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sábado, 8 de agosto de 2026

TOA - 21vo Domingo - Pastor y Roca - Mt 16, 13-20

“Tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia ... te daré el  llaves del reino de los cielos".  Estas palabras son para los católicos la base del papado. El obispo de Roma es el sucesor de Pedro y el principal portavoz de la fe viva de la iglesia y custodio de las llaves del poder espiritual.

 Los cristianos no católicos de las iglesias protestantes, no aceptan que pueda haber sucesión al cargo que ocupaba San Pedro. Según ellos, “jurisdicción apostólica” o “el poder de las llaves”, no está en armonía con el mensaje del Evangelio. Por eso, este Evangelio merece mucha atención por lo que dice sobre la fe, la iluminación y el liderazgo, y la guía para nuestras propias vidas.

 La respuesta a la pregunta de Jesús: "¿Quién dices que soy?", ayer como hoy es personal e intransferible. La hermosa frase que aclama Pedro: "Hijo del Dios vivo", expresa ricamente lo que significa "Cristo".  

La fe adoradora de Pedro es un regalo de arriba, no una bendición y no mera lógica o ingenio, porque su espíritu humilde y contrito lo preparó mejor para recibirlo. Dios elige a quien quiere, independientemente de sus méritos y es a este Pedro a quien Jesús confía todo lo que se entiende por las llaves del Reino de los Cielos.  En su fe sólida y dedicada, la Iglesia siempre se apoyará para la unidad y el aliento.  Las llaves son principalmente para abrir;  muchas puertas se cierran solas.  Podríamos reflexionar más sobre la tarea de Pedro, como se ve en otros pasajes del Evangelio (Mat. 14: 28ss; 17: 24ss; Lc. 22:32; Jn. 21: 15-17), y en los Hechos (1: 1 5ss,  2:14 y sig.; 3: 1 y sig.).

  Pedro es designado para "alimentar los corderos y las ovejas" de Cristo, "confirmar a sus hermanos" y dar la bienvenida a los conversos paganos en la Iglesia, pero también retrata la debilidad de la fe, la autoconfianza precipitada y la eventual negación. Ésto sólo subraya la grandeza de su conversión, cuando con una nueva actitud humilde, valiente y clara se vuelve y le dice a Jesús: "Tú sabes que te amo".  La tarea no es de dominio severo, o de organización eficiente de la Iglesia de Cristo.  Pastor y penitente a la vez, convertido y apoyo de otros pecadores convertidos, guía a los fieles con el testimonio y el ejemplo.  Esta comprensión pastoral de la autoridad encuentra un hermoso eco en la primera carta  de Pedro.  

A los ancianos o líderes se les pide que “cuiden especialmente el rebaño de Dios, no dominando a los que están a su cargo, sino siendo ejemplos para el rebaño” (1 Pe 5, 1-5).  En Hechos 2, 42 y sig. y 4, 32 y sig. vemos que así cuidó Pedro la iglesia primitiva al compartir su profunda fe en Cristo, el Señor Resucitado. Los mantuvo unidos en una comunidad de amor mutuo y en fiel obediencia al Evangelio.

 ¿Cómo puede llevar a cabo esta obra de enseñar, animar y unir a tantos millones de creyentes bautizados la Iglesia de hoy, liderada y unida bajo Francisco y esparcida por todos los continentes?  Jesús permanece en el centro, como el Cristo, Hijo del Dios viviente, y continúa siendo la verdadera Roca de la Iglesia. Hoy, tanto como en tiempo de San Pedro, necesitamos el ministerio de los apóstoles fieles, confiados por Cristo para edificar a su pueblo, dar testimonio de la fe y liderar el amor cristiano.  

El Papa, los obispos, los sacerdotes y otros ministerios son para servir. Debemos mostrar a nuestros pastores tanto nuestro aprecio como nuestras leales críticas; rezar por ellos, por su valentía y perseverancia.  Hoy recordamos particularmente al actual sucesor de Pedro, nuestro Papa;  para que Dios lo establezca en fe y sabiduría;  para que, siendo fuerte en sí mismo, confirme a los hermanos;  y que, como Pastor Principal, nos ayude en nuestro camino hacia el Reino.

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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano, 21vo Domingo Ordinario
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Primera lectura: Is 22, 19-23
Esto dice el Señor a Sebná, mayordomo de palacio:
“Te echaré de tu puesto y te destituiré de tu cargo.
Aquel mismo día llamaré a mi siervo, a Eleacín, el hijo de Elcías;
le vestiré tu túnica, le ceñiré tu banda y le traspasaré tus poderes.

Será un padre para los habitantes de Jerusalén y para la casa de Judá.
Pondré la llave del palacio de David sobre su hombro.
Lo que él abra, nadie lo cerrará; lo que él cierre, nadie lo abrirá.
Lo fijaré como un clavo en muro firme y será un trono de gloria para la casa de su padre’’.
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Salmo Responsorial: Salmo 137, 1-2a. 2bc-3. 6 y 8bc (8bc)
De todo corazón te damos gracias, Señor,
porque escuchaste nuestros ruegos.
Te cantaremos delante de tus ángeles, 
te adoraremos en tu templo.
R. Señor, tu amor perdura eternamente.

Señor, te demos gracias por tu lealtad y por tu amor;
siempre que te invocamos,
nos oíste y nos llenaste de valor.
R. Señor, tu amor perdura eternamente.

Se complace el Señor en los humildes y rechaza el engreído.
Señor, tu amor perdura eternamente; 
obra tuya soy, no me abandones
R. Señor, tu amor perdura eternamente.
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Segunda lectura: Rom 11, 33-36
¡Qué inmensa y rica es la sabiduría y la ciencia de Dios! 
¡Qué impenetrables son sus designios e incomprensibles sus caminos! 
¿Quién ha conocido jamás el pensamiento del Señor o ha llegado a ser su consejero? 
¿Quién ha podido darle algo primero, para que Dios se lo tenga que pagar? 
En efecto, todo proviene de Dios, todo ha sido hecho por él y todo está orientado hacia él. 
A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
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Aclamación antes del Evangelio: Mt 16, 18
R.
Aleluya, aleluya.
Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia,
y los poderes del infierno no prevalecerán sobre ella, dice el Señor.
R. Aleluya.
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Evangelio: Mt 16, 13-20
En aquel tiempo, cuando llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipo, 
hizo esta pregunta a sus discípulos: 
“¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?” 

Ellos le respondieron: “Unos dicen que eres Juan, el Bautista; 
otros, que Elías; otros, que Jeremías o alguno de los profetas”.

Luego les preguntó: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” 
Simón Pedro tomó la palabra y le dijo: 
“Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”.

Jesús le dijo entonces: “¡Dichoso tú, Simón, hijo de Juan, 
porque esto no te lo ha revelado ningún hombre, 
sino mi Padre, que está en los cielos! 

Y yo te digo a ti que tú eres Pedro 
y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. 

Los poderes del infierno no prevalecerán sobre ella. 
Yo te daré las llaves del Reino de los cielos; 
todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo,
y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo”.

Y les ordenó a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías.
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Nota: 1 Pe, 5, 1-5
A los responsables A los ancianos que están entre ustedes les ruego como colega,
testigo de la pasión de Cristo y partícipe de la gloria que se ha de revelar:
apacienten el rebaño de Dios que les han confiado, cuidando de él no a la fuerza,
sino de buena gana, como Dios quiere; no por ambición de dinero, sino generosamente;
no como tiranos de los que les han asignado, sino como modelos del rebaño. 

Así, cuando se revele el Pastor supremo, recibirán la corona eterna de la gloria.
Lo mismo ustedes, jóvenes, sométanse a los ancianos.
Que cada uno se revista de sentimientos de humildad para con los demás,
porque Dios resiste a los soberbios y otorga su favor a los humildes.
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martes, 28 de julio de 2026

TOA - 18vo. Domingo - Hambre de Dios y de Pan - Mt 14, 13-21

Ayer como hoy las multitudes pobres no tienen nada para comer. 
Ayer como hoy, nuestro Señor Jesucristo sabe que la gente tiene otra hambre diferente a la del estómago. 
Mucha gente siguió a Jesús, escuchando cada palabra que decía, y en ninguna de los relatos dice que se quejaban porque no tenían comida para el cuerpo. Son los apóstoles quienes expresan esta preocupación, lo hacen en nombre de la gente. 

Ayer como hoy, Jesús mira a la multitud y siente pena. porque no tienen nada para comer. Las hambrunas en el mundo de hoy son tantas que parece no haber suficiente comida para el pobre. No es comida la que precisa la gente sino justicia y caridad que garantice una mejor distribución de la riqueza.

Jesús le pide a los apóstoles que alimenten a las personas, 
¡imposible! le responden. 
Pero Jesús les enseñó a ellos antes y a nosotros hoy, una lección básica:
“Lo que sea que tengas es suficiente. Dámelo y yo haré el resto. 
En Cana, todo lo que tenían era agua, y era eso  todo lo que necesitaba; Él haría el resto.
Cuando los apóstoles dice: "Solo tenemos unos cuantos panes y algunos peces, pero ¿qué es eso entre tantos?" se ven tentados de regresar los panes y los peces en la bolsa, pero Jesús les dice "dénmelos".

Hay poder en las acciones de Jesús cuando él ora. Se obra la misericordia y comienza a distribuir pan. Antes de llamar a Lázaro desde la tumba, Jesús oró con los ojos hacia el cielo y dijo: "Gracias, padre, porque me has escuchado". Fue su contacto constante con el Padre lo que inspiró sus acciones. 

En su bautismo en el Jordán había escuchado la voz del Padre que decía: "Este es mi hijo amado, en quien estoy muy complacido". Vivió constantemente con la aprobación del Padre, incluso cuando todos los demás lo rechazaron. ¡Qué lección es esta para todos nosotros!

Al enviar más tarde a sus apóstoles les pide que alimenten a los hambrientos. Jesús vino "a hacer y enseñar". Él mismo alimentó a los hambrientos y luego envía a sus discípulos a hacer lo mismo.

Es un escándalo que una parte tan grande del mundo de hoy esté compuesta de personas hambrientas. La mayoría de nosotros tenemos más de lo que necesitamos de dinero, ropa, comida, etc. Es posible que no tengamos tanto como queremos, pero tenemos más de lo que necesitamos. Aquí hay una lucha y hay una tensión de la que no se puede escapar. Hoy resuenan en nuestros oídos las palabras de Jesús "lo poco o mucho que hagas será cómo si lo hicieras conmigo". Mis decisiones como Cristiano me confrontan con esas palabras de Jesús. El cristianismo es mucho más que solo rezar, es sobre todo un llamado a la acción, a hacer lo que Jesús haría. No puedo leer el evangelio de hoy y permanecer indiferente o distante frente a las necesidades del pobre.

"Es dando cuando recibimos lo mejor, es donándonos cuando nos salvamos". La felicidad cristiana se alcanza cuando entregamos nuestras vidas, lo que somos y tenemos por el otro, entonces descubrimos que no estamos perdidos. Nunca sabré el verdadero alcance de esa felicidad hasta que intente donarme. Debemos ir más allá de la admiración de los santos y estar dispuestos a imitar y seguir su ejemplo. El cristianismo se trata de dar testimonio, y en el testimonio está la invitación a "ir y hacer lo mismo". 

Lo opuesto al amor no es el odio, sino la indiferencia. Si Dios es amor y yo soy indiferente, entonces debo examinar seriamente dónde está Dios en mi vida. Esta es una pregunta fundamental y básica que debe formularse y debe responderse.
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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano - TOA - Domingo XVIII
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Primera lectura: Is 55, 1-3
Esto dice el Señor: “Todos ustedes, los que tienen sed, vengan por agua;
y los que no tienen dinero, vengan, tomen trigo y coman;
tomen vino y leche sin pagar.

¿Por qué gastar el dinero en lo que no es pan y el salario, en lo que no alimenta?

Escúchenme atentos y comerán bien, saborearán platillos sustanciosos.
Préstenme atención, vengan a mí, escúchenme y vivirán.
Sellaré con ustedes una alianza perpetua,
cumpliré las promesas que hice a David’’.
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Salmo Responsorial: Salmo 144, 8-9. 15-16. 17-18 (16)
El Señor es compasivo y misericordioso,
lento para enojarse y generoso para perdonar.
Bueno es el Señor para con todos
y su amor se extiende a todas sus creaturas. 
R. Abres, Señor, tu mano y nos sacias de favores.

A ti, Señor, sus ojos vuelven todos
y tú los alimentas a su tiempo.
Abres, Señor, tus manos generosas
y cuantos viven quedan satisfechos. 
R. Abres, Señor, tu mano y nos sacias de favores.

Siempre es justo el Señor en sus designios
y están llenas de amor todas sus obras.
No está lejos de aquellos que lo buscan;
muy cerca está el Señor, de quien lo invoca. 
R. Abres, Señor, tu mano y nos sacias de favores.
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Segunda lectura: Rom 8, 35. 37-39
Hermanos: ¿Qué cosa podrá apartarnos del amor con que nos ama Cristo?
¿Las tribulaciones? ¿Las angustias? ¿La persecución? ¿El hambre?
¿La desnudez? ¿El peligro? ¿La espada?

Ciertamente de todo esto salimos más que victoriosos, gracias a aquel que nos ha amado;
pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios,
ni el presente ni el futuro, ni los poderes de este mundo, ni lo alto ni lo bajo,
ni creatura alguna podrá apartarnos del amor que nos ha manifestado Dios en Cristo Jesús.
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Aclamación antes del Evangelio: Mt 4, 4b
R. Aleluya, aleluya.
No sólo de pan vive el hombre,
sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios.
R. Aleluya.
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Evangelio: Mt 14, 13-21
En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan el Bautista, 
subió a una barca y se dirigió a un lugar apartado y solitario. 
Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. 
Cuando Jesús desembarcó, vio aquella muchedumbre, se compadeció de ella y curó a los enfermos.

Como ya se hacía tarde, se acercaron sus discípulos a decirle: 
“Estamos en despoblado y empieza a oscurecer. Despide a la gente para que vayan a los caseríos y compren algo de comer”. 
Pero Jesús les replicó: “No hace falta que vayan. Denles ustedes de comer”. 
Ellos le contestaron: “No tenemos aquí más que cinco panes y dos pescados”. Él les dijo: “Tráiganmelos”.

Luego mandó que la gente se sentara sobre el pasto. 
Tomó los cinco panes y los dos pescados, 
y mirando al cielo, pronunció una bendición, partió los panes 
y se los dio a los discípulos para que los distribuyeran a la gente. 
Todos comieron hasta saciarse, y con los pedazos que habían sobrado, se llenaron doce canastos. 
Los que comieron eran unos cinco mil hombres, sin contar a las mujeres y a los niños.
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domingo, 31 de mayo de 2026

TOA - 10mo Domingo - Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo - La Mesa de la Amistad

Dt 8,2-3.14b-16ª: Te alimentó con el maná, que tú no conocías ni conocieron tus padres.
Salmo responsorial 147: Glorifica al Señor, Jerusalén.
1Cor 10,16-17: El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo.
Jn 6,51-58: Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.
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Sentarse juntos para una comida
puede generar un sentimiento especial de unión.
Cada uno de nosotros tendrá sus propios recuerdos
de compañía o compañerismo en la mesa.
Muchos de estos serán experiencias felices de celebración y risas,
de amor recibido y compartido.

Algunos recuerdos de la comunión en la mesa pueden ser tristes,
cuando somos más conscientes de alguien que está ausente
que de los que están presentes.
Jesús compartió mesa muchas veces con sus discípulos.
Es probable que, al compartir comida con sus discípulos,
también compartiera con ellos su visión del reino de Dios.

En la mesa, los discípulos bebieron algo de la mente, el corazón y el espíritu de Jesús.
De todas las comidas que compartió con ellos, la comida que permaneció en su memoria
más que ninguna otra fue su última comida juntos, lo que se conoció como la última cena.
El evangelio de hoy nos da el relato de Marcos, su cuadro de palabras, de esa última cena.

Esta última comida que Jesús compartió con sus discípulos
se destacó en su memoria, capturando la imaginación
de generaciones de discípulos hasta nosotros mismos.
Hizo más que compartir su visión con los discípulos;
se los dio de una forma que nunca antes había hecho,
y de una manera que anticipaba la muerte,
moriría por ellos y por todos, al día siguiente.
Al entregarse en forma de pan y vino de la comida,
se declaraba a sí mismo como su comida y bebida.
Al pedirles que tomaran y comieran, que tomaran y bebieran,
les estaba pidiendo que se pusieran de pie con él,
que se entreguen a él como él se estaba entregando a ellos.

Fue a causa de esa cena y de lo que sucedió allí que estamos aquí en esta iglesia hoy.
Jesús pretendía que su última cena fuera un comienzo más que un fin.
Fue la primera Eucaristía.
Desde esa comida, la iglesia se ha reunido regularmente en su nombre,
para hacer y decir lo que hizo y dijo en la última cena: tomar pan y vino,
bendecir a ambos, partir el pan y dar ambos para que los discípulos coman y beban.

Jesús continúa entregándose como comida y bebida a sus seguidores.
También continúa exponiendo a sus seguidores que tomen su posición con él,
que tomen todo lo que defiende, viviendo según sus valores,
caminando en su camino, incluso si eso significa la cruz.
Cada vez que venimos a misa y recibimos la Eucaristía,
estamos haciendo una serie de declaraciones importantes.
Reconocemos a Jesús como nuestro pan de vida,
como el único que puede satisfacer nuestras ansias más profundas.

También estamos declarando que echaremos nuestra suerte con él, por así decirlo,
que seguiremos su camino y seremos fieles a él toda nuestra vida,
en respuesta a su fidelidad hacia nosotros.
En ese sentido, celebrar la Eucaristía no es algo que hagamos a la ligera.
Nuestra familiaridad con la Misa y la frecuencia con la que la celebramos
pueden opacar nuestros sentidos al pleno significado de lo que estamos haciendo.
Cada vez que nos reunimos para la Eucaristía,
nos encontramos una vez más en ese aposento alto con los primeros discípulos,
y la última cena con todo lo que significa está presente nuevamente para nosotros.

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Lecturas para la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo (Corpus Christi)

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Primera lectura: Deut 8, 2-3. 14-16.
En aquel tiempo, habló Moisés al pueblo y le dijo:
"Recuerda el camino que el Señor, tu Dios,
te ha hecho recorrer estos cuarenta años por el desierto,
para afligirte, para ponerte a prueba
y conocer si ibas a guardar sus mandamientos o no.

Él te afligió, haciéndote pasar hambre, y después te alimentó con el maná,
que ni tú ni tus padres conocían, para enseñarte que no sólo de pan vive el hombre,
sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios.

No sea que te olvides del Señor, tu Dios, que te sacó de Egipto y de la esclavitud;
que te hizo recorrer aquel desierto inmenso y terrible, lleno de serpientes y alacranes;
que en una tierra árida hizo brotar para ti agua de la roca más dura,
y que te alimentó en el desierto con un maná que no conocían tus padres".

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Salmo Responsorial: Salmo 147, 12-13. 14-15. 19-20 (12ª)

Glorifica al Señor, Jerusalén;
a Dios ríndele honores, Israel.
El refuerza el cerrojo de tus puertas
y bendice a tus hijos en tu casa.
R. Bendito sea el Señor.

El mantiene la paz en tus fronteras,
con su trigo mejor sacia tu hambre.
El envía a la tierra su mensaje
y su palabra corre velozmente.
R. Bendito sea el Señor.

Le muestra a Jacob sus pensamientos.
sus normas y designios a Israel.
No ha hecho nada igual con ningún pueblo
ni le ha confiado a otro sus proyectos.
R. Bendito sea el Señor.
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Segunda lectura: 1 Co 10, 16-17
Hermanos: El cáliz de la bendición con el que damos gracias,
¿no nos une a Cristo por medio de su sangre?
Y el pan que partimos, ¿no nos une a Cristo por medio de su cuerpo?
El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos,
formamos un solo cuerpo, porque todos comemos del mismo pan.
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Aclamación antes del Evangelio: Jn 6, 51

R. Aleluya, aleluya.
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo, dice el Señor;
el que coma de este pan vivirá para siempre.
R. Aleluya.
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Evangelio: Jn 6, 51-58.

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos:
"Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre.
Y el pan que yo les voy a dar es mi carne para que el mundo tenga vida".


Entonces los judíos se pusieron a discutir entre sí:
"¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?"

Jesús les dijo: "Yo les aseguro: Si no comen la carne del Hijo del hombre
y no beben su sangre, no podrán tener vida en ustedes.
El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día.

Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él.
Como el Padre, que me ha enviado, posee la vida y yo vivo por él,
así también el que me come vivirá por mí.

Éste es el pan que ha bajado del cielo; no es como el maná que comieron sus padres, pues murieron.
El que come de este pan vivirá para siempre".

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ORACIÓN 

Señor Jesús, que partiste y repartiste 
tu pan, tu vino, tu cuerpo y tu sangre, 
durante toda tu vida, 
y en la víspera de tu muerte 
lo hiciste también simbólicamente.

Te pedimos que cada vez que nosotros 
lo hagamos también "en memoria tuya" 
renovemos nuestra decisión 
de seguir partiendo y repartiendo, 
como tú, en la vida diaria, 
nuestro pan y nuestro vino, 
nuestro cuerpo y nuestra sangre, 
todo lo que somos y poseemos. 

Te lo pedimos a ti, que nos diste ejemplo 
para que nosotros hagamos lo mismo. 

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Mi Cuerpo es Comida

Mis manos, esas manos y Tus manos 
hacemos este Gesto, compartida 
la mesa y el destino, como hermanos.

Las vidas en Tu muerte y en Tu vida.  

Unidos en el pan los muchos granos, 
iremos aprendiendo a ser la unida 
Ciudad de Dios, Ciudad de los humanos.  

Comiéndote sabremos ser comida, 
El vino de sus venas nos provoca. 

El pan que ellos no tienen nos convoca 
a ser Contigo el pan de cada día.

Llamados por la luz de Tu memoria, 
marchamos hacia el Reino haciendo Historia, 
fraterna y subversiva Eucaristía. 
(Pedro Casaldáliga)

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Reflexión Alternativa - Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo (Corpus Christi)
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Hoy proclamamos a Jesús, Pan de vida, el que sacia nuestro hambre en nuestros desiertos, nos da en su cuerpo el maná verdadero, regalo de su Padre para la humanidad. Todos los demás panes (dinero, sexo, consumismo, fama, el poder...) no saciarán nunca en plenitud la hambre del corazón humano, en cambio nos dejan con más hambre. 

La palabra y los gestos de Jesús, su propuesta de Reino y su Alianza con nosotros nos abre un mundo solidario y lleno de posibilidades para compartir y donde nadie pase necesidad. 

Antes de entrar a la tierra prometida, Moisés da al pueblo tres grandes y solemnes discursos registrados en el Deuteronomio, lo que algunos llaman el "testamento de Moisés", por sus últimas palabras, llenas de unción y de una espiritualidad profunda. 

Moisés invoca el pasado para dar sentido al presente de cada generación. Al decir "recuerda" nos dice que recordar es hacer memoria, conectarse con el pasado glorioso, ser parte de la historia de fe, o de la salvación. Dios se hace presente en la historia de este pueblo y ha estado presente en todos sus momentos alegres y tristes, nunca los ha abandonado. Las pruebas sufridas en el desierto (que simboliza la fe pura) fueron necesarias para madurar, para confiar, para vivir solo de Yahvé, sin apoyos humanos. El hambre, los confronta con su necesidad básica y los prepara para descubrir su fe, su confianza en el Dios que los sacia plenamente. Más tarde, cuando se hicieron prósperos y consumistas el pueblo se olvidó de Yahveh. La hablarles, Moisés les recuerda que: "no sólo de pan vive el ser humano sino de cuanto sale de la boca de Dios", y ya desde entonces el ayuno toma su sentido profundo. Mateo retoma este verso en las tentaciones de Jesús. 

Pablo advierte sobre los peligros de una comunidad dividida. Abre el verdadero sentido comunitario de la Eucaristía y les da algunas aplicaciones prácticas para gozarla. Afirma que el Cáliz, el Pan...debe "unirnos" a todos, en la sangre, en el cuerpo de Cristo. En Espíritu y en verdad, todos estamos unidos en la Eucaristía en el cuerpo y la sangre de Cristo, estamos en comunión (común - unión) entre todos y con Él. Bebiendo el Cáliz, comiendo el Pan, damos el verdadero sentido a la fe comprometida por la unidad, la fraternidad, el amor, la solidaridad, la entrega, a los hermanos y hermanas en Cristo. Si no hay unidad, nuestras Eucaristías son vacías de sentido, se hacen un mero rito religioso personalista. Pablo nunca enseñó a su comunidad a celebrarla de ese modo. El Apóstol les “recuerda” que "aunque nosotros somos muchos, el Pan es uno", pero que al comulgar "nos hacemos un solo cuerpo". La unidad en la universalidad, tiene una gran actualidad. Este “cuerpo unido" expresa la dimensión sacramental de la Iglesia que en la diversidad de razas y culturas hace visible al Cristo total. 

En el capítulo 6, San Juan expone su "discurso eucarístico". La expresión"vivirá para siempre", está presente al comienzo y al final de los versos 51-59 que usamos como la lectura Dominical. Jesús se auto-revela al decir: "Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo". Antes los judíos no entendieron, tampoco muchos de nosotros lo hacemos hoy. Es necesario tener fe para entender este gran misterio. Aún explicado por el mismo Jesús, sin fe es imposible captar el sentido de sus palabras y su alcance para nuestras vidas. Solo desde la fe, podemos afirmar en verdad que Jesús es el Pan de Vida, el que ha venido de arriba, desde Dios, a este mundo limitado e insaciable, para saciar las hambrunas profundas del corazón humano. Sacia nuestras insatisfacciones; el cansancio de la vida, el sin sentido, los anhelos del corazón. En este Pan de vida nos da un remedio saludable. Cambia el lugar de nuestras soledades y aislamientos en habitación de comunión de vida. El creyente ya no vive para sí mismo, es consagrado, poseído por una presencia que lo transforma y le hace eterno y le da sentido pleno a su existencia. Este Evangelio relaciona esta comida especial, única y sin precedentes, con el sacrificio de Jesús: En ella comemos su cuerpo, bebemos su sangre. Al comulgar el cuerpo y la sangre de Cristo no solo lo recibimos, nos identificamos, nos unimos, y sobre todo nos capacitamos para dar, ofrecer, entregar una vida digna, semejante a aquel a quien comulgamos. 
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Reflexión Alternativa - Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo (Corpus Christi)
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 Jesús es alimento viviente enviado desde arriba para nosotros.

A diferencia de la comida ordinaria, que sostiene la vida corporal, esta comida da una vida que es eterna. Desde la zarza ardiente hasta la suave brisa, Dios ha dado a conocer su presencia entre nosotros desde el comienzo de los tiempos.

La presencia eucarística de Cristo es pan y es vino, uno de los elementos más comunes de la comida y la bebida en su tiempo.
El Señor se hace presente entre nosotros en las cosas cotidianas.

El pan proviene de unas semillas de trigo mezcladas con agua, que después de hechas masa y varias etapas de desarrollo, terminan como una unidad que llamamos pan.

El vino comienza como un racimo de uvas que, procesadas, terminan en lo que llamamos vino.

Cuando un grupo de personas se reúne para orar, cada una de ellas es única, pero, después de un proceso que es obra del Espíritu de Dios,
se convierten en una unidad, que llamamos iglesia, o el Cuerpo de Cristo.
En comunión, el Cuerpo (de la comunidad) de Cristo se nutre del Cuerpo (sacramental) de Cristo.

Si alguien nos invitara a acercarnos lo más cerca que podamos para escuchar algo que quiere susurrarnos ocurriría que cuanto más te acercas a la fuente de sonido, más cerca estarás el uno del otro, hasta tocar un hombro con el otro. Es de este mismo modo como se forma la comunidad o el Cuerpo de Cristo. El proceso de acercar a las personas al Señor  da como resultado directo que las personas terminan siendo más cercanas entre sí.

En la historia, Dios ha hablado a su gente sorprendentemente. Habló a Elías desde la suave brisa, le habló a Moisés desde la zarza ardiente. Al nacer Jesús, los pobladores de  Belén ni se enteraron ni se entusiasmaron con el nacimiento de un nuevo bebé. Más tarde, Herodes se burlaría de Jesús tomándolo de tonto, también los soldados se burlaban del "rey". Después de la resurrección, María Magdalena lo confundió con el jardinero, Pedro pensó que era un fantasma, y ​​los discípulos en el camino a Emaús pensaron que era un viajero extraño cualquiera. Que él se presente en una forma tan simple como comida y bebida es justo lo que podríamos esperar de "El Dios de las sorpresas".

Ya lo decía San Columbano: "Hermanos, la fuente es la sabiduría, la Palabra de Dios en las alturas (Si 1, 5), deseémosla, busquémosla: en ella están ocultos, como dice el Apóstol, todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia (Col 2, 3); ella invita a los que tienen sed a que se lleguen a beber. Si tú tienes sed bebe en la fuente de vida; si tienes hambre, come el Pan de vida. Dichosos los que tienen hambre de este Pan y sed de esta fuente. Comen y beben sin cesar y desean seguir bebiendo y comiendo. Qué bueno es poder comer y beber siempre, sin perder la sed ni el apetito, aquello que continuamente se puede gustar sin dejar de desearlo. El rey profeta lo dice: Gusten y vean qué bueno es el Señor (Sal 33, 9)»15.

TOA - 9no Domingo - Fiesta de la Santísima Trinidad -La plenitud del amor -Jn 3, 16-18

Gran parte del debate en el siglo XX se centró
en el pensamiento de tres figuras destacadas,
Charles Darwin, Sigmund Freud y Karl Marx.
La teoría de la evolución de Charles Darwin fue recibida con burla
por las iglesias establecidas, y tuvo que luchar duro por su reconocimiento.
Sigmund Freud abrió el universo de las actitudes inconscientes
y todo lo remitía al pasado de la persona.
Las teorías socialistas de Karl Marx llegaron a dominar la mitad del planeta
e influyeron mucho en la otra mitad.
De los tres, solo Darwin y su teoría de la evolución permanecen intactos.
Lo que pasó en el Bloque del Este ha desacreditado mucho a Marx.
Las teorías Freudianas, hoy son cada vez más criticadas como incompletas.

La Santísima Trinidad, cuya fiesta celebramos hoy,
está fuera del alcance del tiempo
y del entendimiento del razonamiento humano.
Es un misterio de nuestra fe.
Solo podemos hurgar en la oscuridad en busca de destellos de luz.

"Dos es compañía, tres es multitud" es una expresión popular.
El evangelio lo define y describe de otra manera.
Allí, la figura tres simboliza la integridad y la simetría perfecta,
y reaparece en todos los momentos clave de la historia de Cristo.
Su vida misma reflejaba constantemente la Trinidad.
Tres figuras conforman el belén de Belén:
la Sagrada Familia de Jesús, María y José.
Sus primeros visitantes fueron los tres reyes magos.
Más tarde, en el desierto preparándose para comenzar su vida pública, Jesús fue tentado tres veces por el diablo.

Una buena historia debe tener un comienzo, un medio y un final.
Cristo fue un narrador de historias por excelencia
y tres figuras prominentes en sus parábolas.
El hijo pródigo se trata de un padre y sus dos hijos;
el buen samaritano cuenta el comportamiento de tres transeúntes, el sacerdote, el levita y el samaritano;
El sembrador sembró su semilla en tres tipos diferentes de terreno,
produciendo tres niveles diferentes de cosecha.

El final de su vida, como principio, vuelve a tener los tres motivos.
Durante su Pasión, Pedro lo negó tres veces.
En el camino al Calvario, se cayó tres veces.
La escena de la crucifixión tiene tres figuras, Cristo entre dos ladrones.
Antes de su resurrección, pasó tres días en la tumba.

 Dios es amor. Su acción es entrega y donación libre y misericordiosa.
Hay tres personas en la Trinidad, el Padre el Hijo y el Espíritu Santo.
Juntos representan la plenitud del amor.
El Padre ama al Hijo, el Hijo ama al Padre.
El Espíritu Santo es su amor mutuo.
Estamos hechos a imagen de un Dios trino.
Dios el Padre, quien nos creó, su Hijo que nos salvó
y el Espíritu Santo que continúa guiándonos.
Nuestras vidas deberían reflejar la Trinidad.
Siempre debemos ser creativos como el Padre, compasivos como su Hijo
y disponer de nuestros talentos al servicio de otros como el Espíritu Santo.

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Lectura Bíblica en lenguaje Latinoamericano - Solemnidad de la Santísima Trinidad
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Primera lectura: Ex 34, 4b-6. 8-9
En aquellos días, Moisés subió de madrugada al monte Sinaí,
llevando en la mano las dos tablas de piedra, como le había mandado el Señor.
El Señor descendió en una nube y se le hizo presente.

Moisés pronunció entonces el nombre del Señor,
y el Señor, pasando delante de él, proclamó:
"Yo soy el Señor, el Señor Dios, compasivo y clemente, paciente, misericordioso y fiel".

 Al instante, Moisés se postró en tierra y lo adoró, diciendo:
"Si de veras he hallado gracia a tus ojos, dígnate venir ahora con nosotros,
aunque este pueblo sea de cabeza dura; perdona nuestras iniquidades y pecados,
y tómanos como cosa tuya".
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Salmo Responsorial: Daniel 3, 52. 53. 54. 55. 56 (52b)

Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres:
Bendito tu nombre santo y glorioso.
R. Bendito seas, Señor, para siempre.

Bendito seas en el templo santo y glorioso.
Bendito seas en el trono de tu reino.
R. Bendito seas, Señor, para siempre.

Bendito eres tú, Señor,
que penetras con tu mirada los abismos
y te sientas en un trono rodeado de querubines.
Bendito seas, Señor, en la bóveda del cielo.
R. Bendito seas, Señor, para siempre.
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Segunda Lectura: 2 Co 13, 11-13
Hermanos: Estén alegres, trabajen por su perfección, anímense mutuamente,
vivan en paz y armonía. Y el Dios del amor y de la paz estará con ustedes.
Salúdense los unos a los otros con el saludo de paz.
Los saludan todos los fieles.
La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre
y la comunión del Espíritu Santo estén siempre con ustedes.
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Aclamación antes del Evangelio: Cfr. Apoc. 1, 8
R. Aleluya, aleluya.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Al Dios que es, que era y que vendrá.
R. Aleluya.
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Evangelio: Jn 3, 16-18
"Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único,
para que todo el que crea en él no perezca,
sino que tenga la vida eterna.
Porque Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo,
sino para que el mundo se salvara por él.
El que cree en él no será condenado;
pero el que no cree ya está condenado,
por no haber creído en el Hijo único de Dios".


Ga 4, 6
Como son hijos, Dios envió a sus corazones
al Espíritu de su Hijo, que clama: ¡Abbá! Padre.

lunes, 25 de mayo de 2026

TOA - 20vo. Domingo - ¿Aceptamos a Dios en verdad? - Mt 15, 21-28

Existe la tentación de pensar que la gracia de Dios se nos da dividida y ordenada
como en los archivos de las oficinas, todo claro y ordenado, sin sorpresas,
que es sólo reservada para los elegidos temerosos de Dios, es sólo para "su" Pueblo.
Si en el pasado, como muchos de nuestros antepasados ​​judíos adoptamos este punto de vista, ahora necesitamos el mensaje universalista de Isaías:
- Dios quiere una casa de oración abierta para todas las naciones.
- Dios quiere que todos los seres humanos se salven;
- en la casa del Padre hay muchas mansiones. 

A veces las pérdidas nos pueden traer bendiciones.
El Padre celestial atrae a las personas hacia Él de formas extrañas e impredecibles.
Al igual que en una familia, la desgracia de un miembro puede servir para unir a los demás
en una nueva lealtad protectora.
Así, el rechazo a Nuestro Salvador Jesús por parte de los judíos
resultó en su aceptación más rápida en todo el mundo gentil. 
San Pablo dice en una parte profunda y difícil de su carta a los Romanos
que incluso las limitaciones y los pecados de la humanidad pueden volverse algo bueno:
"En efecto, Dios ha permitido que todos cayéramos en la rebeldía,
para manifestarnos a todos su misericordia". 
Aún el peor de nuestros propios pecados pasados ​​no nos alejarán de Cristo,
solo nos muestran cuánto lo necesitamos y lo grande que es su misericordia. 

¿Por qué Jesús dice limitarse a "las ovejas perdidas de la casa de Israel"? 
¿No se preocupaba por la gente de otras naciones, como aquella mujer extranjera que suplicaba su ayuda? 
A pesar del aparente desprecio, ella no se rindió. 
Respondió con la respuesta perfecta: "¡también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de sus amos!" 
Jesús le responde elogiando su gran fe. 
Jesús usó un modismo popular en Israel para resaltar que su misión principal era la conversión de su propio pueblo.
Históricamente, esa era su tarea; revivir al Pueblo Elegido en la verdadera fe, 
para que éste, proporcione una "casa de oración para todas las naciones".
En realidad, durante toda su vida, Jesús recibió a los paganos que acudían a él;
y predijo que en el futuro "vendrán muchos de Oriente y Occidente, y se sentarán a la mesa en el Reino de Dios". 
Después de la Resurrección, Jesús les da a sus discípulos esa misma misión en todo el mundo, (Mateo 28:18). 

La fe cristiana debe extenderse como círculos expansivos, ondulantes, que se expanden en la superficie
como cuando una piedra cae en un estanque quieto.  Primero a los judíos, luego a los gentiles. 
Siempre listos para el contacto directo, el intercambio de confianza, el testimonio de una convicción pacífica,
que sobrelleva las cargas de los demás, aunque no sea suave nuestro camino de fe; a pesar de los contratiempos, los obstáculos,
las objeciones de personas más inteligentes, de acciones hostiles en contra de la libertad religiosa.
Debemos insistir en los valores evangélicos, ofrecer inspiración,
Igual que la mujer cananea con su determinación de hierro, su buen humor e ingenio.
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Lecturas Bíblicas en Lenguaje Latinoamericano - TOA - 20va. semana
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Primera lectura: Is 56, 1. 6-7 
Esto dice el Señor: “Velen por los derechos de los demás, practiquen la justicia, 
porque mi salvación está a punto de llegar y mi justicia a punto de manifestarse. 

A los extranjeros que se han adherido al Señor para servirlo, amarlo y darle culto, 
a los que guardan el sábado sin profanarlo y se mantienen fieles a mi alianza, 
los conduciré a mi monte santo y los llenaré de alegría en mi casa de oración. 

Sus holocaustos y sacrificios serán gratos en mi altar, 
porque mi templo será la casa de oración para todos los pueblos’’. 
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Salmo Responsorial: Salmo 66, 2-3. 5. 6 y 8 (4) 
Ten piedad de nosotros y bendícenos; vuelve, Señor, tus ojos a nosotros. 
Que conozca la tierra tu bondad y los pueblos tu obra salvadora. 
R. Que te alaben. Señor, todos los pueblos. 

Las naciones con júbilo te canten, porque juzgas al mundo con justicia; 
con equidad tú juzgas a los pueblos y riges en la tierra a las naciones. 
R. Que te alaben. Señor, todos los pueblos. 

Que te alaben. Señor, todos los pueblos que los pueblos te aclamen todos juntos. 
Que nos bendiga Dios y que le rinda honor el mundo entero. 
R. Que te alaben. Señor, todos los pueblos. 
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Segunda lectura: Rom 11, 13-15. 29-32 
Hermanos: Tengo algo que decirles a ustedes, los que no son judíos,
y trato de desempeñar lo mejor posible este ministerio.
Pero esto lo hago también para ver si provoco los celos de los de mi raza
y logro salvar a algunos de ellos. Pues, si su rechazo ha sido reconciliación para el mundo,
¿qué no será su reintegración, sino resurrección de entre los muertos?
Porque Dios no se arrepiente de sus dones ni de su elección.

Así como ustedes antes eran rebeldes contra Dios y ahora han alcanzado su misericordia
con ocasión de la rebeldía de los judíos, en la misma forma, los judíos, que ahora son los rebeldes
y que fueron la ocasión de que ustedes alcanzarán la misericordia de Dios,
también ellos la alcanzarán.
En efecto, Dios ha permitido que todos cayéramos en la rebeldía, para manifestarnos a todos su misericordia. 
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Aclamación antes del Evangelio: Cfr Mt 4, 23
R. Aleluya, aleluya.
Jesús predicaba el Evangelio del Reino y curaba las enfermedades y dolencias del pueblo.
R. Aleluya. 
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Evangelio: Mt 15, 21-28 
En aquel tiempo, Jesús se retiró a la comarca de Tiro y Sidón.

Entonces una mujer cananea le salió al encuentro y se puso a gritar:
“Señor, hijo de David, ten compasión de mí.
Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio”.

Jesús no le contestó una sola palabra;
pero los discípulos se acercaron y le rogaban:
“Atiéndela, porque viene gritando detrás de nosotros”.
Él les contestó:“Yo no he sido enviado
sino a las ovejas descarriadas de la casa de Israel”.
Ella se acercó entonces a Jesús y postrada ante él, le dijo:
“¡Señor, ayúdame!” 
Él le respondió:
“No está bien quitarles el pan a los hijos para echárselo a los perritos”. 
Pero ella replicó: Es cierto, Señor; pero también los perritos
se comen las migajas que caen de la mesa de sus amos”. 
Entonces Jesús le respondió: “Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla lo que deseas”. 
Y en aquel mismo instante quedó curada su hija.
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