lunes, 25 de mayo de 2020

TOA - Fiesta de Pentecostes - El espíritu da fruto - Jn 20, 19-23

Fiesta solemne de Pentecostés cincuenta días después de la Pascua. Fiesta del Espíritu Santo y comienzo de la misión de la Iglesia.

La imagen tradicional de la paloma con que se representa al Espíritu Santo se extrae de la escena del bautismo de Jesús.
En Latinoamérica, bien puede ser representado con el Colibrí, Picaflor o Chuparosas.  En Pentecostés celebramos la fiesta del Espíritu Santo.

Hay otras dos imágenes del Espíritu Santo en la lectura de hoy de los Hechos de los Apóstoles. Lucas dice que todos los que se reunieron en una habitación escucharon lo que sonó como un poderoso viento del cielo; continúa diciendo que les apareció algo que parecía lenguas de fuego. El Espíritu Santo es imposible de visualizar, porque el Espíritu no puede ser visto como tal. Sin embargo, el Espíritu Santo es profundamente real.

Muchas cosas del universo son reales aunque invisibles a simple vista. Lo que vemos con nuestros ojos es solo una fracción de nuestro mundo físico. El Espíritu Santo pertenece al mundo espiritual, y naturalmente no puede ver al Espíritu con nuestros ojos. San Pablo usa una imagen dibujada de la naturaleza cuando dice que el Espíritu da fruto. Se refiere al efecto visible del Espíritu en la vida de uno. Es posible que no podamos ver al Espíritu Santo, pero podemos ver el efecto del Espíritu en nuestra vida, así como no podemos ver el viento pero podemos ver el efecto del viento en las personas y los objetos de diversos tipos.

Pablo dice que dondequiera que encontremos amor, alegría, paz, paciencia, bondad, bondad, confianza, gentileza y dominio propio, el Espíritu está trabajando allí. El Espíritu se hace visible en y a través de estas cualidades y virtudes. Jesús tenía todas esas cualidades porque estaba lleno del Espíritu Santo, lleno de la vida de Dios.

En su carta a los romanos Pablo declara maravillosamente: "El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones a través del Espíritu Santo que nos ha sido dado". También indica en la segunda lectura de hoy (1 Cor) que el Espíritu está actuando en nuestras vidas, para hacernos más como Jesús. Las cosas buenas que hace la gente son todas manifestaciones del Espíritu de Dios. Lo espiritual no es algo de otro mundo; es la humanidad en su mejor momento.

En la historia de Pentecostés, la humanidad aparece en su mejor momento, unida y compartiendo sabiduría. Pentecostés trajo una maravillosa unión de personas de todo el Imperio Romano. Se unieron para admirar y alabar las maravillas de Dios. A pesar de las diferencias de idioma y cultura, hubo una verdadera comunión entre ellos.

Dondequiera que exista comunión de corazón y mente entre personas de diferentes orígenes, el Espíritu Santo está trabajando. La unidad en la diversidad es la marca del Espíritu.

Jesús señala otra manifestación del Espíritu: la búsqueda de la verdad.
Solo el Espíritu puede guiarnos a la verdad completa.
Si alguien busca realmente la verdad y participa en buenas obras con otros, allí está el Espíritu actuando.
La plenitud de la verdad y el amor siempre está más allá de nosotros;
pero el Espíritu es dado para guiarnos hacia la verdad y el amor completos, en toda su altura y profundidad.

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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano, Domingo de Pentecostés
Misa del día - Ciclo A

Primera lectura: Hch 2, 1-11
El día de Pentecostés,
todos los discípulos estaban reunidos en un mismo lugar. 

De repente se oyó un gran ruido que venía del cielo,
como cuando sopla un viento fuerte, 
que resonó por toda la casa donde se encontraban. 

Entonces aparecieron lenguas de fuego,
que se distribuyeron y se posaron sobre ellos; 
se llenaron todos del Espíritu Santo
y empezaron a hablar en otros idiomas, 
según el Espíritu los inducía a expresarse.

En esos días había en Jerusalén
judíos devotos, venidos de todas partes del mundo. 
Al oír el ruido, acudieron en masa y quedaron desconcertados, 
porque cada uno los oía hablar en su propio idioma.

Atónitos y llenos de admiración, preguntaban: 
"¿No son galileos, todos estos que están hablando?
¿Cómo, pues, los oímos hablar en nuestra lengua nativa? 
Entre nosotros hay medos, partos y elamitas; otros vivimos en Mesopotamia, Judea, Capadocia, 
en el Ponto y en Asia, en Frigia y en Panfilia, en Egipto o en la zona de Libia que limita con Cirene. 
Algunos somos visitantes, venidos de Roma, judíos y prosélitos; también hay cretenses y árabes. 
Y sin embargo, cada quien los oye hablar de las maravillas de Dios en su propia lengua".

Salmo Responsorial: Salmo 103, 1ab y 24ac. 29bc-30. 31 y 34 (30)
Bendice, al Señor, alma mía; Señor y Dios mío, inmensa es su grandeza.
¡Qué numerosas son tus obras, Señor! La tierra está llena de tus creaturas.
R. Envía, Señor, tu Espíritu, a renovar la tierra. Aleluya.
Si retiras tu aliento, toda creatura muere y vuelve al polvo.
pero envías tu espíritu, que da vida, y renuevas el aspecto de la tierra.
R. Envía, Señor, tu Espíritu, a renovar la tierra. Aleluya.
Que Dios sea glorificado para siempre y se goce en sus creaturas.
Ojalá que le agraden mis palabras y yo me alegraré en el Señor.
R. Envía, Señor, tu Espíritu, a renovar la tierra. Aleluya.

Segunda Lectura: 1 Cor 12, 3b-7. 12-13
Hermanos: Nadie puede llamar a Jesús "Señor", si no es bajo la acción del Espíritu Santo.
Hay diferentes dones, pero el Espíritu es el mismo. 
Hay diferentes servicios, pero el Señor es el mismo. 
Hay diferentes actividades, pero Dios, que hace todo en todos, es el mismo. 
En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común.

Porque así como el cuerpo es uno y tiene muchos miembros y todos ellos, a pesar de ser muchos, forman un solo cuerpo, 
así también es Cristo. Porque todos nosotros, seamos judíos o no judíos, esclavos o libres, 
hemos sido bautizados en un mismo Espíritu para formar un solo cuerpo, y a todos se nos ha dado a beber del mismo Espíritu.

Secuencia
Ven, Dios Espíritu Santo,
y envíanos desde el cielo
tu luz, para iluminarnos.

Ven ya, padre de los pobres,
luz que penetra en las almas,
dador de todos los dones.

Fuente de todo consuelo,
amable huésped de alma,
paz en las horas de duelo.

Eres pausa en al trabajo;
brisa, en un clima de fuego;
consuelo, en medio del llanto.

Ven, luz santificadora,
y entra hasta el fondo del alma
de todos los que te adoran.

Sin tu inspiración
divina los hombres nada
podemos y el pecado nos domina.

Lava nuestras inmundicias,
fecunda nuestras desiertos
y cura nuestras heridas.

Doblega nuestra soberbia,
calienta nuestras frialdad,
endereza nuestras sendas.

Concede a aquellos que ponenen ti
su fe y su confianza
tus siete sagrados dones.

Danos virtudes y méritos,
danos una buena muerte
y contigo el gozo eterno.

Aclamación antes del Evangelio
R.
Aleluya, aleluya.
Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor.
R. Aleluya.

Evangelio: Jn 20, 19-23
Al anochecer del día de la resurrección,
estando cerradas las puertas de la casa
donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos, 
se presentó Jesús en medio de ellos
y les dijo: "La paz esté con ustedes". 

Dicho esto, les mostró las manos y el costado.

Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría.

De nuevo les dijo Jesús: 
"La paz esté con ustedes.
Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo".

Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: "Reciban el Espíritu Santo. 
A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar".

sábado, 16 de mayo de 2020

TOA - 6to. Domingo de Pascua - Vivir El Sentido de lo Sagrado y el Cariño - Jn 14, 15-21

Algunas prácticas sociales de respeto y aprecio del pasado son ya  un recuerdo oscuro. Antes saludábamos a nuestros maestros y sacerdotes cuando los cruzábamos en la calle. A otros adultos los llamamos "Señor" o "Señora" y les mostrábamos respeto y cariño. Eran vigentes y normales la cortesías y los buenos modales. Todavía sobrevive la muestra de respeto por los muertos, cuando se para o inclina la cabeza al paso de un funeral. Ahora, la mayoría de estas hermosas costumbres se han ido, incluso el mundo de mi infancia que los valoraba tanto.

Muchas cortesías de antaño las eliminaron la influencia negativa de algunas películas de cine y la televisión, que vinculan la libertad a la informalidad. Muchos se deshacen de sus modales como de un abrigo. Esa informalidad frívola se da en todos los niveles e incluso en la iglesia. Parece que hemos perdido algunos de nuestros hábitos de reverencia. Lo que nos pide el Evangelio de Hoy, es regresar al respeto por el otro, al cariño y desarrollo de lo bueno para hacernos más buenos.

Jesús nos promete el Espíritu que nos llevará siempre de regreso a Él, que nos va a enseñar a ejercitar el amor y el respeto por el otro y a promover valores de vida y solidaridad comunitaria. Pareciera que hemos necesitado sufrie este terrible virus que nos aqueja hoy para redescubrir lo bueno que somos cuando nos ponemos a trabajar por y para los otros.

"Reverencia al Señor en tus corazones", dice San Pedro. Esta reverencia también debería llegar a todas nuestras otras relaciones. Si, por el contrario, se pierde la reverencia por Dios, ya nada es verdaderamente sagrado. Y, como una advertencia silenciosa a las personas involucradas en debates religiosos, Pedro nos insta a presentar nuestros argumentos "con cortesía y respeto", cualidades que faltan notablemente en la discusión de temas políticos y sociales en nuestros tiempo. La reverencia a Dios, el respeto y la cortesía hacia los demás son partes de la misma virtud. No todas las personas corteses son seguidores explícitos de Jesucristo, pero tampoco una persona descortés es un verdadero seguidor de su camino.
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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano - TOA - 6to. Domingo de Pascua

Primera lectura: Hch 8, 5-8. 14-17
En aquellos días, Felipe bajó a la ciudad de Samaria y predicaba allí a Cristo. 
La multitud escuchaba con atención lo que decía Felipe, 
porque habían oído hablar de los milagros que hacía y los estaban viendo: 
de muchos poseídos salían los espíritus inmundos, lanzando gritos,
y muchos paralíticos y lisiados quedaban curados. Esto despertó gran alegría en aquella ciudad.

Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén se enteraron de que Samaria
había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan.
Éstos, al llegar, oraron por los que se habían convertido, para que recibieran el Espíritu Santo, 
porque aún no lo habían recibido y solamente habían sido bautizados en el nombre del Señor Jesús. 
Entonces Pedro y Juan impusieron las manos sobre ellos, y ellos recibieron el Espíritu Santo.

Salmo Responsorial: Salmo 65, 1-3a. 4-5. 6-7a. 16 y 20 (1)
Que aclame al Señor toda la tierra. Celebremos su gloria y su poder,
cantemos un himno de alabanza, digamos al Señor: “Tu obra es admirable”.
R. Los obras del Señor son admirables.Aleluya.

Que se postre ante ti la tierra entera y celebre con cánticos tu nombre.
Admiremos las obras del Señor, los prodigios que ha hecho por los hombres.
R. Los obras del Señor son admirables.Aleluya.

El transformó el mar Rojo en tierra firme y los hizo cruzar el Jordán a pie enjuto.
Llenémonos por eso de gozo y gratitud: El Señor es eterno y poderoso.
R. Los obras del Señor son admirables.Aleluya.

Cuantos temen a Dios, vengan y escuchen, y les diré lo que ha hecho por mí.
Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica, ni me retiró su gracia.
R. Los obras del Señor son admirables.Aleluya.

Segunda lectura: 1 Ped 3, 15-18
Hermanos: Veneren en sus corazones a Cristo, el Señor, 
dispuestos siempre a dar, al que las pidiere, las razones de la esperanza de ustedes. 
Pero háganlo con sencillez y respeto y estando en paz con su conciencia. 
Así quedarán avergonzados los que denigran la conducta cristiana de ustedes, 
pues mejor es padecer haciendo el bien, si tal es la voluntad de Dios, que padecer haciendo el mal. 
Porque también Cristo murió, una sola vez y para siempre, por los pecados de los hombres; 
Él, el justo, por nosotros, los injustos, para llevarnos a Dios; murió en su cuerpo y resucitó glorificado.

Aclamación antes del Evangelio: Jn 14, 23
R.
Aleluya, aleluya.
El que me ama, cumplirá mi palabra, dice el Señor; y mi Padre lo amará y vendremos a él.
R. Aleluya.


Evangelio: Jn 14, 15-21
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: 
“Si me aman, cumplirán mis mandamientos; 
yo le rogaré al Padre y él les dará otro Paráclito 
para que esté siempre con ustedes, el Espíritu de la verdad. 
El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; 
ustedes, en cambio, sí lo conocen, porque habita entre ustedes 
y estará en ustedes.

No los dejaré desamparados, sino que volveré a ustedes.
Dentro de poco, el mundo no me verá más, pero ustedes sí me verán, porque yo permanezco vivo y ustedes también vivirán. 
En aquel día entenderán que yo estoy en mi Padre, 
ustedes en mí y yo en ustedes.

El que acepta mis mandamientos y los cumple, ése me ama. 
Al que me ama a mí, lo amará mi Padre, 
yo también lo amaré y me manifestaré a él”.


Oremos
Lleguen hasta ti, Señor,
nuestras oraciones junto con estas ofrendas,
para que, purificados por tu gracia,
recibamos el sacramento de tu inmensa bondad.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

TOA - 3er Domingo de Pascua, Un evangelio dentro del evangelio - Lucas 24,13-35


La historia de Emaús es como un evangelio dentro del evangelio.
Tiene mucho de lo que es fundamental para todo el mensaje cristiano que se utiliza a menudo como un resumen de lo que la vida cristiana se trata. Para estos dos discípulos en el camino de regreso a casa, todo había terminado. Durante los recientes años que les tocó vivir siguiendo a Jesús, sus vidas habían sido emocionantes, y ahora se sentían solo a la mitad de todo.

No sería justo culparlos de su desánimo y abatimiento porque en realidad no habían podido captar mucho de lo que Jesús había dicho cuando estuvo físicamente con ellos. Deberíamos simpatizar con ellos, porque también nosotros en gran parte olvidamos lo aprendido de Jesús o podemos haber dejado de tomar en serio las promesas del Señor. Él prometió que iba a estar allí a la vera del camino para nosotros, que nunca nos abandonaría en la tormenta, que iba a caminar cada paso del camino con nosotros, y que nos llevaría con seguridad a través del desierto y el Mar Rojo de la muerte hacia la Tierra Prometida del Padre.

En este encuentro con los dos discípulos de Emaús es que Jesús usó las Escrituras como su herramienta para iluminarlos. La Escritura es la palabra de Dios. Contiene las promesas del Señor, nos revela el corazón de Dios y nos pone en contacto con lo mucho que nos ama. Las palabras de la Escritura no son en absoluto como las palabras en nuestra vida diaria. La palabra de Dios tiene el poder como el de una corriente eléctrica inspirada y dirigida por Espíritu de Dios. 

A través de la palabra de Dios nos viene el poder para responder a ella y de ponerla en práctica. En el pasado, por varias razones, el estudio de las Escrituras no se acentuó ni apreció en los círculos católicos; se la veía más como una cosa de protestantes y su interpretación adecuada no era algo que se podia confiar a los laicos ordinarios. Gracias al Espíritu de Dios, esa tendencia se está revertiendo y es a la inversa. Esto es necesario como parte importante de todo el proceso de renovación de la iglesia.

En la narración de Emaús, es significativo que los discípulos reconocieron a Jesús al partir el pan. La fracción del pan entre amigos era un símbolo viviente de amistad y de pertenencia. ¿Qué había de especial en la forma en que Jesús partió el pan? Solo podemos aventurar una respuesta. Pudo haber sido el ambiente que flotaba del recuerdo de la donación de sí mismo el que les reveló quién era en realidad. Hubo un nivel de sinceridad, de entrega, de compartir, de lo sagrado que debe de haber sido único en Jesús. Esa forma de hacerlo debe haber sido algo que ellos ya habían experimentado en ocasiones anteriores. Este algo único tocó sus hambres más profundos, y el alimento ofrecido ya no era sólo una cosa física. Fue una comida que les obligaba a abrir sus bocas pero más que nada sus corazones para recibirlo.

La vida pues, es un viaje compuesto por muchos viajes. Es un maravilloso don del Espíritu de Dios el tener la sensación de estar acompañado en el viaje, de estar guiado por el Espíritu, de tener un sentido de dirección en la vida, de saber que lo vamos a encontrar a la vera del camino. La historia de Emaús nos ofrece un modelo a buscar y seguir para inspirer nuestra vida, nos ofrece un modelo de vida para el discípulo cristiano: si hacemos el viaje con los demás, compartiendo sus vidas, sus dificultades y gozos y nuestra fe en Cristo, él estará con nosotros y abrirá nuestras mentes a la verdad, del mismo modo que lo hizo con sus discípulos de Emaús. Si nos detenemos, guardamos silencio y lo escuchamos nos llevará a una comprensión más profunda. Hoy más que nunca es actual su promesa sigue: "Yo estoy con ustedes, siempre!" Todo esto sólo sera posible cuando personalmente diga ¡Si! Cuando abra mi mi corazón a los demás y a través de ellos quiera sentir la presencia y compañía del Señor. El dicho "Nunca caminarás solo cuando caminas con Dios" es una verdad importante. 

El verdadero pecado del cristiano no es tener esperanza. Hay que estar seguros que gracias a Jesús ya tenemos la victoria. Somos un pueblo levantado, un pueblo de poder, y un pueblo al que Jesús ha confiado toda la autoridad sobre todo el poder del maligno. Yo personalmente debo tomar posesión de lo que Jesús me ofrece y hace posible para mí. Una vez y otra vez y otra vez estoy invitado a repetir mi propio sí. El único sí que le interesa a Dios es mi sí personal. 


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Lecturas en lenguaje Latinoamericano - Tercer Domingo de Pascua, Ciclo A

Hechos de los apóstoles 2, 14. 22-33:No era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio 
El día de Pentecostés, Pedro, de pie con los Once, pidió atención y les dirigió la palabra: "Judíos y vecinos todos de Jerusalén, escuchen mis palabras y entérense bien de lo que pasa. Escúchenme, israelitas: Les hablo de Jesús Nazareno, el hombre que Dios acreditó ante ustedes realizando por su medio los milagros, signos y prodigios que conocen. Conforme al designio previsto y sancionado por Dios, se lo entregaron, y ustedes, por mano de paganos, lo mataron en una cruz. Pero Dios lo resucitó, rompiendo las ataduras de la muerte; no era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio, pues David dice, refiriéndose a él: "Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré. Por eso se me alegra el corazón, exulta mi lengua, y mi carne descansa esperanzada. Porque no me entregarás a la muerte ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción. Me has enseñado el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia." 

Hermanos, permítanme hablarles con franqueza: El patriarca David murió y lo enterraron, y conservamos su sepulcro hasta el día de hoy. Pero era profeta y sabía que Dios le había prometido con juramento sentar en su trono a un descendiente suyo; cuando dijo que "no lo entregaría a la muerte y que su carne no conocería la corrupción", hablaba previendo la resurrección del Mesías. Pues bien, Dios resucitó a este Jesús, y todos nosotros somos testigos. Ahora, exaltado por la diestra de Dios, ha recibido del Padre el Espíritu Santo que estaba prometido, y lo ha derramado. Esto es lo que están viendo y oyendo." 


Salmo responsorial: 15:
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti; 
yo digo al Señor: "Tú eres mi bien."
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa; mi suerte esta en tu mano.
R./ Señor, me enseñarás el sendero de la vida. 
Bendeciré al Señor, que me aconseja, 
hasta de noche me instruye internamente. 
Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré.
R./ Señor, me enseñarás el sendero de la vida. 
Por eso se me alegra el corazón, 
se gozan mis entrañas, y mi carne descansa serena. 
Porque no me entregarás a la muerte, 
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.
R./ Señor, me enseñarás el sendero de la vida. 
Me enseñarás el sendero de la vida, 
me saciarás de gozo en tu presencia, 
de alegría perpetua a tu derecha. 
R./ Señor, me enseñarás el sendero de la vida. 

1Pedro 1, 17-21: Los rescataron a precio de la sangre de Cristo, el Cordero sin defecto 
Queridos hermanos: Si llaman Padre al que juzga a cada uno, según sus obras, sin parcialidad, tomen en serio su proceder en esta vida. Ya saben con qué los rescataron de ese proceder inútil recibido de sus padres: no con bienes efímeros, con oro o plata, sino a precio de la sangre de Cristo, el Cordero sin defecto ni mancha, previsto antes de la creación del mundo y manifestado al final de los tiempos por nuestro bien. Por Cristo ustedes creen en Dios, que lo resucitó de entre los muertos y le dio gloria, y así han puesto en Dios su fe y su esperanza. 

Lucas 24,13-35: Lo reconocieron al partir el pan 
Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo. 

Él les dijo: "¿Qué conversación es esa que traen mientras van de camino?" Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replico: "¿Eres tú el único forastero en Jerusalén, que no sabes lo que ha pasado allí estos días?" Él les pregunto: "¿Qué?" 

Ellos le contestaron: "Lo de Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel. 

Y ya ves: hace dos días que sucedió esto. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado: pues fueron muy de mañana al sepulcro, no encontraron su cuerpo, e incluso vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que les habían dicho que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron." 

Entonces Jesús les dijo: "¡Qué necios y torpes son para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?" Y, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura. 

Ya cerca de la aldea donde iban, él hizo ademán de seguir adelante; pero ellos le apremiaron, diciendo: "Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída." Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció. Ellos comentaron: "¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?" Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: "Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón." Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

TOA - 2do. Domingo de Pascua - A los ocho días, llegó Jesús - Jn 20, 19-31

Hch 2, 42-47: Los creyentes vivían todos unidos y lo tenían todo en común
Salmo responsorial 117: Den gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia
1Pe 1, 3-9: Nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva
Jn 20, 19-31: A los ocho días, llegó Jesús

Si la resurrección de Jesús no tuviera como sentido final la re-creación del ser humano y de un nuevo orden, entonces la Resurrección de Jesús se quedaría como un asunto particular entre el Padre y su Hijo. Estamos convencidos que la resurrección de Jesús es la base y fundamento de la comunidad y el horizonte hacia el cual apunta toda la creación.

El evangelio de hoy y la primera lectura de Hechos, nos iluminan y guían para ver cuál es la dirección a seguir para alcanzar la meta y nos muestran los efectos inmediatos, reales y concretos de la Resurrección, entonces y ahora.

En el proceso de construcción de una comunidad más fraterna y justa, no debemos ver nuestras fallas, tropiezos y caídas como la demostración de que es imposible lograr esa meta. Esos aspectos negativos deben ayudarnos a percibir el signo de que aunque no es fácil, no es imposible. Si tenemos plena conciencia de que ése es el proyecto de Dios y que por ese proyecto Jesús hasta derramó su sangre y entregó su vida alcanzaremos esa meta. Porque fue fiel a ese proyecto, el Padre lo resucitó, para que quienes confesamos ser seguidores suyos nos comprometemos con ese “su” proyecto que él quiere compartir con nosotros y al que ciertamente él respalda y acompaña en todo momento. Ese es el principal sentido de la Resurrección y eso es lo que los discípulos no han podido entender de manera inmediata.

Incredulidad de Tomás: La fuente es el Evangelio de San Juan, Tomás no cree los testimonios de los otros apóstoles; literalmente, quiere tocar con la mano las llagas de Jesús,  el Señor se le aparece una semana después de la resurrección e invitó a Tomás a tocar las llagas de las manos y del costado para que “no seas incrédulo, sino fiel”.
La historia de Tomás nos enseña que para la gente de su tiempo no era fácil creer en Jesús, y era más difícil creer en él sin haber visto. El evangelio de hoy nos ayuda a entender que los efectos y alcances de la resurrección de Jesús no se comprenden de un momento a otro.  Aunque los dos discípulos han comprobado que Jesús “no está” en la tumba y una vez que María Magdalena les anuncia que Jesús está vivo y que ha hablado con él (Jn 20, 1-18), los discípulos siguen encerrados. Escuchamos estas dos expresiones dos veces, “los discípulos estaban con las puertas bien cerradas” (v.19) y “ocho días después los discípulos continuaban reunidos en su casa” (v. 26), sin salir.  Eso nos muestra de que creer de nuevo es un proceso de maduración de la fe. 

Los que vieron a Jesús creyeron en el Resucitado; excepto Tomás que no lo vio. Una cosa es creer y otra abrirse a las consecuencias de asumir su nueva fe. Ese proceso le toma a la comunidad de discípulos un buen tiempo para acepta, asimilar y practicar. 

En ese tiempo, Jesús con toda paciencia y comprensión, está ahí acompañando, animando, cercano y ayudando a madurar la fe de cada discípulo, hasta de Tomás. Hay que ver el caso de Tomás desde la óptica más positiva, sin juzgarlo de entrada como “el incrédulo”, sino como el que quiere creer y poner en práctica su fe. Debemos verlo desde su vacío interior que necesita ser llenado por la presencia de su Señor. Éste es el camino que hoy debemos recorrer: creer “en” Dios, para creer “a” Dios. En eso nos ayuda escuchar la Palabra, participar en la “fracción del pan”=Eucaristía, oración y vida en común. 

Quizá necesitemo madurar aún más el aspecto de la fe del nuevo Tomás para ver con claridad cuál es el horizonte hacia el que nos lleva esa fe cristiana que confesamos y que es lo que hay que hacer para atraer a los alejados. Necesitamos desaprendernos de nuestras seguridades terrenas y confiar en la promesa de vida eterna de Jesús. Ser más la Comunidad que vive y anuncia el Evangelio, que un grupo con fuerza social. Necesitamos vaciar completamente nuestro ser, nuestro corazón, hacer lo de Tomás y decir: "¡Señor mío y Dios mío!", creo pero aumenta mi fe, conscientes de que el Amor de Dios es más fuerte que la misma muerte.


Oración
Dios, Padre nuestro, 
que llenas cada año nuestro corazón 
de gozo y alegría 
con las fiestas pascuales;
haz que nuestra fe no vacile, 
que nuestra vida sea siempre 
coherente con esa fe,
y que trabajemos siempre por tu Reino, 
sabiendo que al construirlo 
ya lo estamos viviendo.
Nosotros te lo pedimos gracias a Jesús, 
hijo tuyo y hermano nuestro. Amén.



Lecturas para el 2º Domingo de Pascua

Hechos de los apóstoles 2,42-47: Los creyentes vivían todos unidos y lo tenían todo en común
Los hermanos eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles,
en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones.
Todo el mundo estaba impresionado por los muchos prodigios y signos
que los apóstoles hacían en Jerusalén.

Los creyentes vivían todos unidos y lo tenían todo en común; vendían posesiones y bienes,
y lo repartían entre todos, según la necesidad de cada uno.

A diario acudían al templo todos unidos, celebraban la fracción del pan en las casas y comían juntos, alabando a Dios con alegría y de todo corazón; eran bien vistos de todo el pueblo,
y día tras día el Señor iba agregando al grupo los que se iban salvando.

Salmo responsorial: 117
Diga la casa de Israel: eterna es su misericordia. Diga la casa de Aarón: eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor: eterna es su misericordia.
R./ Den gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.

Empujaban y empujaban para derribarme, pero el Señor me ayudó; el Señor es mi fuerza y mi energía,
él es mi salvación. Escuchen: hay cantos de victoria en las tiendas de los justos.
R./ Den gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.

La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente. Éste es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo.
R./ Den gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.

1 Pedro 1, 3-9: 
Por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva
Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su gran misericordia, por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva, para una herencia incorruptible, pura, imperecedera, que os está reservada en el cielo.

La fuerza de Dios los custodia en la fe para la salvación que aguarda a manifestarse en el momento final. Alégrense de ello, aunque de momento tengan que sufrir un poco, en pruebas diversas: así la comprobación de su fe -de más precio que el oro, que, aunque perecedero, lo aquilatan a fuego- llegará a ser alabanza y gloria y honor cuando se manifieste Jesucristo. No han visto a Jesucristo, y lo aman; no lo ven, y creen en él; y se alegran con un gozo inefable y transfigurado, alcanzando así la meta de su fe: su propia salvación.

Juan 20, 19-31: A los ocho días, llegó Jesús
Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. 

Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: "Paz a ustedes." Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: "Paz a ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo." Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: "Reciban el Espíritu Santo; a quienes les perdonen los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengan, les quedan retenidos."

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: "Hemos visto al Señor." Pero él les contestó: "Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo."

A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomas con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: "Paz a ustedes." Luego dijo a Tomás: "Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente." Contestó Tomás: "¡Señor mío y Dios mío!" Jesús le dijo: "¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto."

 Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. 
Éstos se han escrito para que crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre.