, 
sabiendo que al construirlo 
ya lo estamos viviendo.
Nosotros te lo pedimos gracias a Jesús, 
hijo tuyo y hermano nuestro. Amén.



Lecturas para el 2º Domingo de Pascua

Hechos de los apóstoles 2,42-47: Los creyentes vivían todos unidos y lo tenían todo en común
Los hermanos eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles,
en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones.
Todo el mundo estaba impresionado por los muchos prodigios y signos
que los apóstoles hacían en Jerusalén.

Los creyentes vivían todos unidos y lo tenían todo en común; vendían posesiones y bienes,
y lo repartían entre todos, según la necesidad de cada uno.

A diario acudían al templo todos unidos, celebraban la fracción del pan en las casas y comían juntos, alabando a Dios con alegría y de todo corazón; eran bien vistos de todo el pueblo,
y día tras día el Señor iba agregando al grupo los que se iban salvando.

Salmo responsorial: 117
Diga la casa de Israel: eterna es su misericordia. Diga la casa de Aarón: eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor: eterna es su misericordia.
R./ Den gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.

Empujaban y empujaban para derribarme, pero el Señor me ayudó; el Señor es mi fuerza y mi energía,
él es mi salvación. Escuchen: hay cantos de victoria en las tiendas de los justos.
R./ Den gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.

La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente. Éste es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo.
R./ Den gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.

1 Pedro 1, 3-9: 
Por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva
Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su gran misericordia, por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva, para una herencia incorruptible, pura, imperecedera, que os está reservada en el cielo.

La fuerza de Dios los custodia en la fe para la salvación que aguarda a manifestarse en el momento final. Alégrense de ello, aunque de momento tengan que sufrir un poco, en pruebas diversas: así la comprobación de su fe -de más precio que el oro, que, aunque perecedero, lo aquilatan a fuego- llegará a ser alabanza y gloria y honor cuando se manifieste Jesucristo. No han visto a Jesucristo, y lo aman; no lo ven, y creen en él; y se alegran con un gozo inefable y transfigurado, alcanzando así la meta de su fe: su propia salvación.

Juan 20, 19-31: A los ocho días, llegó Jesús
Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. 

Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: "Paz a ustedes." Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: "Paz a ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo." Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: "Reciban el Espíritu Santo; a quienes les perdonen los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengan, les quedan retenidos."

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: "Hemos visto al Señor." Pero él les contestó: "Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo."

A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomas con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: "Paz a ustedes." Luego dijo a Tomás: "Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente." Contestó Tomás: "¡Señor mío y Dios mío!" Jesús le dijo: "¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto."

 Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. 
Éstos se han escrito para que crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre.


miércoles, 25 de marzo de 2020

TOA - 5to. Domingo de Cuaresma - Yo soy Resurrección y Vida - Jn 11,1-45

La peor desgracia de un desplazado es morir lejos del paisaje familiar, de la tierra y suelo patrio. 
Duele más cuando los seres queridos muere en suelo extranjero, el de tener que sepultarlos entre extraños. 

Yahvé habla por la voz del profeta Ezequiel y consuela al pueblo sufriente. A los desterrados en Babilonia les reafirma que los ha llamado a una existencia totalmente nueva. El Espíritu de Yahvé reconstruirá su realidad, los pondrá de pie, caminará con ellos en sus sueños y proyectos y les dará la paz y la grandeza solo porque los ama demasiado. Por ese amor, Yahvé abrirá los sepulcros de Israel y dará una nueva vida. 

Es una “resurrección” que deja atrás el destierro. Es la esperanza hecha realidad con el retorno a su tierra. Este es un mensaje actual para muchos de nuestros pueblos que hoy para poner las esperanzas en Yahvé y caminar del sufrimiento al gozo. El mensaje es un regalo que nos fortalece y anima.

La carta de Pablo a los romanos, es considerada su testamento espiritual.

El fragmento de hoy se relaciona con la 1ª lectura: los cristianos tenemos el Espíritu que el Señor prometió desde los tiempos del exilio. 

Ya no somos de la “carne”: el pecado, el egoísmo estéril, o la codicia desenfrenada. Somos del Espíritu y vivimos: en la vida verdadera del amor, el perdón y el servicio, como Cristo, para eso Él nos dio su Espíritu plenamente, sin medida. 

Y si el Espíritu resucitó a Jesús de entre los muertos, también nos resucitará a nosotros, para que participemos de la vida plena de Dios, cada día.

El evangelio presenta en la resurrección de Lázaro[1] (“Dios le ayuda”), el último de los siete “signos” realizados por Jesús, para manifestar “la gloria de Dios”. Con su vida y obras, Jesús nos revela al Padre. Su fe es confiada, lo muestra en la oración que dirige al Padre: “Te doy gracias, Padre, porque me has escuchado. Yo sé que siempre me escuchas”. Sabe que el Padre está con él y no le defrauda, manifiesta esta confianza aun antes de hacer el signo.  Según Juan, antes de enfrentarse a la muerte, Jesús se manifiesta como Señor de la vida, declara en público que Él es la resurrección y la vida, que los muertos por la fe en Él revivirán, que los vivos que crean en Él no morirán para siempre. La fe de los discípulos, pasa por un proceso de crecimiento. Lo muestra en los diálogos que tienen Jesús con   los doce y Martha y María. Por su palabra y su propia fe en el Padre, Jesús los va conduciendo de una fe imperfecta a una fe más sólida y fuerte. La fe de Marta[2] y María[3] es más limitada, ellas lo reconocen y lo lamentan, pero Jesús las lleva desde su limitación hacia una fe mayor. 

Marta sabe que su hermano resucitará al final de los tiempos; pero Jesús rompe todas sus creencias al revelarle que ya es una experiencia real, presente y que actúa por medio de él: “Yo soy la resurrección y la vida”. Esa experiencia presente y actuante se da en todos los que crean en él: “El que cree en mí, aunque haya muerto vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre”. Jesús ayuda a Marta a dar el gran salto de fe cuando le pregunta: “¿Crees esto?”. 

En su respuesta: “Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo”. Juan pone en sus labios otra gran confesión de fe, su fe mayor. Resucitando a Lázaro, Jesús revela que “el don de Dios” sobrepasa los cálculos humanos, actúa incluso cuando ya no hay esperanza (“Señor, huele mal, ya lleva cuatro días muerto”).  

Este “signo” culminante de Jesús derrama la gota que rompe la paciencia de los enemigos de Jesús, y por este milagro deciden matar a Jesús. Quizá por eso se usa esta lectura el último domingo antes de la semana santa. Este hecho, anticipa y completa el signo máximo que es la resurrección de Jesús. Para nosotros “vivir es morir”, cada día que vivimos es un día que morimos, un día menos de vida, un día más de nuestra vida que termina. 

Confesando nuestra fe en Jesús nos hacemos sus discípulos y a todo discípulo que cree en Él, le sucede hoy lo que le sucedió a Lázaro, encontramos vida nueva una y otra vez, no hay que esperar al final de los tiempos para resucitar. La fe cristiana es un camino de vida y esperanza donde el Espíritu Santo, desde el bautismo, nos identifica con Cristo que nos ha sacado de nuestras tumbas para que vivamos ya ahora como resucitados, a pesar de no saber o no poder expresar bien aquello en lo que “creemos”. 

Oración
Dios, Padre Universal,
a Ti que desde siempre inspiras en los seres humanos
el deseo de felicidad plena que triunfe
incluso sobre la muerte y que sea “eterna”;
te pedimos humildemente que nos ayudes a ser coherentes
con esta fuerza interior que habita en nosotros
y a procurar la felicidad con los medios más honestos
y por el camino que sea más beneficioso para nosotros y para quienes nos rodean.
En unión con todos los hombres y mujeres de todas las religiones,
nosotros te lo pedimos por Jesús, hijo tuyo y hermano nuestro.
¡Amén!




[1] Nombre derivado de Eleazar, (El=Yahvé y  Azar= ayuda) "Aquel al que Dios Ayuda" o "Aquel al que Dios socorre". Lázaro era amigo íntimo de Jesús que iba a su casa a descansar cuando viajaba a Jerusalén. Vivía con sus hermanas, Martha y María de Betania. Según el evangelio de San Juan, Jesús resucita a Lázaro después de 4 días de muerto. La tradición lo sitúa predicando hasta ser obispo de Marsella. Su Santo es el 17 de Diciembre.
[2] Marta, nombre femenino de origen arameo, que significa "señora". El evangelio describe a una Marta activa, comparada con el carácter más reposado de María. A Marta se la ve esperando al Señor y preparando las cosas que más le agradan; en la cena en Betania, Marta es quien sirve la mesa 6 días antes de la Pascua y en la resurrección de Lázaro Marta sale corriendo al encuentro de Jesús. Patrona de los hosteleros, lavanderos, escultores y del hogar. Su Santo se celebra el 29 de julio.
[3] María, nombre femenino de origen hebreo "maryam", su significado es "eminencia, excelsa, altura". 

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Lecturas en Lenguaje Latinoamericano para el Domingo 5º de Cuaresma, Ciclo A

Ezequiel 37,12-14: Les infundiré, mi espíritu, y vivirán
Así dice el Señor: "Yo mismo abriré sus sepulcros, y los haré salir de sus sepulcros, pueblo mío, y los traeré a la tierra de Israel. Y, cuando abra sus sepulcros y los saque de sus sepulcros, pueblo mío, sabrán que soy el Señor. Les infundiré mi espíritu, y vivirán; los colocaré en su tierra y sabrán que yo, el Señor, lo digo y lo hago." Oráculo del Señor.

Salmo responsorial 129: Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa
Desde lo hondo a ti grito, Señor; Señor, escucha mi voz;
estén tus oídos atentos a la voz de mi súplica. R.
R: Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa.
Si llevas cuentas de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón, así infundes respeto. R.
R: Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa.
Mi alma espera en el Señor, espera en su palabra;
mi alma guarda al Señor, más que el centinela la aurora.
Aguarde Israel al Señor, como el centinela la aurora. R.
R: Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa.
Porque del Señor viene la misericordia, la redención copiosa;
y él redimirá a Israel de todos sus delitos. R.
R: Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa.

Rom 8, 8-11:
El espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en ustedes
Hermanos: Los que viven sujetos a la carne no pueden agradar a Dios. 
Pero ustedes no están sujetos a la carne, sino al espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en ustedes. El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo.  Pues bien, si Cristo está en ustedes, el cuerpo está muerto por el pecado, pero el espíritu vive por la justificación obtenida. Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en ustedes, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también sus cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en ustedes.

Juan 11,1-45: Yo soy la resurrección y la vida
En aquel tiempo, Las hermanas mandaron recado a Jesús, diciendo: "Señor, tu amigo está enfermo." Jesús, al oírlo, dijo: "Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella." Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo, se quedó todavía dos días en donde estaba. Sólo entonces dice a sus discípulos: "Vamos otra vez a Judea."

Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. [Betania distaba poco de Jerusalén: unos tres kilómetros; y muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María, para darles el pésame por su hermano.] 

Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús: "Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá." Jesús le dijo: "Tu hermano resucitará." Marta respondió: "Sé que resucitará en la resurrección del último día." Jesús le dice: "Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?" Ella le contestó: "Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo."

Jesús, sollozó y, muy conmovido, preguntó: "¿Donde lo han enterrado?" Le contestaron: "Señor, ven a verlo." Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban: "¡Cómo lo quería!" Pero algunos dijeron: "Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que muriera éste?" Jesús, sollozando de nuevo, llega al sepulcro. Era una cavidad cubierta con una losa. Dice Jesús: "Quiten la losa." Marta, la hermana del muerto, le dice: "Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días." Jesús le dice: "¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?" 

Entonces quitaron la losa. Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo: "Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado." Y dicho esto, gritó con voz potente: "Lázaro, ven afuera." El muerto salió, los pies y las manos atadas con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo: "Desatadlo y dejadlo andar." Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

TOA - 4to. Domingo de Cuaresma, Volvio a ver - Juan 9, 1-41

1Samuel 16, 1b.6-7.10-13ª: David es ungido rey de Israel
Saber quién era enviado por Dios y actuaba según su voluntad es un problema antiguo. Muchos tenían habilidades físicas, astucia, sabiduría o profunda religiosidad y no era fácil saber quién quería liderar solo por poder. En la primera lectura vemos al profeta Samuel, movido por el Espíritu de Dios, buscando un líder para guiar al pueblo y enfrentar a los filisteos. Elige a Saúl, un muchacho de buena familia y de buen aspecto físico. Los hebreos lo apoyan de inmediato, pero muy pronto se convirtió en un tirano insoportable. Sus constantes cambios de conducta atentan contra la seguridad Hebrea, Samuel lo pensó solucionar ungiendo un nuevo rey. La unción profética legitimaba la acción de un nuevo líder ‘salvador’ del pueblo y era común la idea de que el ‘líder salvador’ debía designarlo un profeta reconocido. La unción de los caudillos de Israel se volvió un símbolo de esperanza en un futuro mejor, acorde con los planes de Dios.


Juan 9, 1-41: Fue, se lavó, y volvió con vista
En tiempos de Jesús, el pueblo de Dios de Palestina se preguntó lo mismo: ¿cómo saber si Jesús era ungido del Señor? Jesús conoció a Juan Bautista, retomó su predicación, pero se dudaba de él por su origen humilde, su modo tan diferente de interpretar la ley y su poca conexión con el templo y sus rituales. Por sus prejuicios culturales y sociales, muchos no lo aceptan como un profeta ungido del Señor. La comunidad cristiana proclamó la legitimidad de la misión de Jesús diciendo que solo quien conoce la obra del Nazareno, su gran amor por la vida, su dedicación a los pobres, su predicación del reinado de Dios; lo reconoce como el “ungido”, el “Mesías” (en hebreo), o el “Cristo” (en griego).

Las enfermedades y limitaciones físicas, eran una terrible marca social y religiosa, por eso, las ‘señales y prodigios’ de Jesús entre la gente pobre causaban gran impacto y la envidia de sus opositores. Algunos veían en sus sanaciones la labor de un curandero. Sus discípulos, en cambio, comprendían todo su valor liberador y salvífico, no remediaba solo las limitaciones humanas, sino devolvía toda la dignidad a la persona.
Quien recupera la visión descubre que su problema no era un castigo de Dios por los pecados de sus antepasados, ni una prueba del destino. Pasa de la desesperación a la fe y descubre en Jesús al profeta, al ungido del Señor. El problema no era su limitación visual, sino la terrible carga de desprecio que la cultura le imponía. Jesús lo libera del peso de la marginación social y lo lleva hacia una comunidad que lo aceptan por lo que él es. Lo libra de las etiquetas que los prejuicios sociales le habían impuesto.

Este pasaje del evangelio de gran belleza literaria, relata un drama entre: los vecinos, el ciego limosnero, los fariseos piadosos y cumplidores de la ley, las altas autoridades religiosas judías del tiempo de Jesús, los padres del ciego y el ciego que es el centro. Juan enfatiza la ceguera especial de las autoridades religiosas para admitir el milagro de Jesús. Los más lúcidos resultan los más ciegos. ¿Se parece en algo a nuestras autoridades, a nosotros?

No creen que un simple hombre como Jesús pueda obrar esas maravillas, menos en sábado, día sagrado de descanso obligatorio para los fariseos; y menos aún obrado a un ciego pobretón y limosnero de una de las puertas de la ciudad. Los vecinos, los fariseos, los jefes del templo acosan al ciego que ahora ve. Jesús lo busca y se solidariza con el ex ciego expulsado de la sinagoga.


En este nuevo encuentro con Jesús el ciego “ve plenamente”, no sólo la luz, sino la «gloria» de Dios. Reconoce en él al Hijo de Dios, al enviado definitivo, el Señor digno de ser adorado. Jesús trae un mensaje nuevo, amoroso y justo: enjuicia al mundo y lo pone al revés: los que veían no ven, y los que no veían ven. ¿Y qué es lo que hay que ver? A Jesús. Él es la luz que ilumina.

Es una “confesión de fe”, lleno de gozo y de amor. Jesús ha venido a “abrir un juicio”. Su vida y su testimonio nos emplazan y desafían a mostrarlo en nuestra vida, sin fanatismos ni exclusivismos farisaicos, seguros que la misma manifestación de Dios se da en otros lugares, en otras religiones, a través de tantos otros mediadores, con la misma alegría, el mismo amor y el mismo convencimiento. Jesús devuelve la condición humana al ciego, lo incluye en el nuevo Reino, también lo hace con nosotros cuando lo buscamos, cuando nos dejamos encontrar, cuando queremos verle presente en los demás.


Oración:
Tú, Señor, que nos abres los ojos para que descubramos
la hermosura de la creación y la grandeza de tu amor,
ayúdanos a colaborar contigo para que todas las personas
puedan alegrarse en su vida al ver tu luz.
Nosotros te lo pedimos por Jesús, hijo tuyo y hermano nuestro.
Amén
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Lecturas En lenguaje Latinoamericano para el 4º Domingo de Cuaresma, ciclo A

1Samuel 16, 1b.6-7.10-13ª: David es ungido rey de Israel
En aquellos días, el Señor le dijo a Samuel: "Llena la cuerna de aceite y vete, por encargo mío, a Jesé, el de Belén, porque entre sus hijos me he elegido un rey." Cuando llegó, vio a Eliab y pensó: "Seguro, el Señor tiene delante a su ungido." Pero el Señor le dijo: "No te fijes en las apariencias ni en su buena estatura. Lo rechazo. Porque Dios no ve como los hombres, que ven la apariencia; el Señor ve el corazón." Jesé hizo pasar a siete hijos suyos ante Samuel; y Samuel le dijo: "Tampoco a éstos los ha elegido el Señor." Luego preguntó a Jesé: "¿Se acabaron los muchachos?" Jesé respondió: "Queda el pequeño, que precisamente está cuidando las ovejas." Samuel dijo: "Manda por él, que no nos sentaremos a la mesa mientras no llegue." Jesé mandó a por él y lo hizo entrar: era de buen color, de hermosos ojos y buen tipo. Entonces el Señor dijo a Samuel: "Anda, úngelo, porque es éste." Samuel tomó la cuerna de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. En aquel momento, invadió a David el espíritu del Señor, y estuvo con él en adelante.


Salmo responsorial 22: "Versión de Nico Montero" - España (Interpreta, Leo Barraza - Lima).


El Señor es mi Pastor, Interpreta: Leo Barraza
Para escuchar, haga click en la imagen
EL Señor es mi pastor, nada me falta: EL Señor es mi pastor.
EL Señor es mi pastor, nada me falta: EL Señor es mi pastor.
En praderas reposa mi alma, en su agua descansa mi sed
EL me guía por senderos justos, por amor, por amor a su nombre.
Aunque pase por valles oscuros, ningún mal, ningún mal temeré,
porque se que EL Señor va conmigo, su cayado sostiene mi fe.
EL Señor es mi pastor, nada me falta: EL Señor es mi pastor.
EL Señor es mi pastor, nada me falta: EL Señor es mi pastor.
TU preparas por una mesa ante mí, frente a aquellos que buscan mi mal;
con aceite me ungiste Señor, y mi copa rebosa de TI.
Gloria a Dios, Padre omnipotente, y su Hijo, Jesús EL Señor
y al Espíritu que habita en el mundo, por los siglos eternos, Amén.
EL Señor es mi pastor, nada me falta: EL Señor es mi pastor.
EL Señor es mi pastor, nada me falta: EL Señor es mi pastor.



Efesios 5, 8-14: Levántate de entre los muertos, y Cristo será tu luz
Hermanos: en otro tiempo ustedes eran tinieblas, pero ahora son luz en el Señor. Pórtense como hijos de la luz, con bondad, con justicia y según la verdad, pues ésos son los frutos de la luz. Busquen lo que agrada al Señor.

No tomen parte en las obras de las tinieblas, donde no hay nada que cosechar; al contrario, denúncienlas. Sólo decir lo que esa gente hace a escondidas da vergüenza; pero al ser denunciado por la luz se vuelve claro, y lo que se ha aclarado llegará incluso a ser luz. Por eso se dice: «Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos y la luz de Cristo brillará sobre ti.»


Juan 9, 1-41: Fue, se lavó, y volvió con vista
En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Escupió en tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego y le dijo: "Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado." Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: "¿No es ése el que se sentaba a pedir?" Unos decían: "El mismo." Otros decían: "No es él, pero se le parece." Él respondía: "Soy yo."

Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista. Él les contestó: "Me puso barro en los ojos, me lavé, y veo." Algunos de los fariseos comentaban: "Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado." Otros replicaban: ¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?" Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego: "Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?" Él contestó: "Que es un profeta."

Le replicaron: "desdichado, naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?" Y lo expulsaron. Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: "¿Crees tú en el Hijo del hombre?" Él contestó: "¿Y quién es, Señor, para que crea en él?" Jesús les dijo: "Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es." Él dijo: "Creo, señor." Y se postró ante él.