domingo, 19 de enero de 2020

TOA - 2do. Domingo - Haciendo nuestro propio balance - Jn 1, 29-34

Las lecturas de hoy nos traen dos puntos para reflexionar: 

- Primero: la dramática y urgente invitación de San Juan a contemplar al Cordero de Dios; 

- Segundo: nos invitan a hacer un balance personal. 
¿A dónde vamos?
¿qué resoluciones podrían elevar la calidad de nuestra vida?
¿Qué es lo que en verdad quiero para mí y para los otros?

El Bautista nos insta a preguntarnos:
¿qué es lo que verdaderamente deseamos? 

Luego, nos invita a reajustar nuestras vidas. 

San Pablo nos recuerda que estamos "llamados a ser santos en unión con todos los que en todo lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo".

Un balance honesto puede revelar los motivos interesados y egoístas que a menudo dirigen nuestras vidas. 
Si verdaderamente queremos elevarnos por encima de estos motivos necesitamos apoyarnos en alguien más grande que nosotros, necesitamos apoyarnos en el Dios que cuida de nosotros y de toda la comunidad humana. 

¿En realidad queremos escuchar el llamado de Juan a restaurar lo que está roto, y más aún, el llamado de Jesús para traer luz al mundo? ¿Cómo podemos cooperar para detener el egoísmo, la injusticia y el pecado en el mundo?

Éstas y otra preguntas nos hacen ver que hacer nuestro balance es y siempre será difícil, el malignos nos hará pensar muchas veces que es mejor no hacerlo porque no tiene sentido o no cambiará nada. 

El balance personal nos confronta con lo que queremos ser, lo que somos y lo que debemos ser a la luz del Evangelio. 

Nos invita especialmente a no ir a la deriva junto con el mal de este mundo, tomando la línea de menor resistencia.

El discipulado es urgente y costoso, pero también es posible. 
Es el camino hacia la alegría, al gozo y a la paz. Es el cumplimiento de lo que nuestra alma anhela desde lo más profundo. 

Si escuchamos en verdad la llamada del Bautista,
nuestra respuesta será hacer un balance que va hacia la raíz de nuestro ser, desde nuestra bondad, desde nuestro gozo. 

Este balance personal puede incluso revelarnos la verdad, esa que siempre nos hace libres.

Evangelio: Jn 1, 29-34
En aquel tiempo, vio Juan el Bautista a Jesús, que venía hacia él, y exclamó: "Éste es el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo. Éste es aquel de quien yo he dicho:
'El que viene después de mí, tiene precedencia sobre mí,
porque ya existía antes que yo'. Yo no lo conocía, pero he venido
a bautizar con agua, para que él sea dado a conocer a Israel".

Entonces Juan dio este testimonio: "Vi al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y posarse sobre él.
Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: 'Aquel sobre quien veas que baja y se posa el Espíritu Santo, ése es el que ha de bautizar con el Espíritu Santo'.
Pues bien, yo lo vi y doy testimonio de que éste es el Hijo de Dios".
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domingo, 12 de enero de 2020

TOA - Bautismo del Señor - Espíritu de Dios se posó sobre él - Mt 3,13–17

Leamos:
Is 42,1-4.6-7: Miren a mi siervo, a quien prefiero
Salmo responsorial 28: El Señor bendice a su pueblo con la paz.
Hch 10,34-38: Ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo
Mt 3,13-17: Apenas se bautizó Jesús, vio que el Espíritu de Dios se posaba sobre él.

Primera lectura: Is 42, 1-4. 6-7

Esto dice el Señor: “Miren a mi siervo, a quien sostengo,
a mi elegido, en quien tengo mis complacencias.
En él he puesto mi espíritu para que haga brillar la justicia sobre las naciones.

No gritará, no clamará, no hará oír su voz por las calles;
no romperá la caña resquebrajada, ni apagará la mecha que aún humea.
Promoverá con firmeza la justicia, no titubeará ni se doblegará
hasta haber establecido el derecho sobre la tierra
y hasta que las islas escuchen su enseñanza.

Yo, el Señor, fiel a mi designio de salvación,
te llamé, te tomé de la mano, te he formado
y te he constituido alianza de un pueblo, luz de las naciones,
para que abras los ojos de los ciegos,
saques a los cautivos de la prisión
y de la mazmorra a los que habitan en tinieblas”.


Salmo Responsorial: Salmo 28, 1a y 2. 3ac-4. 3b y 9b-10 (11b)
Hijos de Dios, glorifiquen al Señor, denle la gloria que merece.
Postrados en su templo santo, alabemos al Señor.
R. Te alabamos, Señor.

La voz del Señor se deja oír sobre las aguas torrenciales.
La voz del Señor es poderosa, la voz del Señor es imponente. 
R. Te alabamos, Señor.

El Dios de majestad hizo sonar el trueno de su voz.
El Señor se manifestó sobre las aguas desde su trono eterno.
R. Te alabamos, Señor.

Segunda lectura: Hch 10, 34-38
En aquellos días, Pedro se dirigió a Cornelio y a los que estaban en su casa, con estas palabras: “Ahora caigo en la cuenta de que Dios no hace distinción de personas, sino que acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que fuere. Él envió su palabra a los hijos de Israel, para anunciarles la paz por medio de Jesucristo, Señor de todos.

Ya saben ustedes lo sucedido en toda Judea, que tuvo principio en Galilea, después del bautismo predicado por Juan: cómo Dios ungió con el poder del Espíritu Santo a Jesús de Nazaret, y cómo éste pasó haciendo el bien, sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él”.

Aclamación antes del Evangelio: Mc 9, 7
R. Aleluya, aleluya.
Se abrió el cielo y resonó la voz del Padre, que decía: “Éste es mi Hijo amado; escúchenlo”.
R. Aleluya.

Evangelio: Mt 3, 13-17
En aquel tiempo, Jesús llegó de Galilea al río Jordán y le pidió a Juan que lo bautizara. Pero Juan se resistía, diciendo: “Yo soy quien debe ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a que yo te bautice?” Jesús le respondió: “Haz ahora lo que te digo, porque es necesario que así cumplamos todo lo que Dios quiere”. Entonces Juan accedió a bautizarlo.

Al salir Jesús del agua, una vez bautizado, se le abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios, que descendía sobre él en forma de paloma y oyó una voz que decía desde el cielo: “Éste es mi Hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias”.
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Reflexionemos:
Luego de estos días de alegría y mucha energía del Adviento y la Navidad, comenzamos de nuevo el tiempo ordinario. Comenzamos el desafío de ser personas extraordinarias en medio de las cosas ordinarias. Nos toca continuar siendo el reflejo constante de la luz de todas las luces: Jesucristo Emmanuel. Como comunidad de creyentes celebramos en nuestra liturgia el bautismo de Jesús. Renovamos también nuestro bautismo y pertenencia a su proyecto de vida. El bautismo de Jesús es un momento de gracia especial en nuestra historia de salvación. No sólo se une a nosotros en nuestro estado pecaminoso, sino que el Padre y el Espíritu se ven, se oyen y están presentes allí, con él.

El profeta Isaías, describe la actitud del siervo de Dios. Los servidores de Yahvé son llamados y fortalecidos por el Espíritu y se les da la misión de hacer presente la actitud que Yahvé tiene para con la humanidad; ser promotores de justicia para todos y anunciar la fuerza que saca al ser humano de la debilidad. 

En los Hechos de los Apóstoles, Lucas afirma que el mensaje de salvación, vivido y anunciado por Jesús de Nazaret, está abierto para todas las razas y pueblos, sin excepción. Cada uno de nosotros necesita encontrar un sentido, propósito y modelo para nuestra vida cristiana.
Por eso, para ser parte de la obra salvífica de Dios debemos: 
a) Cambiar nuestras actitudes y prácticas de vida. 
b) Respetar más a Dios y practicar su justicia y no la nuestra. 
c) Abrirnos a la acción de Dios y abandonar todo egoísmo. 
d) Ir en total libertad al encuentro del otro, porque en ese encuentro siempre se manifiesta Dios.
e) Al estilo de Jesús, debo pasar por la vida “haciendo el bien”, despojado de todo interés egoísta, cambiando constantemente para poder ser testigo de la salvación.

Mateo identifica al verdadero bautizado: Es el obediente a la voluntad del Padre. Cuando Jesús habla con Juan sobre “La justicia plena” se refiere a que el bautismo nos debe llevar a la justicia de Dios a su plenitud, tal y como lo hizo Jesús con sus actitudes y comportamientos, siempre haciendo la voluntad de Dios. Esta seguridad muestra la íntima relación existente entre el Hijo de Dios y el proyecto del Padre.

La obediencia y apertura de Jesús a la acción de Dios afirma su condición de hijo, Jesús es hijo porque obedece y se identifica con el Padre, se hace uno con él. Esta identidad de Jesús de ser Hijo del Padre-Dios se re-afirma cuando: el cielo se abre, desciende el Espíritu y la voz de Dios lo llama su Hijo predilecto. Jesús es hijo al modo del siervo sufriente descrito en Isaías (Is 42,1). Este hijo obediente se mete en nuestra historia y participa en todo de la realidad humana.

En nuestro tiempo, el renovar nuestro bautismo provoca y lleva a abrirnos más a la voluntad de Dios; nos lleva a asumir, como modo normal de vida, el ser hijos de Dios, identificarnos en todo con el Padre y procurar hacer presente con nuestras vidas la justicia y el amor de Dios.

Muchos hemos limitado el bautismo al mero rito religioso, desligándolo de la vida y experiencia de fe de la persona creyente. Hemos olvidado que el bautismo es central y fundamental para el cristiano, porque evoca la vida, la muerte y la resurrección de Cristo y nuestra participación en este misterio.

Hoy como bautizados debemos dar testimonio que Dios actúa en mi vida; me ayuda a vivir en medio de la comunidad promoviendo la solidaridad y la justicia con los más débiles. En ellos actúa Dios, con ellos y por ellos nos salva y libera también a nosotros, nos da la fuerza para vencer al pecado y vivir liberados por Dios. El bautismo debe volver a ser, la entrega generosa a Dios y a los hermanos a ejemplo del mismo Cristo, vivir la vida haciendo siempre el bien.
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Oremos:
Dios Padre nuestro,
que en el bautismo de Jesús lo has proclamado como tu “Hijo muy amado, el predilecto”;
te suplicamos nos cobijes bajo su nombre y nos concedas
conformarnos cada día más cercanamente a su imagen,
haciendo nuestra su Causa
y prosiguiendo su misión de ser “luz de las naciones”
y de “implantar el Derecho en la tierra”.
Te lo pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Señor…

jueves, 2 de enero de 2020

TOA - María, Madre de Dios y Madre nuestra - Lucas 2,16-21

Leamos:


Primera Lectura: Números 6,22-27:
Invocarán mi nombre sobre los israelitas, y yo los bendeciré


El Señor habló a Moisés: "Di a Aarón y a sus hijos: Ésta es la fórmula con que bendecirás a los israelitas:
"El Señor te bendiga y te proteja,
ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor.
El Señor se fije en ti y te conceda la paz".
Así invocarán mi nombre sobre los israelitas, y yo los bendeciré."

Salmo responsorial: 66: 
El Señor tenga piedad y nos bendiga, ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos, todos los pueblos tu salvación.
R: / El Señor tenga piedad y nos bendiga.

Que canten de alegría las naciones, porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud y gobiernas las naciones de la tierra.
R: / El Señor tenga piedad y nos bendiga.

Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.
Que Dios nos bendiga; que le teman hasta los confines del orbe.
R: / El Señor tenga piedad y nos bendiga.

Segunda Lectura: Gálatas 4,4-7: Envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer
Hermanos: Cuando se cumplió el tiempo,
envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la Ley,
para rescatar a los que estaban bajo la Ley,
para que recibiéramos el ser hijos por adopción.

Como son hijos, Dios envió a nuestros corazones
al Espíritu de su Hijo que clama: "¡Abbá! "Padre".

Así que ya no eres esclavo, sino hijo;
y si eres hijo, eres también heredero por voluntad de Dios.

Evangelio: Lucas 2,16-21: Encontraron a María y a José, y al niño.
En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo a Belén
y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre.
Al verlo, contaron lo que les habían dicho de aquel niño.
Todos los que lo oían se admiraban de lo que les decían los pastores.
Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.
Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho. 

Al cumplirse los ocho días, tocaba circuncidar al niño,
y le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.



Reflexionemos:

En el Concilio de Éfeso en el año 451, la madre de Jesús fue proclamada solemnemente como "Theotokos" o "Madre de Dios" - como una declaración adicional a la fe en la divinidad de su Hijo, Jesucristo. Bajo ese título todavía es reverenciada por la mayoría de los cristianos de todo el mundo. La fiesta de hoy nos anima a poner nuestras esperanzas y planes para el nuevo año que comienza bajo su cuidado maternal.
La reacción más común de los que fueron testigos de los milagros de Jesús fue de asombro. Por ejemplo, en la Transfiguración, cuando su rostro se puso brillante como el sol, Peter fue abrumado con reverencia y dijo: "Señor, es maravilloso para nosotros estar aquí." Tal reverencia estaba profundamente arraigada en María, nuestra Madre en la fe, la primera en creer en Cristo. Muchos de los fieles piensan en ella como piensan de los tres apóstoles que miran al Cristo transfigurado. 
Con demasiada frecuencia, la imaginamos como la virgen de las tarjetas Navideñas, serena y sentada, con un fondo de oro brillante y nieve cayendo, con ángeles asomándose. Esta escena nunca pasó en su vida. La verdadera María de Nazaret nunca conoció el éxito en su vida. Nunca nadie vivió, sufrió y murió con tal sencillez como ella lo hizo, compartiendo hasta el final la dignidad de los pobres.
Esto lo sabemos por un par de frases cortas en los evangelios. Ella se se veía y se sentía una sierva, María era la humilde siervo del Señor, dependía enteramente de la Providencia y era sostenida por la bondad de Dios. En el Concilio Vaticano II, los obispos nos dijeron que María se destaca entre los pobres y los humildes del Señor, que esperan con confianza la salvación de Dios (lum.. Gent 55). En los cuatro primeros siglos de la Iglesia, los escritores hicieron hincapié en la fe de María en la Anunciación en lugar de su maternidad divina. La Virgen creyó, y en su fe concibió, o como lo pone San Agustín, "Ella concibió a Jesús en su corazón antes de concebirlo en su seno." María, a quien veneramos también como Madre del Buen Consejo, puede guiarnos y aconsejarnos en cuestiones de fe. Ella quiere engendrar la fe en nosotros, quiere ser nuestra Madre en la fe. Por este motivo, en el Evangelio de San Juan, ella está presente al principio y al final de la vida pública de Cristo.
Con una corta frase, Juan es el único evangelio que registra la presencia de María en el Calvario, "Junto a la cruz de Jesús estaba su Madre" (Jn 19:25). Cuando a muchos, todas las señales y milagros prodigiosos realizados por Jesús les pareció un engaño o ilusiones, su madre seguía allí hasta que expiró su último aliento, creyendo todavía, creyendo siempre. La fe en su Hijo no necesitaba milagros asombrosos, se basaba en la confianza incondicional, como la de un niño en sus padres, en los misteriosos caminos de Dios nuestro Padre eterno. Su papel de Madre no termina ni cuando ve como la vida de su hijo es extingue dolorosamente. Ni en estos difíciles y duros momentos ella deja de ser madre, de su hijo-dios, que en la cruz redentora y reconciliadora, lo entrega todo por nuestra salvación. Lo asume todo, lo sufre todo, lo entrega todo y sigue creyendo. En la hora de su muerte, de Jesús da nueva vida a su Iglesia cuando le dice a Juan: "Ahí tienes a tu Madre." La madre de Jesús será en adelante la madre de todos sus discípulos, incluso mía y de usted.
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Oremos: EL ANGELUS


L. El Ángel del Señor anuncio a María;
R. Y concibió por obra del Espíritu Santo.
L. Dios te salve María llena eres de gracia
     el Señor es contigo;
     bendita tú eres entre todas las mujeres,
     y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
R. Santa María, Madre de Dios,
     ruega por nosotros, pecadores,
     ahora y en la ahora de nuestra muerte. ¡Amén!


L. Aquí está la esclava del Señor;
R. Hágase en mi según tu palabra.
L. Dios te salve María llena eres de gracia
     el Señor es contigo;
     bendita tú eres entre todas las mujeres,
     y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
R. Santa María, Madre de Dios,
     ruega por nosotros, pecadores,
     ahora y en la ahora de nuestra muerte. ¡Amén!

L.  Y el Hijo de Dios se hizo hombre;
R. Y habitó entre nosotros.
L. Dios te salve María llena eres de gracia
     el Señor es contigo;
     bendita tú eres entre todas las mujeres,
     y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

R. Santa María, Madre de Dios,
     ruega por nosotros, pecadores,
     ahora y en la ahora de nuestra muerte. ¡Amén!

L. Ruega por nosotros Santa Madre de Dios.
R. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.

Oración: 
Derrama, Señor, tu gracia sobre nosotros,
que, por el anuncio del Ángel,
hemos conocido la encarnación de tu Hijo,
para que lleguemos, por su pasión y su cruz,
y con la intercesión de la Virgen María,
a la gloria de la resurrección.
Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.

TOA - Epifanía - Vinieron de Oriente - Mt 2, 1-12


Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano - TOA - La Epifanía

Leamos: Primera Lectura: Isaías 60, 1-6: La gloria del Señor amanece sobre ti


¡Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti!
Mira: las tinieblas cubren la tierra, la oscuridad los pueblos, pero sobre ti amanecerá el Señor,
su gloria aparecerá sobre ti; y caminarán los pueblos a tu luz; los reyes al resplandor de tu aurora.
Levanta la vista en torno, mira: todos ésos se han reunido, vienen a ti:
tus hijos llegan de lejos, a tus hijas las traen en brazos.
Entonces lo verás, radiante de alegría; tu corazón se asombrará, se ensanchará,
cuando vuelquen sobre ti los tesoros del mar y te traigan las riquezas de los pueblos.
Te inundará una multitud de camellos, los dromedarios de Madián y de Efá.
Vienen todos de Sabá, trayendo incienso y oro, y proclamando las alabanzas del Señor.
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Salmo responsorial: 71, 1-2. 7-8. 10-11. 12-13
Se postrarán ante ti, Señor, todos los reyes de la tierra.
Dios mío, confía tu juicio al rey, tu justicia al hijo de reyes:
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud.
R./ Que te adoren, Señor, todos los pueblos.

Que en sus días florezca
la justicia y la paz hasta que falte la luna;
que domine de mar a mar,
del Gran Río al confín de la tierra.
R./ Que te adoren, Señor, todos los pueblos.

Que los reyes de Tarsis y de las islas le paguen tributos;
que los reyes de Sabá y de Arabia le ofrezcan sus dones,
que se postren ante él todos los reyes,
y que todos los pueblos le sirvan.
R./ Que te adoren, Señor, todos los pueblos.

Porque él librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía protector;
él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres.
R./ Que te adoren, Señor, todos los pueblos.

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Segunda Lectura: Efesios 3, 2-6: Ahora ha sido revelado que también los gentiles son coherederos
Hermanos: Han oído hablar de la distribución de la gracia de Dios que se me ha dado en favor suyo.
Ya que se me dio a conocer por revelación el misterio que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos,
como ha sido revelado ahora por el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas:
que también los gentiles son coherederos,
miembros del mismo cuerpo y partícipes de la Promesa en Jesucristo, por el Evangelio. 
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Evangelio: Mateo 2, 1-12: Venimos de Oriente para adorar al Rey.

Jesús nació en Belén de Judá en tiempos del Rey Herodes.
 Entonces, unos Magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: 
"¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? 
Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo". 

Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y todo Jerusalén con él;
convocó a los sumos pontífices y a los letrados del país,
y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías.
Ellos le contestaron: "En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el profeta: 
"Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judá;
pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel". 

Entonces Herodes llamó en secreto a los Magos,
para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella,
y los mandó a Belén, diciéndoles: "Vayan y averiguen cuidadosamente qué hay del niño, 
y, cuando lo encuentren, avísenme, para ir yo también a adorarlo".

Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, 
y de pronto la estrella que habían visto salir
comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño.
Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría.
Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron;
después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.
Y habiendo recibido en sueños un oráculo para que no volvieran a Herodes,
se marcharon a su tierra por otro camino. 
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Reflexionemos:
Hoy vivimos en tiempos de pluralismo religioso y su teología abierta a todas las culturas. Hasta hoy, ser misionero era ser proselitista para “convertir al cristianismo” a los “gentiles”. A lo largo de nuestra historia, cometimos muchísimos errores y atrocidades en este afán de convertir a la fuerza a quienes tenía otras formas de ver y sentir a Dios. El sentido de lo «misionero» y de la «universalidad cristiana» han cambiado en lo profundo de su significado. Hoy hemos descubierto que la gracia de Dios se manifiesta en todos los pueblos, personas y culturas.

El “Tercer Isaías” escribía en la época de la restauración, del regreso de los exiliados en Babilonia a la gran ciudad de Dios: Jerusalén. Al llegar a Israel, los exiliados encuentran sus ciudades destruidas, sus campos abandonados o en manos de otras familias, las murallas derruidas y el templo de Yahvé, incendiado. Esta dura realidad los desanimó y sólo querían reconstruir sus casas y campos. Sus esperanzas y motivaciones se apartaron de la restauración del templo y de la confianza en la venida gloriosa de Yahvé, trayendo la salvación plena para Israel. 

Isaías anima a su pueblo, los llama a poner su fe y su corazón en la fuerza salvadora de Yahvé, que viene con la paz y la justicia para su pueblo. Les dice que Dios iniciará una nueva época para Israel, donde la luz de Dios destruirá todas las fuerzas del mal.

En su carta a Los Efesios, Pablo afirma que la salvación de Dios, a través de Jesús, es para “todos”, judíos y paganos. Según Pablo, el plan de Dios, es formar un solo pueblo, una sola comunidad creyente, un solo cuerpo, una sola Iglesia, un organismo vivo que comunique a toda la creación la vida y la salvación que regala Dios. El misterio recibido es que la Buena Nueva de Cristo es también para los paganos, ellos coheredan y son miembros del mismo Cuerpo. Dios quiso revelarse a toda la humanidad sin excepción, actúa en todos, salva a todos, reconcilia a todos. 

La Epifanía, refuerza lo universal de la salvación de Dios. Mateo expresa el origen divino de Jesús y su tarea salvadora de Mesías, rey de Israel y heredero del trono de David, por eso, nunca nombra con exactitud el lugar donde nace Jesús y confirma con el Antiguo Testamento, que con su venida en la historia se cumplen las profesías.

Con su rechazo a este nacimiento, las autoridades políticas (Herodes) y religiosas (sumos sacerdotes y escribas) del pueblo judío se autoecluyen del gozo infinito de los magos, venidos de oriente. Ellos anuncian ya ese carácter universal de la misión de Jesús, la apertura del evangelio a los paganos y su vinculación a la comunidad cristiana.

En el Nuevo Testamento vemos referencias a Belén en las narraciones de Juan 7,42, de Mateo 2 y Lucas 2 sobre el nacimiento del Salvador en la ciudad de David. La tradición de que el Mesías debe nacer en Belén viene del texto de Miqueas 5,2. Él dice que de Belén Efrata debe salir quien gobernará Israel y será pastor del pueblo. Hoy sabemos que Jesús nació más probablemente en Nazaret, y que la afirmación de que nació en Belén es una afirmación teológica.

El término “magos” procede del griego “magoi”, que significa matemático, astrónomo y astrólogo. Las dos últimas disciplinas eran una sola en la antigüedad, con ambas se podía estudiar el destino y designio de las personas. Lo más probable es que los reyes magos eran astrónomos o conocedores del cielo. El teólogo y abogado cartaginés Tertuliano (160-220 d.C.) aseguró que los magos eran reyes y que procederían de Oriente. En la visita de los magos a Jesús, los Padres de la Iglesia ven simbolizadas la realeza (oro), la divinidad (incienso) y la pasión de Cristo (mirra).

En la epifanía del Señor debemos confesar nuestra fe en un Dios para toda la humanidad, presente en todas las culturas, que actúa en todos que invita a la comunidad de fe a abrir sus puertas a las necesidades y pluralidades del mundo actual. 
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Oremos:

Dios, Padre nuestro: 
el relato evangélico nos narra
que en un día como éste Jesús fue reconocido
por unos magos venidos de Oriente en su búsqueda.

Haz que quienes te buscan,
encuentren y sigan las estrellas que Tú pones en su camino,
y quienes ya te hemos encontrado
podamos contemplar un día, 
cara a cara, la gloria de tu rostro. 

Concede la paz al Medio Oriente 
para que todas y todos los que trabajan por ella
en esos pueblos donde te has revelado
puedan vivir en paz.

Por Jesucristo nuestro Señor y rey universal.


sábado, 28 de diciembre de 2019

TOA - La Sagrada Familia - Modelo para la familia de hoy - Mt 2, 13-15. 19-23

De repente puede parecernos que esta fiesta nos pone un ideal demasiado alto para la vida de las familias. Lo cierto es que la Sagrada Familia tuvo que enfrentar muchos problemas como mu7chos de nosotros hoy día.  Aunque la llamamos la Sagrada Familia, Así como cada seguidor de Jesús tiene una cruz que cargar, también la sagrada familia tuvo que experimentar la cruz en su vida compartida. Imaginen el malentendido de María y luego de José sobre la concepción de Jesús antes de que vivan  juntos. José incluso planeaba divorciarse de María en privado antes de saber que era obra de Dios. En su nacimiento, Jesús nace en un refugio de animales, porque no se pudieron encontrar mejor luagar.

San Mateo muestra cómo la pequeña familia tuvo que huir como refugiados a Egipto porque la vida del niño Jesús estaba en peligro por la locura del rey Herodes. Es como si hoy se repite en las familias Palestinas, perseguidas y bombardeadas por pedir el derecho de vivir en paz en su propia tierra, o de los refugiados de países destruidos por guerras financiadas por Europa, Israel, América o Arabia Saudita que tienen que huir para salvar sus vidas. Ojalá que esto nos ayude a ser conscientes y mostrar más empatía hacia los refugiados que buscan una vida más segura que la que tenían en los países de los que huyeron. 

Algunos sostienen que muchos egipcios se convirtienron al cristianismo gracias a la visita de la sagrada familia, a esos cristianos se le conoce como Coptos. Se designa a los Cristianos de Egipto como "coptos". Estos cristianos pertenecen a las iglesias coptas. Hay dos iglesias coptas principales, una católica (minoritaria), y otra ortodoxa (mayoritaria), además hay iglesias coptas protestantes, entre otras vertientes. Para efectos litúrgicos, los coptos católicos y ortodoxos utilizan el idioma copto y un calendario copto propio.

Las familias copta han sido objeto de discriminación y diversas persecuciones religiosas, aun en la era moderna, además de ser el blanco de ataques de grupos militantes extremistas islámicos.

San Lucas ilustrar también las pruebas enfrentaron María y José al tratar de comprender el desarrollo de Jesús adolescente. Cuando tenía doce años, lo perdieron por tres días y luego tuvieron que lidiar con la explicación insatisfactoria de que "tenía que ocuparse de los asuntos de su padre". Aún así, regresó con ellos a Nazaret y estaba sujeto a ellos, en el ritmo tranquilo de la vida familiar en su pueblo. Suponiendo que José había muerto antes de que Jesús comenzara su ministerio público, durante la vida pública de Jesús María debe haber sufrido por no entenderlo a plenitud. Imaginemos la confusión de María y José en el Templo cuando Jesús era un bebé y el viejo Simeón predijo que una espada de tristeza perforaría el alma de María. Cómo debe haberle dolido escuchar a sus enemigos decir que Jesús era un glotón y un borracho, un amigo de recaudadores de impuestos y pecadores, y al final, cuando María vio morir a su hijo en desgracia pública, en la cruz.

¿Qué sostuvo a la familia de Nazaret en todas estas cruces y pruebas? Lo que mantiene unidas a las familias en tiempos difíciles es el amor, la confianza y la fe. Siempre que las familias son felices y creyentes, el amor y el respeto florece entre ellos. Hoy, oramos por un derramamiento de esas cualidades en nuestras familias. La gran amenaza para la vida familiar de hoy es que no pasamos suficiente tiempo juntos. Nos ocupamos tanto trabajando, socializando, con nuestros dispositivos electrónicos o mirando televisión que no hacemos tiempo para hablar entre nosotros.

Una abogada, una ocupada mujer de carrera, vivía a solo diez kilómetros de su viejo padre viudo. Pero a menudo pasaban meses entre sus visitas a él; y cuando su padre le envió un mensaje de texto para preguntarle cuándo podría llevar a sus nietos a visitarlo, detalló muchas razones que la mantenían demasiado ocupada para verlo, horarios de la corte, reuniones, nuevos clientes, investigación, etc. Su padre frunció el ceño y luego preguntó: «Cuando muera, ¿vendrás a mi funeral?» La hija estaba indignada. “Papá, ¿cómo puedes preguntarme eso? ¡Por supuesto, estaré allí! "Él sonrió y dijo:" ¡Ah! Entonces, por favor, olvida mi funeral y ven a visitarme ahora. Te necesito ahora más de lo que lo haré entonces ”. El mensaje fue entendido, y su hija comenzó a visitarlo regularmente. 

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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano - La Sagrada Familia, TOA

Primera lectura: Eclesiástico (Sirácide) 3, 3-7. 14-17a 
El Señor honra al padre en los hijos
y respalda la autoridad de la madre sobre la prole.

El que honra a su padre queda limpio de pecado;
y acumula tesoros, el que respeta a su madre.

Quien honra a su padre, encontrará alegría en sus hijos
y su oración será escuchada;
el que enaltece a su padre, tendrá larga vida
y el que obedece al Señor, es consuelo de su madre.

Hijo, cuida de tu padre en la vejez y en su vida no le causes tristeza;
aunque se debilite su razón, ten paciencia con él
y no lo menosprecies por estar tú en pleno vigor.
El bien hecho al padre no quedará en el olvido
y se tomará a cuenta de tus pecados.

Salmo Responsorial: Salmo 127, 1-2. 3. 4-5 (1)
Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos:
comerá del fruto de su trabajo, será dichoso, le irá bien.
R. Dichoso el que teme al Señor.
Su mujer, como vid fecunda, en medio de tu casa;
sus hijos, como renuevos de olivo, alrededor de su mesa.
R. Dichoso el que teme al Señor.
Esta es la bendición del hombre que teme al Señor: "Que el Señor te bendiga desde Sión,
que veas la prosperidad de Jerusalén todos los días de tu vida".
R. Dichoso el que teme al Señor.

Segunda lectura: Col 3, 12-21
Hermanos: Puesto que Dios los ha elegido a ustedes, los ha consagrado a él y les ha dado su amor, sean compasivos, magnánimos, humildes, afables y pacientes. Sopórtense mutuamente y perdónense cuando tengan quejas contra otro, como el Señor los ha perdonado a ustedes. Y sobre todas estas virtudes, tengan amor, que es el vínculo de la perfecta unión.

Que en sus corazones reine la paz de Cristo, esa paz a la que han sido llamados, como miembros de un solo cuerpo. Finalmente, sean agradecidos.

Que la palabra de Cristo habite en ustedes con toda su riqueza. Enséñense y aconséjense unos a otros lo mejor que sepan. Con el corazón lleno de gratitud, alaben a Dios con salmos, himnos y cánticos espirituales; y todo lo que digan y todo lo que hagan, háganlo en el nombre del Señor Jesús, dándole gracias a Dios Padre, por medio de Cristo.

Mujeres, respeten la autoridad de sus maridos, como lo quiere el Señor. Maridos, amen a sus esposas y no sean rudos con ellas. Hijos, obedezcan en todo a sus padres, porque eso es agradable al Señor. Padres, no exijan demasiado a sus hijos, para que no se depriman.

O bien:

Col 3, 12-17
Hermanos: Puesto que Dios los ha elegido a ustedes, los ha consagrado a él y les ha dado su amor, sean compasivos, magnánimos, humildes, afables y pacientes. Sopórtense mutuamente y perdónense cuando tengan quejas contra otro, como el Señor los ha perdonado a ustedes. Y sobre todas estas virtudes, tengan amor, que es el vínculo de la perfecta unión.

Que en sus corazones reine la paz de Cristo, esa paz a la que han sido llamados, como miembros de un solo cuerpo. Finalmente, sean agradecidos.

Que la palabra de Cristo habite en ustedes con toda su riqueza. Enséñense y aconséjense unos a otros lo mejor que sepan. Con el corazón lleno de gratitud, alaben a Dios con salmos, himnos y cánticos espirituales; y todo lo que digan y todo lo que hagan, háganlo en el nombre del Señor Jesús, dándole gracias a Dios Padre, por medio de Cristo.

Aclamación antes del Evangelio: Col 3, 15a. 16a
R. Aleluya, aleluya.
Que en sus corazones reine la paz de Cristo; que la palabra de Cristo habite en ustedes con toda su riqueza.
R. Aleluya.

Evangelio: Mt 2, 13-15. 19-23
Después de que los Magos partieron de Belén, el ángel del Señor se le apareció en sueños a José y le dijo: "Levántate, toma al niño y a su madre, y huye a Egipto. Quédate allá hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo".

José se levantó y esa misma noche tomó al niño y a su madre y partió para Egipto, donde permaneció hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que dijo el Señor por medio del profeta: De Egipto llamé a mi hijo.

Después de muerto Herodes, el ángel del Señor se le apareció en sueños a José y le dijo: "Levántate, toma al niño y a su madre y regresa a la tierra de Israel, porque ya murieron los que intentaban quitarle la vida al niño".

Se levantó José, tomó al niño y a su madre y regresó a tierra de Israel. Pero, habiendo oído decir que Arquelao reinaba en Judea en lugar de su padre, Herodes, tuvo miedo de ir allá, y advertido en sueños, se retiró a Galilea y se fue a vivir en una población llamada Nazaret. Así se cumplió lo que habían dicho los profetas: Se le llamará nazareno.

Oración:
Oh Señor y Dios mío,
que tus palabras, resuenen en mis pensamientos,
en mis labios y en mi corazón.
Que sean mi guía en mi viaje por la vida
y me mantengan siempre cerca de Ti.

TOA - Navidad - La Natividad del Señor, Misa de medianoche - Lc 2, 1-14






Primera lectura: Is 9, 1-3. 5-6
El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz;
sobre los que vivían en tierra de sombras, una luz resplandeció.

Engrandeciste a tu pueblo e hiciste grande su alegría.
Se gozan en tu presencia como gozan al cosechar,
como se alegran al repartirse el botín.

Porque tú quebrantaste su pesado yugo,
la barra que oprimía sus hombros y el cetro de su tirano,
como en el día de Madián.

Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado;
lleva sobre sus hombros el signo del imperio y su nombre será: 
“Consejero admirable”, “Dios poderoso”, 
“Padre sempiterno”, “Príncipe de la paz”;
para extender el principado con una paz sin límites
sobre el trono de David y sobre su reino; 
para establecerlo y consolidarlo
con la justicia y el derecho, 
desde ahora y para siempre. 
El celo del Señor lo realizará.


Salmo Responsorial: Sal 95, 1-2a. 2b-3. 11-12. 13
R. (Lc 2, 11) Hoy nos ha nacido el Salvador.
Cantemos al Señor un canto nuevo, que le cante al Señor toda la tierra;
cantemos al Señor y bendigámoslo.
R. Hoy nos ha nacido el Salvador.

Proclamemos su amor día tras día,
su grandeza anunciemos a los pueblos; de nación, sus maravillas.
R. Hoy nos ha nacido el Salvador.

Alégrense los cielos y la tierra, retumbe el mar y el mundo submarino.
Salten de gozo el campo y cuanto encierra, manifiesten los bosques regocijo.
R. Hoy nos ha nacido el Salvador.

Regocíjese todo ante el Señor, porque ya viene a gobernar el orbe.
Justicia y rectitud serán las normas con las que rija a todas las naciones.
R. Hoy nos ha nacido el Salvador.

Segunda Lectura: Tt 2, 11-14
Querido hermano:
La gracia de Dios se ha manifestado para salvar a todos los hombres
y nos ha enseñado a renunciar a la irreligiosidad y a los deseos mundanos,
para que vivamos, ya desde ahora, de una manera sobria, justa y fiel a Dios,
en espera de la gloriosa venida del gran Dios y Salvador,
Cristo Jesús, nuestra esperanza.

Él se entregó por nosotros para redimirnos de todo pecado y purificarnos,
a fin de convertirnos en pueblo suyo,
fervorosamente entregado a practicar el bien.

Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
Les anuncio una gran alegría: hoy nos ha nacido el Salvador, que es Cristo, el Señor.
R. Aleluya.
Evangelio: Lc 2, 1-14
Por aquellos días,
se promulgó un edicto de César Augusto,
que ordenaba un censo de todo el imperio.
Este primer censo se hizo cuando Quirino era gobernador de Siria.

Todos iban a empadronarse, cada uno en su propia ciudad;
así es que también José,
perteneciente a la casa y familia de David,
se dirigió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea,
a la ciudad de David, llamada Belén, para empadronarse,
juntamente con María, su esposa, que estaba encinta.

Mientras estaban ahí, le llegó a María el tiempo de dar a luz
y tuvo a su hijo primogénito;
lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre,
porque no hubo lugar para ellos en la posada.

En aquella región había unos pastores que pasaban la noche en el campo, vigilando por turno sus rebaños.
Un ángel del Señor se les apareció y la gloria de Dios los envolvió con su luz y se llenaron de temor.

El ángel les dijo: “No teman. Les traigo una buena noticia, que causará gran alegría a todo el pueblo:
hoy les ha nacido, en la ciudad de David, un Salvador, que es el Mesías, el Señor. 
Esto les servirá de señal: encontrarán al niño envuelto en pañales y recostado en un pesebre”.

De pronto se le unió al ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo:
“¡Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad!”


El rol y la misión de María

Dios quiso que su Hijo eterno sea el Salvador de todo el género humano. 
En el lenguaje fastuoso de Isaías, escuchamos acerca de él que
"Las naciones verán tu justicia, y todos los reyes tu gloria;
y te será dado un nombre nuevo, que saldrá de la boca del Señor... ";
¡Es para nuestra salvación que Él vino!

Por eso, para compartir con nosotros la amorosa providencia de Dios,
Él eligió asumir nuestra humanidad, en la carne, en su debilidad, en su totalidad. 

Por eso también, ¡Él eligió nacer de una mujer, de una madre!

Ese fue el importantísimo rol y la misión asumida en libertad y alegría de María:
ser la madre, la cálida mujer,
la mujer valiente y entregada al servicio del plan salvífico de Dios.

El Catecismo de la Iglesia Católica nos dice:
"Para llegar a ser la madre del Salvador,
María fue enriquecida por Dios con dones a la medida de su papel. 

El ángel Gabriel la saluda como llena de gracia –
como la mujer que ya estaba totalmente lista
para la gran misión de su vida y de la humanidad entera.

En esta hermosa fiesta de Navidad, apreciamos los grandes dones
que Dios nos ha regalado a través de María y su hijo, Jesús. 

No son regalos físicos, ni materiales los que debemos de preocuparnos por compartir. Más importantes son los regalos que trascienden lo humano, que nos ayudan a trabajar por una humanidad reconciliada, a pesar de todo el odio que se ve en todas partes, a defender y proteger la naturaleza, ese gran regalo que debemos cuidar entre todos.


La fe en su hijo, es el más grande de los regalos que ha separado y alimentado para nosotros. 

Para responder a ese gesto solidario y generoso debemos preguntarnos: ¿Estoy también dispuesto a hacer lo que Dios quiere que haga
y no lo que yo quiero? Si estoy dispuesto,
debo aceptar el desafío y a ponerlo en práctica. 

El Dios de la vida prepara a aquellos que Él escoge para desempeñar una tarea en el servicio de los demás – Este principio es cierto para todos los que están dispuestos a servir a Dios con libertad y alegría. 

Todos somos llamados a la santidad,
somos escogidos para vivir en ella e irradiarla a nuestro alrededor. 

Nuestro Dios nos va a preparar para hacer su trabajo
en el ministerio que Él decida, a promover una vida mejor. 

El dios de la Paz, la alegría y la vida plena Él nos ha regalado a Jesús como nuestro Señor y guía, nos llamó desde las aguas salvadoras del bautismo, y nos da el apoyo de la Iglesia y de nuestra fe,
nos fortalece para cooperar con Jesús en la salvación de este mundo.
 Dios,
Padre Nuestro,
que en Jesús nos has dado
tu Palabra, hecha carne y sangre,
fuerza y ternura,
muerte y resurrección;
te pedimos nos inspires
para seguir sus pasos
por el camino que él nos trazó,
abrazando
en nuestro caminar hacia ti
a todos los hermanos y hermanas.
Por Jesucristo Nuestro Señor.
¡Amén!


TOA - La Calenda o Proclamación de Navidad



Evangelio de la Nochebuena: Lc 2, 1-14

Por aquellos días,
se promulgó un edicto de César Augusto,
que ordenaba un censo de todo el imperio.
Este primer censo se hizo
cuando Quirino era gobernador de Siria.

Todos iban a empadronarse,
cada uno en su propia ciudad;
así es que también José,
perteneciente a la casa y familia de David,
se dirigió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea,
a la ciudad de David, llamada Belén,
para empadronarse, juntamente con María,
su esposa, que estaba encinta.


Mientras estaban ahí,
le llegó a María el tiempo de dar a luz
y tuvo a su hijo primogénito;
lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre,
porque no hubo lugar para ellos en la posada.

En aquella región había unos pastores
que pasaban la noche en el campo,
vigilando por turno sus rebaños.

Un ángel del Señor se les apareció
y la gloria de Dios los envolvió con su luz
y se llenaron de temor.

El ángel les dijo: “No teman.
Les traigo una buena noticia,
que causará gran alegría a todo el pueblo:
hoy les ha nacido, en la ciudad de David,
un Salvador, que es el Mesías, el Señor.

Esto les servirá de señal:
encontrarán al niño envuelto en pañales y recostado en un pesebre”.

De pronto se le unió al ángel
una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo:
“¡Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad!”

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Proclamación de Navidad o Calenda (Abreviada)


Hoy, veinticinco de diciembre,
Les anunciamos, hermanos y hermanas, una buena noticia,
una gran alegría para todo el pueblo; escúchenla con corazón gozoso.


Habían pasado miles y miles de años
desde que, al principio, 
Dios creó el cielo y la tierra
e hizo al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza.

Miles y miles de años desde que cesó el diluvio
y el Altísimo hizo resplandecer el arco iris, signo de alianza y de paz.

Cerca de dos mil años después de que Abrahán y Sara,
nuestros padres en la fe, dejaron su patria;
1.250 años después de que los israelitas,
guiados por Moisés, salieran de Egipto.

Mil cien años desde el tiempo de Ruth y los Jueces;
Mil años después de la unción de David como rey;
en la sexagésima quinta semana según la profecía de Daniel.

En Olimpiada de los griegos número ciento noventa y cuatro;
En el año 752 de la fundación de la ciudad de Roma;
En el año 42 del imperio de Octavio Augusto,
mientras sobre toda la tierra reinaba la paz.

Hace casi 2.015 años, en Belén de Judá,
pueblo humilde de Israel, ocupado entonces por los romanos,
en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada,

Jesús, Dios eterno, Hijo del eterno Padre y hombre verdadero,
deseando santificar el mundo 
con su más misericordiosa venida,
siendo concebido por el Espíritu Santo,
y a los nueve meses desde su concepción,

(Se arrodillan todos, y prosigue el cantor en tono más agudo):

nació en Belén de Judea,
de María Virgen, esposa de José, 
de la casa y familia de David,
Él es llamado El Mesías y El Cristo,
que es el Salvador que la humanidad esperaba.

(de pie)

Hoy es el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo, según la carne.

Hermanos y hermanas, regocíjense, 
Estén felices y celebren la mejor noticia de toda la historia humana.


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NOTA: 
La Calenda o anuncio festivo de la Navidad
es un rito heredado de la an­tigua liturgia romana. No es una parte esencial de la celebra­ción, ni tampoco uno de los elementos constitutivos de la dinámica celebrativa de este día. Es más bien un rito que podrían llamar­se "ambientativos". La calenda es uno de esos ritos que tienen gran fuerza y eficacia para dar el colorido propio a la celebración, en especial si se trata de los días más importantes del año litúrgico.

La Calenda se podría comparar al himno que se canta en las introducciones al inicio de la Misa o de la Liturgia de las Horas, o al que se canta en la procesión con el Cirio y el Pregón en la inauguración de la Vigilia Pascual.


Por su repetición anual en esta fiesta, y por su lenguaje popular tan asequible al Pueblo cristiano, puede resultar un factor inte­resante en las actitudes y en la ambientación de la Navidad. Esta proclamación puede dar expresividad a la celebración de las fiestas Navideñas.