La vida se puede ver de distintos modos, la forma más común es usando posturas antagónicas, por ejemplo: la lucha entre el pecado y la gracia, entre el egoísmo y la santidad, la justicia y la injusticia, la Verdad y la mentira. Esta aproximación nos ayuda a ubicarnos en el mundo y hacer que nuestro tiempo en la tierra sea exitoso si dejamos de lado el pecado y tratamos de vivir en la gracia de Dios y para su mayor gloria. Las Escrituras de hoy muestran dos reacciones ante la tentación. Adán y Eva y Jesús.
Los primeros optan por seguir sus propias inclinaciones a la voluntad de Dios. Jesús obedece hasta el fin. San Pablo habla sobre cómo las elecciones nos afectan: el pecado de Adán nos trajo problemas a todos, pero en la fidelidad a Cristo, el Señor, somos salvos y tenemos nueva vida.
Jesús, resiste la tentación y responde con sabiduría y conocimiento de las escrituras. Cuando le pide cambiar la piedra en pan, Jesús responde con Dt 8,3. Cuando Satán usa el Salmo 91 11-12 (Porque él ordenará que sus ángeles te cuiden en todos tus caminos), Jesús responde con Dt 6,16. Finalmente, cuando le pide que lo adore, Jesús se niega y le responde con Dt 6, 13. El Salvador obediente, permanece fiel a lo que Dios Padre le pidió ser y hacer.
Un viejo sacerdote ciego animaba a sus penitentes a renovar sus esfuerzos con estas líneas inspiradoras:
"No estamos aquí para jugar, soñar, ir a la deriva.
Tenemos un buen trabajo por hacer, y cargas para levantar.
No evites la lucha, enfréntala.
Es un regalo de Dios.
La tentación, es de una forma u otra una parte inevitable de la vida.
ORACIÓN
Jesús, resiste la tentación y responde con sabiduría y conocimiento de las escrituras. Cuando le pide cambiar la piedra en pan, Jesús responde con Dt 8,3. Cuando Satán usa el Salmo 91 11-12 (Porque él ordenará que sus ángeles te cuiden en todos tus caminos), Jesús responde con Dt 6,16. Finalmente, cuando le pide que lo adore, Jesús se niega y le responde con Dt 6, 13. El Salvador obediente, permanece fiel a lo que Dios Padre le pidió ser y hacer.
Un viejo sacerdote ciego animaba a sus penitentes a renovar sus esfuerzos con estas líneas inspiradoras:"No estamos aquí para jugar, soñar, ir a la deriva.
Tenemos un buen trabajo por hacer, y cargas para levantar.
No evites la lucha, enfréntala.
Es un regalo de Dios.
La tentación, es de una forma u otra una parte inevitable de la vida.
Si examinamos honestamente nuestra experiencia diaria, vamos a encontrar sus muchos aspectos presentes.
La tentación genera impulsos o tendencias contrarias a la manera correcta de hacer las cosas. Racionalizar estas tentaciones, para hacerlas socialmente aceptables y políticamente correctas, es en sí misma una tentación insidiosa.
“Nadie me dice cómo ser y cómo vivir”, “Yo vivo como me da la gana, los demás deben aceptarlo”, “A nadie le importa lo que sea , que me aguanten”
Queremos imponer lo que para nosotros lo que es correcto e incorrecto, poner nuestros propios límites de conducta "aceptable", libre de cualquier mandamiento imaginario de Dios o de la sociedad. Es como si Adán exigiera comer del árbol del conocimiento del bien y del mal.
Nuestro verdadero crecimiento en madurez cristiana comienza por reconocer y aceptar nuestra vocación de luchar contra la tentación para lograr el comportamiento y las actitudes que Jesús espera de nosotros. Debemos someter nuestro comportamiento a su evangelio.
Cristo y Adán muestran las dos reacciones opuestas frente a la tentación:
1) Adán, arquetipo de la humanidad pecadora, evasiva, egoísta, encuentra razones plausibles para ceder a ella y se rebela contra la voluntad de Dios.
2) Jesús, arquetipo del nuevo hombre que busca a Dios, resiste repetidamente la tentación y la vence.
La tentación sólo puede ser conquistada por esta mezcla de paciencia y lealtad, apoyada por la confianza de que lo que Dios requiere de nosotros es lo que es mejor para nosotros.
ORACIÓN
Me arrepiento por mis pecados.
Creo que Jesús murió por mi y que resucitó.
Por eso, confieso mis pecados.
Creo que Jesús murió por mi y que resucitó.
Por eso, confieso mis pecados.
Querido Dios,
por favor perdóname, y ayúdame a comenzar de nuevo.
Te pido que a partir de hoy
Tú seas el Jefe y Señor de mi corazón.
Ayúdame ahora a vivir para Ti.
Te pido que a partir de hoy
Tú seas el Jefe y Señor de mi corazón.
Ayúdame ahora a vivir para Ti.
Te agradezco por Tu gran amor y tu perdón.
Te lo pido en el nombre de Jesús, el Obediente Redentor.
Te lo pido en el nombre de Jesús, el Obediente Redentor.
¡Amén!"
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I Domingo de Cuaresma - ciclo A
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Primera lectura: Gn 2, 7-9; 3, 1-7
Después de haber creado el cielo y la tierra, el Señor Dios tomó polvo del suelo y con él formó al hombre; le sopló en la nariz un aliento de vida, y el hombre comenzó a vivir. Después plantó el Señor un jardín al oriente del Edén y allí puso al hombre que había formado. El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles, de hermoso aspecto y sabrosos frutos, y además, en medio del jardín, el árbol de la vida y el árbol del conocimiento del bien y del mal.
La serpiente era el más astuto de los animales del campo que había creado el Señor Dios. Un día le dijo a la mujer: "¿Es cierto que Dios les ha prohibido comer de todos los árboles del jardín?"
La mujer respondió: "Podemos comer del fruto de todos los árboles del jardín, pero del árbol que está en el centro, dijo Dios: 'No comerán de él ni lo tocarán, porque de lo contrario, habrán de morir' ".
La serpiente replicó a la mujer: "De ningún modo. No morirán. Bien sabe Dios que el día que coman de los frutos de ese árbol, se les abrirán a ustedes los ojos y serán como Dios, que conoce el bien y el mal".
La mujer vio que el árbol era bueno para comer, agradable a la vista y codiciable, además, para alcanzar la sabiduría. Tomó, pues, de su fruto, comió y le dio a su marido, que estaba junto a ella, el cual también comió. Entonces se les abrieron los ojos a los dos y se dieron cuenta de que estaban desnudos. Entrelazaron unas hojas de higuera y se las ciñeron para cubrirse.
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Salmo Responsorial: Salmo 50, 3-4. 5-6a. 12-13. 14 y 17
Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en la parte más alta del templo y le dijo:
La serpiente era el más astuto de los animales del campo que había creado el Señor Dios. Un día le dijo a la mujer: "¿Es cierto que Dios les ha prohibido comer de todos los árboles del jardín?"
La mujer respondió: "Podemos comer del fruto de todos los árboles del jardín, pero del árbol que está en el centro, dijo Dios: 'No comerán de él ni lo tocarán, porque de lo contrario, habrán de morir' ".
La serpiente replicó a la mujer: "De ningún modo. No morirán. Bien sabe Dios que el día que coman de los frutos de ese árbol, se les abrirán a ustedes los ojos y serán como Dios, que conoce el bien y el mal".
La mujer vio que el árbol era bueno para comer, agradable a la vista y codiciable, además, para alcanzar la sabiduría. Tomó, pues, de su fruto, comió y le dio a su marido, que estaba junto a ella, el cual también comió. Entonces se les abrieron los ojos a los dos y se dieron cuenta de que estaban desnudos. Entrelazaron unas hojas de higuera y se las ciñeron para cubrirse.
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Salmo Responsorial: Salmo 50, 3-4. 5-6a. 12-13. 14 y 17
Por tu inmensa compasión y misericordia,
Señor, apiádate de mí y olvida mis ofensas.
Lávame bien de todos mis delitos
y purifícame de mis pecados
R. Misericordia, Señor, hemos pecado.
Puesto que reconozco mis culpas,
tengo siempre presentes mis pecados.
Contra ti sólo pequé, Señor,
haciendo lo que a tus ojos era malo.
R. Misericordia, Señor, hemos pecado.
Crea en mí, Señor, un corazón puro,
un espíritu nuevo para cumplir tus mandamientos.
No me arrojes, Señor, lejos de ti,
ni retires de mí tu santo espíritu.
R. Misericordia, Señor, hemos pecado.
Devuélveme tu salvación, que regocija,
mantén en mí un alma generosa.
Señor, abre mis labios,
y cantará mi boca tu alabanza.
R. Misericordia, Señor, hemos pecado.
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Segunda lectura: Rom 5, 12-19
Señor, apiádate de mí y olvida mis ofensas.
Lávame bien de todos mis delitos
y purifícame de mis pecados
R. Misericordia, Señor, hemos pecado.
Puesto que reconozco mis culpas,
tengo siempre presentes mis pecados.
Contra ti sólo pequé, Señor,
haciendo lo que a tus ojos era malo.
R. Misericordia, Señor, hemos pecado.
Crea en mí, Señor, un corazón puro,
un espíritu nuevo para cumplir tus mandamientos.
No me arrojes, Señor, lejos de ti,
ni retires de mí tu santo espíritu.
R. Misericordia, Señor, hemos pecado.
Devuélveme tu salvación, que regocija,
mantén en mí un alma generosa.
Señor, abre mis labios,
y cantará mi boca tu alabanza.
R. Misericordia, Señor, hemos pecado.
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Segunda lectura: Rom 5, 12-19
Hermanos: Así como por un solo hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado entró la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron.
Antes de la ley de Moisés ya existía el pecado en el mundo y, si bien es cierto que el pecado no se castiga cuando no hay ley, sin embargo, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés aun sobre aquellos que no pecaron como pecó Adán, cuando desobedeció un mandato directo de Dios. Por lo demás, Adán era figura de Cristo, el que había de venir.
Ahora bien, el don de Dios supera con mucho al delito. Pues si por el delito de uno solo hombre todos fueron castigados con la muerte, por el don de un solo hombre, Jesucristo, se ha desbordado sobre todos la abundancia de la vida y la gracia de Dios. Tampoco pueden compararse los efectos del pecado de Adán con los efectos de la gracia de Dios. Porque ciertamente, la sentencia vino a causa de un solo pecado y fue sentencia de condenación, pero el don de la gracia vino a causa de muchos pecados y nos conduce a la justificación.
En efecto, si por el pecado de un solo hombre estableció la muerte su reinado, con mucho mayor razón reinarán en la vida por un solo hombre, Jesucristo, aquellos que reciben la gracia superabundante que los hace justos.
En resumen, así como por el pecado de un solo hombre Adán, vino la condenación para todos, así por la justicia de un solo hombre, Jesucristo, ha venido para todos la justificación que da la vida. Y así como por la desobediencia de uno, todos fueron hechos pecadores, así por la obediencia de uno solo, todos serán hechos justos.
O bien:
Rom 5, 12. 17-19
Hermanos: Por un solo hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado entró la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron.
En efecto, si por el pecado de un solo hombre estableció la muerte su reinado, con mucho mayor razón reinarán en la vida por un solo hombre, Jesucristo, aquellos que reciben la gracia superabundante que los hace justos.
En resumen, así como por el pecado de un solo hombre, Adán, vino la condenación para todos, así por la justicia de un solo hombre, Jesucristo, ha venido para todos la justificación que da la vida. Y así como por la desobediencia de uno, todos fueron hechos pecadores, así por la obediencia de uno solo, todos serán hechos justos.
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Aclamación antes del Evangelio: Mt 4, 4
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
No sólo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
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Ahora bien, el don de Dios supera con mucho al delito. Pues si por el delito de uno solo hombre todos fueron castigados con la muerte, por el don de un solo hombre, Jesucristo, se ha desbordado sobre todos la abundancia de la vida y la gracia de Dios. Tampoco pueden compararse los efectos del pecado de Adán con los efectos de la gracia de Dios. Porque ciertamente, la sentencia vino a causa de un solo pecado y fue sentencia de condenación, pero el don de la gracia vino a causa de muchos pecados y nos conduce a la justificación.
En efecto, si por el pecado de un solo hombre estableció la muerte su reinado, con mucho mayor razón reinarán en la vida por un solo hombre, Jesucristo, aquellos que reciben la gracia superabundante que los hace justos.
En resumen, así como por el pecado de un solo hombre Adán, vino la condenación para todos, así por la justicia de un solo hombre, Jesucristo, ha venido para todos la justificación que da la vida. Y así como por la desobediencia de uno, todos fueron hechos pecadores, así por la obediencia de uno solo, todos serán hechos justos.
O bien:
Rom 5, 12. 17-19
Hermanos: Por un solo hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado entró la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron.
En efecto, si por el pecado de un solo hombre estableció la muerte su reinado, con mucho mayor razón reinarán en la vida por un solo hombre, Jesucristo, aquellos que reciben la gracia superabundante que los hace justos.
En resumen, así como por el pecado de un solo hombre, Adán, vino la condenación para todos, así por la justicia de un solo hombre, Jesucristo, ha venido para todos la justificación que da la vida. Y así como por la desobediencia de uno, todos fueron hechos pecadores, así por la obediencia de uno solo, todos serán hechos justos.
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Aclamación antes del Evangelio: Mt 4, 4
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
No sólo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
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En aquel tiempo, Jesús fue conducido por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el demonio.
Pasó cuarenta días y cuarenta noches sin comer y, al final, tuvo hambre.
Entonces se le acercó el tentador y le dijo:
"Si tú eres el Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes".
Jesús le respondió:
"Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios".
Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en la parte más alta del templo y le dijo:
"Si eres el Hijo de Dios, échate para abajo, porque está escrito: Mandará a sus ángeles que te cuiden y ellos te tomarán en sus manos, para que no tropiece tu pie en piedra alguna".
Jesús le contestó:
"También está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios".
Luego lo llevó el diablo a un monte muy alto y desde ahí le hizo ver la grandeza de todos los reinos del mundo y le dijo:
Luego lo llevó el diablo a un monte muy alto y desde ahí le hizo ver la grandeza de todos los reinos del mundo y le dijo:
"Te daré todo esto, si te postras y me adoras".
Pero Jesús le replicó:
"Retírate, Satanás, porque está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él sólo servirás".
Entonces lo dejó el diablo y se acercaron los ángeles para servirle.
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Entonces lo dejó el diablo y se acercaron los ángeles para servirle.
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