domingo, 1 de marzo de 2026

TOA - 4to. Domingo de Cuaresma, Volvio a ver - Juan 9, 1-41

1Samuel 16, 1b.6-7.10-13ª: David es ungido rey de Israel
Saber quién era enviado por Dios y hacía su voluntad es un problema antiguo.
Muchos tenían habilidades físicas, astucia, sabiduría o profunda religiosidad
y no era fácil saber quién quería liderar solo por poder.

En la primera lectura vemos al profeta Samuel, movido por el Espíritu de Dios,
buscando un líder para guiar al pueblo y enfrentar a los filisteos.
Elige a Saúl, un muchacho de buena familia y de buen aspecto físico.
Los hebreos lo apoyan de inmediato, pero pronto se convirtió en un tirano insoportable.
Sus constantes cambios de conducta atentan contra la seguridad Hebrea,
Samuel lo pensó solucionar ungiendo un nuevo rey.
La unción profética legitimaba la acción de un nuevo líder ‘salvador’ del pueblo
y era común la idea de que el ‘líder salvador’ debía designarlo un profeta reconocido.
La unción de los caudillos de Israel se volvió un símbolo de esperanza
en un futuro mejor, acorde con los planes de Dios.

Juan 9, 1-41: Fue, se lavó, y volvió con vista
En tiempos de Jesús, el pueblo de Dios de Palestina se preguntó lo mismo:
¿cómo saber si Jesús era ungido del Señor?
Jesús conoció a Juan Bautista, retomó su predicación,
pero se dudaba de él por su origen humilde,
su modo tan diferente de interpretar la ley
y su poca conexión con el templo y sus rituales.
Por sus prejuicios culturales y sociales,
muchos no lo aceptan como un profeta ungido del Señor.
La comunidad cristiana proclamó la legitimidad de la misión de Jesús
diciendo que solo quien conoce la obra del Nazareno,
su gran amor por la vida, su dedicación a los pobres,
su predicación del reinado de Dios; lo reconoce como el “ungido”,
el “Mesías” (en hebreo), o el “Cristo” (en griego).

Las enfermedades y limitaciones físicas, eran una terrible marca social y religiosa, por eso, las ‘señales y prodigios’ de Jesús
entre la gente pobre causaban gran impacto y la envidia de sus opositores.
Algunos veían en sus sanaciones la labor de un curandero.
Sus discípulos, en cambio, comprendían todo su valor liberador y salvífico,
no remediaba solo las limitaciones humanas, sino devolvía toda la dignidad a la persona.

Quien recupera la visión descubre que su problema
no era un castigo de Dios por los pecados de sus antepasados, ni una prueba del destino.
Pasa de la desesperación a la fe y descubre en Jesús al profeta, al ungido del Señor.
El problema no era su limitación visual, sino la terrible carga de desprecio que la cultura le imponía.
Jesús lo libera del peso de la marginación social y lo lleva hacia una comunidad
que lo aceptan por lo que él es. Lo libra de las etiquetas que los prejuicios sociales le habían impuesto.

Este pasaje del evangelio de gran belleza literaria, relata un drama entre: los vecinos, el ciego limosnero,
los fariseos piadosos y cumplidores de la ley, las altas autoridades religiosas judías del tiempo de Jesús,
los padres del ciego y el ciego que es el centro. Juan enfatiza la ceguera especial de las autoridades religiosas
para admitir el milagro de Jesús. Los más lúcidos resultan los más ciegos.
¿Se parece en algo a nuestras autoridades, a nosotros?

No creen que un simple hombre como Jesús pueda obrar esas maravillas, menos en sábado,
día sagrado de descanso obligatorio para los fariseos; y menos aún obrado a un ciego pobretón y limosnero
de una de las puertas de la ciudad. Los vecinos, los fariseos, los jefes del templo acosan al ciego que ahora ve.
Jesús lo busca y se solidariza con el ex ciego expulsado de la sinagoga.


En este nuevo encuentro con Jesús el ciego “ve plenamente”, no sólo la luz,
sino la «gloria» de Dios. Reconoce en él al Hijo de Dios, al enviado definitivo,
el Señor digno de ser adorado. Jesús trae un mensaje nuevo,
amoroso y justo: enjuicia al mundo y lo pone al revés:
los que veían no ven, y los que no veían ven.
¿Y qué es lo que hay que ver? A Jesús. Él es la luz que ilumina.

Es una “confesión de fe”, lleno de gozo y de amor. Jesús ha venido a “abrir un juicio”.
Su vida y su testimonio nos emplazan y desafían a mostrarlo en nuestra vida,
sin fanatismos ni exclusivismos farisaicos,
seguros que la misma manifestación de Dios se da en otros lugares,
en otras religiones, a través de tantos otros mediadores,
con la misma alegría, el mismo amor y el mismo convencimiento.
Jesús devuelve la condición humana al ciego, lo incluye en el nuevo Reino,
también lo hace con nosotros cuando lo buscamos, cuando nos dejamos encontrar,
cuando queremos verle presente en los demás.
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Oración:
Tú, Señor, que nos abres los ojos para que descubramos
la hermosura de la creación y la grandeza de tu amor,
ayúdanos a colaborar contigo para que todas las personas
puedan alegrarse en su vida al ver tu luz.
Nosotros te lo pedimos por Jesús, hijo tuyo y hermano nuestro.
Amén
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Lecturas En lenguaje Latinoamericano para el 4º Domingo de Cuaresma, ciclo A
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1Samuel 16, 1b.6-7.10-13ª: David es ungido rey de Israel
En aquellos días, el Señor le dijo a Samuel: "Llena la cuerna de aceite y vete, por encargo mío, a Jesé, el de Belén, porque entre sus hijos me he elegido un rey." Cuando llegó, vio a Eliab y pensó: "Seguro, el Señor tiene delante a su ungido." Pero el Señor le dijo: "No te fijes en las apariencias ni en su buena estatura. Lo rechazo. Porque Dios no ve como los hombres, que ven la apariencia; el Señor ve el corazón." Jesé hizo pasar a siete hijos suyos ante Samuel; y Samuel le dijo: "Tampoco a éstos los ha elegido el Señor." Luego preguntó a Jesé: "¿Se acabaron los muchachos?" Jesé respondió: "Queda el pequeño, que precisamente está cuidando las ovejas." Samuel dijo: "Manda por él, que no nos sentaremos a la mesa mientras no llegue." Jesé mandó a por él y lo hizo entrar: era de buen color, de hermosos ojos y buen tipo. Entonces el Señor dijo a Samuel: "Anda, úngelo, porque es éste." Samuel tomó la cuerna de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. En aquel momento, invadió a David el espíritu del Señor, y estuvo con él en adelante.
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Salmo responsorial 22: "Versión de Nico Montero" - España (Interpreta, Leo Barraza - Lima).

El Señor es mi Pastor, Interpreta: Leo Barraza
Para escuchar, haga click en la imagen
El Señor es mi pastor, nada me falta: EL Señor es mi pastor.
El Señor es mi pastor, nada me falta: EL Señor es mi pastor.
En praderas reposa mi alma, en su agua descansa mi sed
EL me guía por senderos justos, por amor, por amor a su nombre.
Aunque pase por valles oscuros, ningún mal, ningún mal temeré,
porque se que EL Señor va conmigo, su cayado sostiene mi fe.

El Señor es mi pastor, nada me falta: EL Señor es mi pastor.

El Señor es mi pastor, nada me falta: EL Señor es mi pastor.
Tu preparas por una mesa ante mí, frente a aquellos que buscan mi mal;
con aceite me ungiste Señor, y mi copa rebosa de TI.
Gloria a Dios, Padre omnipotente, y su Hijo, Jesús EL Señor
y al Espíritu que habita en el mundo, por los siglos eternos, Amén.

El Señor es mi pastor, nada me falta: EL Señor es mi pastor.
El Señor es mi pastor, nada me falta: EL Señor es mi pastor.

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Efesios 5, 8-14: Levántate de entre los muertos, y Cristo será tu luz
Hermanos: en otro tiempo ustedes eran tinieblas, pero ahora son luz en el Señor.
Pórtense como hijos de la luz, con bondad, con justicia y según la verdad,
pues ésos son los frutos de la luz. Busquen lo que agrada al Señor.


No tomen parte en las obras de las tinieblas,
donde no hay nada que cosechar; al contrario, denúncienlas.
S
ólo decir lo que esa gente hace a escondidas da vergüenza;
pero al ser denunciado por la luz se vuelve claro, y lo que se ha aclarado llegará incluso a ser luz.
Por eso se dice: «Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos y la luz de Cristo brillará sobre ti.»

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Juan 9, 1-41: Fue, se lavó, y volvió con vista
En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento.
Escupió en tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego y le dijo:
"Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado."
Él fue, se lavó, y volvió con vista.
Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban:
"¿No es ése el que se sentaba a pedir?"
Unos decían: "El mismo." Otros decían: "No es él, pero se le parece."
Él respondía: "Soy yo."


Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego.
Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos.
También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista.
Él les contestó: "Me puso barro en los ojos, me lavé, y veo."
Algunos de los fariseos comentaban:
"Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado."
Otros replicaban: ¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?" Y estaban divididos.
Y volvieron a preguntarle al ciego: "Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?"
Él contestó: "Que es un profeta."


Le replicaron:
"desdichado, naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?" Y lo expulsaron.
Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: "¿Crees tú en el Hijo del hombre?"
Él contestó: "¿Y quién es, Señor, para que crea en él?"
Jesús les dijo: "Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es."
Él dijo: "Creo, señor."
Y se postró ante él.
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sábado, 28 de febrero de 2026

TOA - 3er. Domingo de Cuaresma, Dame de Beber - Jn 4,5-42


Los textos en la liturgia son como una poesía o una imagen simbólica: cada comunidad puede abordarlos libremente, desde recuerdos y sugerencias de acción distintos. Aquí los compartimos desde esta espiritualidad latinoamericana, no por un modo geográfico-material, sino desde una «geografía espiritual»...
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Ex 17,3-7: Danos agua de beber
La primera lectura (Ex 17,3-7) habla de uno de los momentos más críticos de la marcha de Israel en el desierto. El pueblo sufre a causa de la sed que padece y se rebela contra Moisés, creen que el desierto es su situación definitiva piensan que morirán allí. No ven más allá, han perdido de vista la meta a la que se dirigen y, a causa de la sed, el miedo y el cansancio, también han olvidado todo lo que Dios ha hecho por ellos. Por lo grave de la situación quieren “apedrear” a Moisés (v. 4). Eso demuestra que Israel, aunque salió de Egipto, carga en su corazón las estructuras irracionales y agresivas del opresor egipcio. Confía más en la violencia que en la fuerza de Dios. En medio de la tentación y prueba del desierto, Israel tendrá que pasar para siempre de la idolatría a la fe verdadera, de la mentalidad violenta del opresor a la actitud creyente fundada en la confianza en Dios. Entonces, surgirá su humanidad nueva y un nuevo modo de relacionarse entre las personas.
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Rom 5, 1-2.5-8: El amor ha sido derramado en nosotros con el Espíritu que se nos ha dado
El texto del 5, 1-2.5-8 de la carta de San Pablo a Los Romanos inician la segunda parte de la Carta. La primera parte enfatiza la justicia de Dios (Rom 1-4) La segunda detalla el predominio del amor (Rom 5-8). Pablo describe a la persona  “justificada” por Dios desde la situación de gracia en la que se encuentra. Por pura gratuidad, la persona ha iniciado una “justa” relación con Dios. Está reconciliada con Dios, y en una situación de paz y de esperanza: una paz que supera toda tribulación y una esperanza activa que en verdad transforma el presente. Todo gracia es recibida por medio de “nuestro Señor Jesucristo”. No debemos vanagloriarnos por los logros ni poner el orgullo en el mérito de nuestras obras, sino en “la esperanza de la gloria de Dios”, en las tribulaciones que lo robustecen, en Dios mismo.
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Jn 4,5-42: Un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna
El texto del evangelio de Juan que comentamos hoy es el del encuentro de Jes
ús con la samaritana, ocupa casi todo el capítulo cuarto. El de Juan no es un evangelio sinóptico. No es un texto narrativo, ni histórico sino simbólico porque usa símbolos para interpretar la realidad: «Yo soy la vid», dice Jesús en Juan; no yo soy como la vid. O yo soy la vid verdadera, las demás vides que dan uvas no son verdaderas. Yo soy el Pan verdadero: el resto de los panes son incompletos. Yo tengo el agua verdadera, la de la vida eterna; la del H2O, tal vez no quita la sed. Jesús sacia, llena, calma. Los textos Juánicos tienen un estilo literario simbólico, no narran las conversaciones tal como fueron, sino son composiciones teológicas, con intenciones profundas y a veces difíciles de detectar. Vienen del mundo ideológico y mental de Juan, son distintas de las nuestras y deben ser interpretadas con cuidado para evitar conclusiones erradas.

Las migraciones y la facilidad en la comunicación, hacen que todas las religiones que por milenios vivieron aisladas, distantes, y cada una podía pensarse como la única se encuentren hoy a diario con las demás. El contexto de Jesús no fue religiosamente plural, como el nuestro. Tenía que pasar por Samaria si viajaba  entre Galilea y Jerusalén. En este pasaje simbólico de Juan vemos el comportamiento de Jesús frente a este pueblo que no vivía propiamente otra religión, pero era considerado como hereje, cismático y  distante. Cuando Jesús dialoga con la samaritana por propia iniciativa lo hace interreligiosamente. Juan no lo presenta a la defensiva o sólo respondiendo. La iniciativa, el acercamiento al diálogo es de Jesús. Lo hace desde una «teología pluralista de las religiones», abierta y receptiva. Porque está seguro en lo que cree, porque ve más allá de las limitaciones sociales es que dialoga sin temor, con entera confianza y libertad.

A la pregunta: «¿Dónde hay que adorar, en Jerusalén o en Garitzín?», que busca saber cuál es la religión verdadera Jesús responde diciendo que ni Jerusalén ni Gartizín son opciones inválidas (religiones falsas); dice que quien quiera ir más al fondo (los verdaderos adoradores) lo harán en cualquier lugar, no desde una religión específica sino «en espíritu y en verdad», desde la «religación» profunda. Con esta respuesta revolucionaria dice que: las religiones son relativas, hay algo más allá de ellas. No hay «una religión absoluta», a la que todas las demás deban someterse. La única religiosidad absoluta (la “única religación verdadera) es la «adoración en espíritu y en verdad», por encima de una u otra religión.

El teólogo Thomas Sheehan dice que la novedad de Jesús es la abolición de todas las religiones para poder redescubrir nuestra relación con Dios (religación) en el mismo proceso de la creación y de la vida, en la historia. Recordemos que Jesús no “fundó” la Iglesia (ésta se fundó después, y se fundó en Jesús). Jesús vivió y murió judío. Nunca pensó fundar otra religión, sino en todo caso superarla. Hoy vivimos en medio de una grave crisis de las religiones y de las instituciones religiosas, tenemos una nueva y mejor oportunidad para entender y poner en práctica el mensaje de Jesús. Volviéndonos al verdadero Jesús podremos reflexionar y discernir con humildad, y a buscar con paciencia la verdadera religación.

Religión y religación son distintos. Religación es el vínculo o la relación del hombre con la trascendencia, es la unión con lo divino. Las religiones, son formas concretas y diferentes de hacer el vincula y varían según la época de la historia. Lo importante no son las formas, sino el contenido que vehiculan, la dimensión profunda a la que responden.
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OREMOS
Misterio infinito cuya sed han sentido todos los seres humanos
desde el comienzo de su existencia... 
que has hecho emerger en la conciencia colectiva de los pueblos
innumerables formas de reverencia, de adoración, de mística,
de transcendencia... de religación o espiritualidad, 
expresada después, en los últimos milenios,
en las religiones, grandes y pequeñas, de todos los pueblos. 

En Jesús nos indicas cuál es la verdadera religión, 
más allá de toda religión formal. 

Haz que comprendamos que ha llegado la hora 
en que como verdaderos adoradores te adoremos 
en espíritu y en verdad, en justicia y amor, en apertura y solidaridad 
con todos nuestros hermanos y hermanas. 
Como nos enseñó Jesús, hijo tuyo y hermano nuestro. 
Amén. 

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           Lecturas en lenguaje Latinoamericano - Domingo 3º de Cuaresma, ciclo A
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Ex 17,3-7: Danos agua de beber
En aquellos días, el pueblo, torturado por la sed, murmuró contra Moisés: "¿Nos has hecho salir de Egipto para hacernos morir de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados?" Clamó Moisés al Señor y dijo: "¿Qué puedo hacer con este pueblo? Poco falta para que me apedreen." Respondió el Señor a Moisés: "Preséntate al pueblo llevando contigo algunos de los ancianos de Israel; lleva también en tu mano el cayado con que golpeaste el río, y vete, que allí estaré yo ante ti, sobre la peña, en Horeb; golpearás la peña, y saldrá de ella agua para que beba el pueblo." Moisés lo hizo así a la vista de los ancianos de Israel. Y puso por nombre a aquel lugar Masá y Meribá, por la reyerta de los hijos de Israel y porque habían tentado al Señor, diciendo: "¿Está o no está el Señor en medio de nosotros?"
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Salmo responsorial 94: 
Vengan, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias, / aclamándolo con cantos.
R:/ Ojalá escuchen hoy la voz del Señor: No endurezcan el corazón"

Entren, postrémonos por tierra, bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios, / y nosotros su pueblo, / el rebaño que él guía.
R:/
Ojalá escuchen hoy la voz del Señor: No endurezcan el corazón"

Ojalá escuchen hoy su voz: "No endurezcan el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto; cuando sus padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras."
R:/
Ojalá escuchen hoy la voz del Señor: No endurezcan el corazón"
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Romanos 5, 1-2.5-8: El amor ha sido derramado en nosotros con el Espíritu que se nos ha dado
Hermanos: Ya que hemos recibido la justificación por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo. Por él hemos obtenido con la fe el acceso a esta gracia en que estamos: y nos gloriamos, apoyados en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios. Y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado.

En efecto, cuando nosotros todavía estábamos sin fuerza, en el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos; en verdad, apenas habrá quien muera por un justo; por un hombre de bien tal vez se atreviera uno a morir; mas la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros.
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Juan 4,5-42: Un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna
En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el manantial de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial. Era alrededor del mediodía. Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice: "Dame de beber." Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida. La samaritana le dice: "¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?" Porque los judíos no se tratan con los samaritanos. Jesús le contestó: "Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva." La mujer le dice: "Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?" Jesús le contestó: "El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna." La mujer le dice: "Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla."

[Él le dice: "Anda, llama a tu marido y vuelve." La mujer le contesta: "No tengo marido." Jesús le dice: "Tienes razón, que no tienes marido: has tenido ya cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad."

La mujer le dice: "Señor,] veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y ustedes dicen que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén." Jesús le dice: "Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén darán culto al Padre. Ustedes dan culto a uno que no conocen; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así. Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad." La mujer le dice: "Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo." Jesús le dice: "Soy yo, el que habla contigo."

[En esto llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer, aunque ninguno le dijo: "¿Qué le preguntas o de qué le hablas?" La mujer entonces dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente: "Vengan a ver un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho; ¿será éste el Mesías?" Salieron del pueblo y se pusieron en camino adonde estaba él.

Mientras tanto sus discípulos le insistían: "Maestro, come." Él les dijo: "Yo tengo por comida un alimento que ustedes no conocen." Los discípulos comentaban entre ellos: "¿Le habrá traído alguien de comer?" Jesús les dice: "Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra. ¿No dicen ustedes que faltan todavía cuatro meses para la cosecha? Yo les digo esto: Levanten los ojos y contemplen los campos, que están ya dorados para la siega; el segador ya está recibiendo salario y almacenando fruto para la vida eterna: y así, se alegran lo mismo sembrador y segador. Con todo, tiene razón el proverbio: Uno siembra y otro siega. Yo los envié a segar lo que no han sudado. Otros sudaron, y ustedes recogen el fruto de sus sudores."

En aquel pueblo muchos [samaritanos] creyeron en él [por el testimonio que había dado la mujer: "Me ha dicho todo lo que he hecho."] Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer: "Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo."
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Versión Corta
En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el manantial de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial. Era alrededor del mediodía. Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice: "Dame de beber." Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida. La samaritana le dice: "¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?" Porque los judíos no se tratan con los samaritanos. Jesús le contestó: "Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva." La mujer le dice: "Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?" Jesús le contestó: "El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna." La mujer le dice: "Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla."

Veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y ustedes dicen que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén." Jesús le dice: "Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén darán culto al Padre. Ustedes dan culto a uno que no conocen; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así. Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad." La mujer le dice: "Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo." Jesús le dice: "Soy yo, el que habla contigo."

En aquel pueblo muchos creyeron en él. Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer: "Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo."
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sábado, 14 de febrero de 2026

TOA - 2do Domingo de Cuaresma - ¿Por qué no nos quedamos? - Mt 17, 1-9

Si vemos la vida desde nuestra perspectiva cuaresmal, observaremos cómo nuestro caminar por la vida se ve obstruido muchas veces por la tentación del desierto, veremos que nuestra lucha contra el mal es constante porque el tentador nos seduce invitándonos a quedarnos, a estar, a no caminar, a no ir. El desafío en cambio, es andar, actuar, compartir, ser par el otro aunque muchas veces eso implique sufrir y no pasarla tan bien.
La Cuaresma subraya el "tiempo" que debemos dedicar para rehacer nuestra vida cristiana. Durante este tiempo nos sumergimos en el itinerario de Dios que nos invita a confiar, a estar más cerca de Él, y el deseo nuestro de estar más cerca de Él.

La cuaresma y de manera especial las lecturas de esta segunda semana subrayan la condición salvadora del misterio pascual.

El poeta Peruano César Vallejo en "Absoluta" tiene este hermoso párrafo que describe este itinerario, esta inmersión en el tiempo de Dios:  

¡Oh unidad excelsa! 
¡Oh lo que es uno por todos!
¡Amor contra el espacio y contra el tiempo!
Un latido único de corazón;
un solo ritmo: ¡Dios!

En este itinerario, la iniciativa pertenece a Dios. Es Yahvé quien invita a Abraham a comenzar un nuevo tiempo en un nuevo lugar, es Yahvé quien presenta a su hijo amado y pide que lo escuchen, es Yahvé que por medio de su hijo nos invita a ser uno con él, a fundirnos en él a gozarlo eternamente, a participar de su gloria.

En el salmo 72 encontramos la súplica serena que une los dos aspectos del itinerario: el amor de Dios que acompaña a la persona en su itinerario de búsqueda, y la acción de Dios hacia el hombre que lo  libera de la muerte, renovando nuestra esperanza.

La transfiguración del Señor está estrechamente vinculada al misterio de la pasión-resurrección, no es una compensación que Jesús da a sus amigos y discípulos luego del anuncio de su pasión. 

Mateo nos  explica cómo la revelación de la gloria de Jesús es la clave para comprender el sentido de su muerte; esa muerte que es transitoria. Revela también el carácter pascual, transitivo, de su sacrificio redentor: el sacrificio es salvífico, en el sacrificio que termina en triunfo está el misterio de la salvación.

En la transfiguración, los discípulos descubren que Jesús no es simplemente un hombre común; es el Hijo de Dios a quien hay que escuchar, porque el Padre lo ha enviado para revelarnos que nos ama.
Si sólo fuera un hombre, su vida-mensaje acabaría con una muerte injusta; pero porque es el Hijo, esta muerte es un acto supremo de fidelidad al Padre, la expresión del amor divino-humano que salva a la humanidad.

En nuestro camino de renovación Cristiana, a la pregunta: ¿Qué sentido tiene la penitencia cristiana para mí? la respuesta es que Dios por su acción amorosa quiere hacer crecer en nosotros nuestra condición de hijos de Dios. Esa es la "gloria" que llevamos "escondida" en nuestra vida mortal. Esta  condición nuestra crecerá si potenciamos nuestra comunión con el Hijo, por la Palabra y los sacramentos y la acción en favor del otro. Esto lo reafirmamos hermosamente en la liturgia de hoy, especialmente en la oración colecta, el el prefacio I de Cuaresma y la oración después de la comunión.

J. Mª. Peman, en su libro "Poesía" de 1941 describe hermosamente su vocación a la vida, a la eternidad cuando dice:

Yo no soy flor nacida para todos los vientos
ni camino perdido para todos los pasos.
Yo no soy pluma suelta de destinos y acasos
arrojada a los aires cual despojo maldito.
Yo he nacido a la sombra de un mandato infinito,
de un misterio fecundo,
donde en letras de estrellas mi sendero está escrito.
Yo he venido a la vida con un nombre bendito.
Yo no soy hospiciano de las patrias del mundo.


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Lecturas Bíblias en Lenguaje Latinoamericano - TOA - 2do. Domingo de Cuaresma
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     Oración preparatoria
     Querido Jesús, ayúdame a escuchar tus palabras con la mente y el corazón,
     y que tu Santo Espíritu me guíe para vivirla día a día. ¡Amén!
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Primera Lectura: Génesis: 12,1-4ª: Vocación de Abrahán, padre del pueblo de Dios
En aquellos días,
el Señor dijo a Abrán: "Sal de tu tierra y de la casa de tu padre, hacia la tierra que te mostraré.
Haré de ti un gran pueblo, te bendeciré, haré famoso tu nombre, y será una bendición.
Bendeciré a los que te bendigan, maldeciré a los que te maldigan.
Con tu nombre se bendecirán todas las familias del mundo."

Abrán marchó, como le había dicho el señor.

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Salmo responsorial: Salmo 32:
 

La palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales;

él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra.
R./ Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, en los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre.
R./ Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti

Nosotros aguardamos al Señor: él es nuestro auxilio y escudo.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.
R./ Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti
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Segunda Lectura: 2 Timoteo 1, 8b-10: 
Dios nos llama y nos ilumina

Querido hermano:
Toma parte en los duros trabajos del Evangelio, según la fuerza de Dios.
Él nos salvó y nos llamó a una vida santa, no por nuestros méritos,
sino porque, desde tiempo inmemorial, Dios dispuso darnos su gracia, por medio de Jesucristo;
y ahora, esa gracia se ha manifestado al aparecer nuestro Salvador Jesucristo,
que destruyó la muerte y sacó a la luz la vida inmortal, por medio del Evangelio.

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Evangelio: Mateo 17,1-9: Su rostro resplandecía como el sol
En aquel tiempo, Jesús tomó consigo
a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan
y se los llevó aparte a una montaña alta.

Se transfiguró delante de ellos,
y su rostro resplandecía como el sol,

y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.

Y se les aparecieron Moisés y Elías
 conversando con él.


Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús:

"Señor, ¡qué bien se está aquí!
Si quieres, haré tres tiendas: una para ti,
otra para Moisés y otra para Elías."


Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa 
los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía:
"Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escúchenlo."
Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto.

Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: "Levántense, no teman."

Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo.

Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó:

"No cuenten a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos."
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Oración final
Dios Padre, Sabiduría eterna, visión infinita, Intuición total: 
danos profundidad en la mirada, potencia en el corazón, luz en los ojos del alma, 
para que seamos capaces de transfigurar la realidad y contemplar tu gloria ya ahora, 
en nuestra peregrinación terrestre.
Por Jesús, hijo tuyo y hermano nuestro. Amén. 
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TOA - 1er Domingo de Cuaresma - Domingo de las Tentaciones - Mt 4, 1-11

Gn 2, 7-9; 3,1-7: Creación y pecado de los primeros padres
Salmo responsorial 50: Misericordia, Señor: hemos pecado
Rom 5, 12-19: Si creció el pecado, más abundante fue la gracia
Mt 4, 1-11: Jesús ayuna cuarenta días y es tentado.
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La Cuaresma es un tiempo fuerte que debe ayudarnos a reflexionar sobre la importancia de nuestro bautismo y a darle a nuestra vida de fe el verdadero valor cristiano.  El bautismo nos permite participar en el misterio salvador de Jesús porque nos motiva a ser promotores de vida frente a situaciones de muerte, a ser agentes de paz en medio de la violencia, a reflejar la alegría de vivir en la verdad frente a tanta mentira. Nuestro crecimiento en la imagen de Dios, tiene un aspecto de morir a nosotros mismos y otro de resurrección a una nueva vida de amor en Dios.  Desde nuestra fe, una manera reflexiva de ver la vida es verla como una lucha entre el pecado y la gracia, el egoísmo y la santidad. Nuestro tiempo en la tierra tendrá éxito en la medida en que dejamos a un lado el pecado y tratar de vivir por la gracia de Dios. Este primer Domingo de la Cuaresma es conocido como “Domingo de las tentaciones”.

En las lecturas de Génesis y en el Evangelio de San Mateo se presentan tentaciones que tienen un paralelo opuesto y muestran el contraste de dos respuestas frente a la tentación:
- En las tentaciones, los primeros padres terminan  derrotados frente al mal lo que da origen al pecado. Adán y Eva, prefieren sus propias inclinaciones a la voluntad de Dios. 
El relato del Génesis resume dos temas bíblicos: La creación y el pecado original. Estos textos, y los del grupo de los once primeros capítulos del Génesis, se refieren a los inicios de la «historia de la Salvación».  El relato del pecado de Adán y Eva trata de explicar la presencia del mal en el mundo. ¿Por qué hay mal? ¿Por qué el dolor? ¿Por qué la muerte?   Los biblistas y teólogos que con las limitaciones de su tiempo y espacio histórico, buscaban respuestas a problemas humanos y existenciales como: el mal, la felicidad, la vida, nuestro origen, nuestro futuro. 

Jesús, el Salvador, enfrentó y resistió la tentación, permaneciendo fiel a lo que Dios Padre requería de él. Venciendo las tentaciones en el desierto, Jesús derrota a Satanás, muestra que con la fuerza de la palabra se puede vencer al mal. Su victoria nos trae gratuitamente la salvación. 


En su carta a los Romanos, San Pablo reflexiona sobre cómo estas decisiones nos afectan: el pecado de Adán solo nos trajo problemas, pero en Cristo, todos somos salvados y por la fidelidad a Él, se nos ofrece una nueva vida. 
Muestra que en la obra de Jesús hay un derroche de gracia y de salvación. Explica que el cimiento de la realidad humana no es el pecado, sino la gracia. Nuestra espiritualidad debe construirse desde la gracia, no desde el pecado. 
Dios nos da la vida nueva como un don, nos justifica y salva a través de Jesús. 
La tentación es de una forma u otra una parte inevitable de la vida. 
Si examinamos con sinceridad nuestra experiencia diaria, encontraremos varios aspectos de la tentación: Muchos son impulsos o tendencias contrarias a la manera correcta en que debemos hacer las cosas. Para suavizar y racionalizar su efecto en nuestras vidas y disculparlas, nosotros mismos queremos decir lo que es correcto o incorrecto, queremos dibujar nosotros mismos los límites del comportamiento "aceptable", sin el estorbo de los mandamientos morales y éticos de Dios.  Maduramos como cristianos al reconocer y aceptar nuestra vocación de luchar contra la tentación, para lograr el comportamiento y las actitudes que Jesús espera de nosotros. Debemos someter nuestra conducta a su evangelio. 

Cristo y Adán muestran las dos reacciones opuestas en cara a la tentación: Adán, modela a la humanidad pecadora, evasive y egoísta; busca “sus razones” para ceder a ella, y se rebela contra la voluntad de Dios. 
Jesús, arquetipo de la nueva búsqueda de Dios hombre, resiste la tentación, incluso varias veces. Muestra que la tentación sólo puede ser conquistada 
por esta mezcla de paciencia y lealtad, apoyado por la confianza 
de que lo que Dios requiere de nosotros es lo que es mejor para nosotros.

El relato de las tentaciones de Jesús se ligan  íntimamente a la del bautismo. 
Después del Bautismo, el Espíritu conduce a Jesús a un desierto. El desierto adonde es conducido recuerda el del éxodo de Israel, donde el pueblo fue infiel a Dios (Ex 17,1-7).  Allí se enfrentarán el Espíritu de Dios en Jesús contra Satanás y se demuestra la fuerza del Mesías en medio de los intentos de desviar a Jesús del camino señalado por el Padre. 

Satanás ofrece a Jesús la Gloria del mundo, el poder en su triple dimension: riqueza, prestigio y dominio. 
Hoy las tentaciones se presentan en esas dimensiones: saciar mi hambre, para llenar mi bolsillo o hinchar mi vanidad.
Esas son tentaciones a las que sucumbimos cuando usamos  a Dios olvidándonos de Dios. 

La Cuaresma es un tiempo en el que podemos recibir la gracia de conocer algo del horror del pecado
y del precio que nuestro Dios amoroso pagó para salvarnos de perdernos en él. 
La Cuaresma es un tiempo en el que toda la Iglesia se prepara
para celebrar la Resurrección de Jesús en la Pascua. 
No podemos hacer eso sin pasar por el Viernes Santo y todo lo que llevó a eso.

Una parte esencial de pasar por la Cuaresma, y ​​que implica algo de dolor,
es aceptar la responsabilidad de nuestros pecados personales
y pedir el perdón de Dios en el sacramento de la confesión o reconciliación. 
Esta es una expresión del amor de Dios por nosotros como pecadores,
un sacramento en el que Jesús nos da la gracia de resistir las tentaciones de Satanás como lo hizo en el evangelio.

La Cuaresma es un regalo que Dios da a la Iglesia cada año, un regalo personal a cada miembro de la Iglesia,
un tiempo en el que quiere poner estos pensamientos en mi mente cuando estoy orando.

   OREMOS
   Señor, 
   tú que animas nuestra fe, 
   consolidas nuestra esperanza y fortaleces nuestro amor, 
   haz que apostemos siempre por el bien, la justicia y la paz, 
   de modo que tu Reino crezca siempre, 
   superando toda tentación de construir este mundo y esta sociedad 
   sin contar contigo en nuestra vida. 
   Te lo pedimos por Jesús, hijo tuyo y hermano nuestro. 
   Amén.

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Lecturas Bíblias en Lenguaje Latinoamericano - TOA - 1er. Domingo de Cuaresma
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     Oración preparatoria
     Querido Jesús, ayúdame a escuchar tus palabras con la mente y el corazón,
     y que tu Santo Espíritu me guíe para vivirla día a día. ¡Amén!
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Primera lectura: Gn 2, 7-9; 3, 1-7
   Después de haber creado el cielo y la tierra, el Señor Dios tomó polvo del suelo
   y con él formó al hombre; le sopló en la nariz un aliento de vida,
   y el hombre comenzó a vivir. Después plantó el Señor un jardín al oriente del Edén
   y allí puso al hombre que había formado.
   El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles,
   de hermoso aspecto y sabrosos frutos, y además, en medio del jardín,
   el árbol de la vida y el árbol del conocimiento del bien y del mal.

   La serpiente era el más astuto de los animales del campo
   que había creado el Señor Dios. Un día le dijo a la mujer:
   “¿Es cierto que Dios les ha prohibido comer de todos los árboles del jardín?” 
   La mujer respondió:
   “Podemos comer del fruto de todos los árboles del jardín,
   pero del árbol que está en el centro, dijo Dios:
   ‘No comerán de él ni lo tocarán, porque de lo contrario, habrán de morir’ ”.

   La serpiente replicó a la mujer: “De ningún modo. No morirán.
   Bien sabe Dios que el día que coman de los frutos de ese árbol,
   se les abrirán a ustedes los ojos y serán como Dios, que conoce el bien y el mal”. 

   La mujer vio que el árbol era bueno para comer,
   agradable a la vista y codiciable, además, para alcanzar la sabiduría.

Tomó, pues, de su fruto, comió y le dio a su marido, que estaba junto a ella, el cual también comió.
Entonces se les abrieron los ojos a los dos y se dieron cuenta de que estaban desnudos.
Entrelazaron unas hojas de higuera y se las ciñeron para cubrirse.
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Salmo Responsorial: Salmo 50, 3-4. 5-6a. 12-13. 14 y 17 (cf. 3a)
Por tu inmensa compasión y misericordia, Señor, apiádate de mí y olvida mis ofensas.
Lávame bien de todos mis delitos y purifícame de mis pecados
R. Misericordia, Señor, hemos pecado.

Puesto que reconozco mis culpas, tengo siempre presentes mis pecados.
Contra ti sólo pequé, Señor, haciendo lo que a tus ojos era malo.
R. Misericordia, Señor, hemos pecado.

Crea en mí, Señor, un corazón puro, un espíritu nuevo para cumplir tus mandamientos.
No me arrojes, Señor, lejos de ti, ni retires de mí tu santo espíritu.
R. Misericordia, Señor, hemos pecado.

Devuélveme tu salvación, que regocija, mantén en mí un alma generosa.
Señor, abre mis labios, y cantará mi boca tu alabanza.
R. Misericordia, Señor, hemos pecado.
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Segunda lectura: Rom 5, 12-19
Hermanos: Así como por un solo hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado entró la muerte,
y así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron.

Antes de la ley de Moisés ya existía el pecado en el mundo y, si bien es cierto que el pecado no se castiga cuando no hay ley,
sin embargo, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés aun sobre aquellos que no pecaron como pecó Adán,
cuando desobedeció un mandato directo de Dios. Por lo demás, Adán era figura de Cristo, el que había de venir.

Ahora bien, el don de Dios supera con mucho al delito. Pues si por el delito de uno solo hombre todos fueron castigados con la muerte,
por el don de un solo hombre, Jesucristo, se ha desbordado sobre todos la abundancia de la vida y la gracia de Dios.
Tampoco pueden compararse los efectos del pecado de Adán con los efectos de la gracia de Dios.
Porque ciertamente, la sentencia vino a causa de un solo pecado y fue sentencia de condenación,
pero el don de la gracia vino a causa de muchos pecados y nos conduce a la justificación.

En efecto, si por el pecado de un solo hombre estableció la muerte su reinado,
con mucho mayor razón reinarán en la vida por un solo hombre, Jesucristo,
aquellos que reciben la gracia superabundante que los hace justos.

En resumen, así como por el pecado de un solo hombre Adán, vino la condenación para todos,
así por la justicia de un solo hombre, Jesucristo, ha venido para todos la justificación que da la vida.
Y así como por la desobediencia de uno, todos fueron hechos pecadores,
así por la obediencia de uno solo, todos serán hechos justos.
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O bien: Rom 5, 12. 17-19
Hermanos: Por un solo hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado entró la muerte,
y así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron.

En efecto, si por el pecado de un solo hombre estableció la muerte su reinado,
con mucho mayor razón reinarán en la vida por un solo hombre, Jesucristo,
aquellos que reciben la gracia superabundante que los hace justos.

En resumen, así como por el pecado de un solo hombre, Adán, vino la condenación para todos,
así por la justicia de un solo hombre, Jesucristo, ha venido para todos la justificación que da la vida.
Y así como por la desobediencia de uno, todos fueron hechos pecadores,
así por la obediencia de uno solo, todos serán hechos justos.
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Aclamación antes del Evangelio: Mt 4, 4
R.
Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
No sólo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
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Evangelio: Mt 4, 1-11
En aquel tiempo, Jesús fue conducido por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el demonio.
Pasó cuarenta días y cuarenta noches sin comer y, al final, tuvo hambre.
Entonces se le acercó el tentador y le dijo: “Si tú eres el Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes”.
Jesús le respondió: “Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios”
Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en la parte más alta del templo
y le dijo: “Si eres el Hijo de Dios, échate para abajo, porque está escrito:
Mandará a sus ángeles que te cuiden y ellos te tomarán en sus manos, para que no tropiece tu pie en piedra alguna” 2
Jesús le contestó: “También está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios” 3 
Luego lo llevó el diablo a un monte muy alto y desde ahí le hizo ver la grandeza de todos los reinos del mundo y le dijo:
“Te daré todo esto, si te postras y me adoras”.
Pero Jesús le replicó: “Retírate, Satanás,
porque está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él sólo servirás” 4

Entonces lo dejó el diablo y se acercaron los ángeles para servirle.
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Nota: 1. (Deut. 8,3).2. (Sal 91, 12). 3. (Deut 6, 16).4. (Deut. 6, 12).